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Transcurridos los primeros días luego del gran impacto, y mientras siguen las discusiones sobre si Lance Armstrong es culpable de doping o si la Usada (Agencia Antidoping de Estados Unidos) destruyó la carrera, la vida y la historia del ciclista texano sólo sobre la base de recopilación de testimonios que lo acusaban, vale preguntarse: ¿y ahora qué?
Resulta complejo evadirse de la subjetividad del caso. Es creer o no. El ciclismo ha sufrido tantos golpes en los últimos tiempos que le cuesta horrores empezar a tratar de limpiar su imagen. Ayer mismo, el último ganador del Tour de Francia, el británico Bradley Wiggins, habló de la pesada herencia: "Es una pena que nosotros, los corredores, debamos ser los que tengamos que convencer de que este deporte ha cambiado".
El deporte, no sólo el ciclismo, debería tomar este caso como plataforma. La Unión Ciclista Internacional (UCI) no puede mirar desentendida el tema después de que durante casi una década mostrara una ineptitud total para descubrir a Armstrong. ¿La UCI no podría haber hecho investigaciones como las de Usada? Y otro punto: ¿está bien que los testigos hayan recibido inmunidad como garantía por delatar a Armstrong, pero tanto tiempo después? ¿Por qué ninguno de los compañeros o ex declaró, denunció en su momento? Si alguien estaba esperando que Armstrong actuase como un golfista, para autocastigarse por una infracción cometida en su recorrido, pecó de ingenuo. Demasiado.
La UCI recibió las 1000 fojas de la Usada y con "perplejidad" declaró culpable al texano. Todavía no se tiene noticia de que hayan renunciado o se pongan a disposición de la justicia los dirigentes que ocuparon cargos entre 1999 y 2005. Incluso, si este escándalo no se hubiera desencadenado, no sería extraño que hubiésemos tenido que esperar, estupefactos y diez años después, una versión comercial y marketinera, al estilo Andre Agassi con su biografía Open , en la que el propio Armstrong relatara su sofisticado método para burlar los controles de la prueba más importante del planeta y hasta los del COI en Sydney 2000. ¡Absurdo! Pero cuando el problema de fondo no se ataca en todos sus aspectos, el absurdo puede mutar en posible, tal como actúan los mismísimos enmascaradores de sustancias.
Se habla de "derrumbe deportivo", de "ruina económica", de "Papá Noel", referencias exclusivas hacia Armstrong. O aparece el director del Tour, Christian Prudhomme, exclamando: "¡El Tour es más fuerte que el doping!" Enunciados grandilocuentes e insuficientes. Sería bueno que también empezaran a pagar los que no ven o dejan pasar.
