Artistas con la pelota

Los éxitos del seleccionado verdeamarelo, que condujeron al pentacampeonato, sintetizan la pasión de un pueblo por el fútbol
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30 de junio de 2002  • 10:40

YOKOHAMA.- Lo de Brasil es amor por el fútbol. Sentimiento tan genuino y profundo que explica muchos de los porqués del éxito de la seleçao en la historia de los mundiales.

El pentacampeonato que logró hoy Brasil tiene sus bases en un tal Charles Millar, brasileño de nacimiento pero de padres ingleses que, en 1890, tras finalizar sus estudios, llevó desde Inglaterra a su tierra natal unos cuantos balones de fútbol e invitó a los pobladores a jugar. Entonces, ya nada fue igual en Brasil: el entretenimiento se extendió en cada localidad y, pronto, se convirtió en un arte con la pelota, gracias a la habilidad innata de la gente.

Fue originalmente un pasatiempo de las clases altas y, en los años veinte, los trabajadores y los niños pobres también descubrieron los misterios del balón.

Con su juego siempre vistoso, la selección verdeamarela sintetizó la fascinación de todo un país por este deporte en las 17 Copas del Mundo. En cada cita dijo presente, como ningún otro conjunto nacional. Y, como producto de sus cinco consagraciones, es la que acumula mayor cantidad de puntos respecto de cualquier otra selección.

Edson Arantes do Nascimento, Pelé, fue el más fiel representante de la escuela futbolística brasileña. No tardó mucho en deslumbrar con su magia: en el Mundial de 1958, con 17 años, condujo al plantel junto con el excepcional Garrincha hasta la final, donde los brasileños golearon por 5 a 2 a Suecia, el anfitrión. Aquella fue la primera Copa que levantó Brasil.

Lesionado en el Mundial de Chile 1962, Pelé vio desde la tribuna cómo sus compañeros Didí, Vavá, Amarildo y Zagallo, entre otros, daban la segunda vuelta olímpica consecutiva, tras derrotar en el partido decisivo a Checoslovaquia por 3 a 1.

Pero O’ Rei tuvo su revancha en México ‘70. Allí, en tierra azteca, formó parte del mejor Brasil (¿y equipo?) de todos los tiempos, aquel que también integraron otros cuatro 10: Tostao, Jairzinho, Gerson y Rivelinho. Italia opuso poca resistencia en el match decisivo y el scratch ganó 4 a 1.

Difícil fue para Brasil superar la etapa post Pelé. Ante la falta de un jugador tan desequilibrante, tuvieron que transcurrir 24 años y muchas frustraciones para atrapar el tetracampeonato. Fue gracias a Romario y Bebeto que los canarinhos gritaron otra vez campeón, luego de una definición ante Italia por penales, en EE.UU. ‘94.

Hoy, tras la entrega de la Copa por parte del emperador japonés Akihito al capitán, Cafú, Brasil refirma su condición de monarca y dice ¡aquí estoy! Aunque también supo de sinsabores en la historia, como el fatídico Maracanazo de 1950, asestado por Uruguay en Río de Janeiro y ante 174.000 torcedores. O la goleada por 3 a 0 sufrida en 1998 ante Francia.

Otras selecciones brasileñas quedaron en el recuerdo, pese a que no alcanzaron la gloria, como la que participó en España ‘82 -finalizó 5°- y en México ‘86 -cayó en los cuartos de final-. Ambos equipos mostraron ese sello tan puro: el del jogo bonito.

Por Ignacio Turin

Enviado especial

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