La muerte de Braian Toledo. Quién era el atleta que no tenía para comer, dormía en el piso y llegó a ser uno de los mejores lanzadores del mundo

Braian Toledo, cuando daba sus primeros pasos en el alto rendimiento
Braian Toledo, cuando daba sus primeros pasos en el alto rendimiento Crédito: Guadalupe Aizaga
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27 de febrero de 2020  • 09:42

Allá en Marcos Paz construyó su historia. Todo sucedió allí. Absolutamente todo. Sueños y pesadillas. Frustraciones y alegrías. Tiempos duros y los mejores. Recuerdos imborrables. Así Braian Toledo se convirtió en atleta y sorprendió al universo del deporte cuando se cosagró como uno de los mejores lanzadores de jabalina juveniles del mundo con 17 años. Cada mañana se entrenaba con dureza, por entonces contaba que dormía sobre un colchón, pero en el piso, porque la casilla en la que vivía apenas había una cama y allí descansaban su mamá y sus hermanos. Nunca se detuvo y se convirtió en uno de los mejores atletas del planeta, con logros que parecían impensados para él: obtuvo la medalla de plata en lanzamiento de jabalina en el Campeonato Mundial Junior de Barcelona, en 2012, y participó de los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y de Río de Janeiro, en 2016.

En una charla con LA NACION, en 2010, Braian contó detalles de sus comienzos y permitió compartir su intimidad. En Marcos Paz su realidad lo ubicaba en una casilla de chapa, con una cocina a garrafa y una heladera. Un espacio para un pequeño baño y una habitación en la que dormían cuatro. Su mamá Rosa con Débora, su hermana, e Ignacio en una cama matrimonial. "Me acostumbré al colchón en el piso y cuando voy afuera me cuesta dormir", contaba por entonces. Su talento y su perseverancia cambiaron su realidad y pudo salir de la Argentina para vivir en Finlandia, donde se entrenan los mejores lanzadores del mundo.

Entonces, Rosa confesaba: "Soy madre y padre a la vez. Pero no me quejo. Disfruto a mis hijos". El Martín Fierro, tal como le dicen los propios vecinos, es un barrio apacible y tranquilo con el ruido de los gallos durante todo el día. Los perros van y vienen al ritmo de los chicos que corren en el potrero que queda ahí nomás, a unos metros de donde Braian creció. Rosa llegó a los 14 años de Formosa y desde entonces trabajó como empleada doméstica. En 2010 contaba con un Plan Trabajar que le servía para hacer malabares con la economía familiar. "No alcanza, es cierto. Pero antes no teníamos nada", explicaba, y regalaba una sonrisa cómplice. Una mujer de piel curtida que hizo todo lo posible para brindarle al lanzador de jabalina lo mucho o poco que tuviera a su alcance.

Siempre comprometido socialmente, Toledo era embajador del proyecto solidario de la empresa Weber Saint Gobain, con quienes arrancó en su barrio ayudando a la ONG Arriba los Pibes -funciona un merendero que da de comer a 90 chicos, pero también brinda talleres laborales y educativos-, luego siguió con Los Pepitos -un merendero para 120 niños- en Merlo y, sin dejar de ayudar a los otros dos, terminó 2019 en una sociedad de fomento ubicada en la rotonda de La Plata, convocando distintas empresas para mejorar la realidad de un club de barrio al que asisten 400 chicos por mes.

Su cabeza estaba en Tokio 2020, quería llegar allí, se estaba entrenado para acceder a la cita olímpica bajo las órdenes desde hace dos años por el finlandés Kari Ihalainen, de 65 años, técnico de los mejores lanzadores del mundo. Una lesión en su tobillo derecho (la rotura de cuatro ligamentos) lo obligó a parar en junio de 2019 y a someterse a una intervención quirúrgica: "La lesión fue un balde de agua fría porque venía teniendo un gran año, quizás el mejor, y por delante tenía los Panamericanos y el Mundial. Pero por algo pasan las cosas, te enseñan. Y busqué canalizarlo para transformarlo en algo positivo: pasé mucho más tiempo con mi familia".

Siempre su familia estuvo por delante. Nunca se olvidó de sus orígenes ni de lo que vivió, ya que hubo noches en las que la única comida que tenía se hacía con harina, agua y aceite, más una taza de mate cocido. Al mediodía, Braian y Débora comían en el comedor de la escuela Nº 815: "Es parte de mi historia. Osorio (Gustavo, su profesor de educación física y su primer entrenador) nos ayudó muchas veces con comida que él mismo compraba. Y a veces ni comíamos", contó Toledo hace muchos años.

En 2016 comenzó a viajar a Finlandia para entrenarse porque, según contó, "estaba cansado de que me ganen siempre" . Allí su mundo cambió por completo y su preparación resultó ideal para su crecimiento. Es que Braian pasaba horas y horas en el club SAPA (Sociedad Atlética Pabellón Argentina). Incluso de aquellos días le quedaron recuerdos que le permitieron construir nuevas anécdotas, por ejemplo, con su amiga Yelena Isinbayeva: "Ella no me creía que me entrenaba acá. Se reía y creía que la estaba cargando, hasta que le mostré fotos y un video". Es que allí tenía una pista que fue un pastizal, después se convirtió en un óvalo con piso de pedregullo mejorado, gracias a la medalla de oro que Toledo logró en los primeros Juegos Olímpicos de la Juventud en Singapur 2010 y un tiempo después lograron conseguir una corredera (de piso de tartán de 4 m de ancho por 30 m de largo) para lanzar la jabalina en mejores condiciones.

Apenas 26 años y una carrera en la que dejó una marca profunda. Muchos sentían que Toledo era un ejemplo de superación, desde aquella dura infancia en Marcos Paz, hasta regresar después de una lesión que lo tuvo 75 días en muletas. Siempre Braian tenía palabras que alimentaban el alma: "Habrá obstáculos. Habrá escépticos. Habrá errores. Pero con trabajo duro, no hay límites".

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