Río 2016-atletismo: Caster Semenya se coronó en los 800 metros y avivó la polémica por su aspecto de hombre

El festejo de la sudafricana Semenya tras su oro olímpico en Río
El festejo de la sudafricana Semenya tras su oro olímpico en Río Fuente: AP
Se colgó la medalla de oro en una carrera sin equivalencias
Gastón Saiz
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20 de agosto de 2016  • 21:51

RIO DE JANEIRO.- En la última recta ya se había vuelto imparable. Y cuando cruzó la meta exhibió unos bíceps que estallaban, en una actitud que avivó la polémica sobre el hiperandrogenismo que padece. Caster Semenya se proclamó campeona olímpica en los 800 metros y ahora redoblará el gran debate para los próximos años en el atletismo femenino. Sobre todo porque bajó su récord personal hasta 1m55s28/100 y dejó atrás su marca conseguida el mes pasado en la Diamond League, en Mónaco (1m55s33/1000).

Bajo la mirada del Cristo Redentor, la sudafricana encontró un enorme envión en medio de su tormentosa carrera deportiva: se consagró campeona olímpica por primera vez (había sido plata en Londres 2012) y por un momento se olvidó de aquellos fantasmas de su año más difícil, 2009, cuando ganó el oro en el Mundial de Berlín y se vio inmersa en un proceso de verificación de sexo, que la tuvo mucho tiempo apartada de las pistas. Entonces, con apenas 18 años, tuvo que soportar burlas, críticas de sus colegas y la humillación de desnudarse ante un cuerpo médico. En aquella temporada fue suspendida por casi 11 meses, con la opción de volver a competir si reducía el nivel de testosterona a menos de 10 nanogramos por litro de sangre, según lo establecido por la IAAF, a través de una terapia hormonal.

Miró siempre hacia adelante. No desmayó en su intento de ser cada día más grande. Y en la noche templada de Río, Semenya aceleró rumbo a la gloria para superar a Francine Niyonsaba (Burundi, 1m56s49/1000) y la keniana Margaret Wambui (1m56s89/100), otra de las atletas que está en la mira por su aspecto varonil y su estatura de 2 metros.

El oro para Caster Semenya

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Mo Farah, el otro gran protagonista de la última noche

En un Estadio Olímpico semivacío -la fiesta total estaba en el Maracaná, gracias al título de Brasil en el fútbol- el otro gran protagonista de la jornada fue Mo Farah , este británico de origen somalí que le dio todavía más lustre a su carrera al conseguir su segundo doblete olímpico: se impuso en los 5000 metros (13m3s30/100) después de haber triunfado en este suelo en los 10.000 metros hace unos días. Farah, de 33 años y ya convertido en leyenda, había consumado la misma gesta en Londres 2012 y escribió otra genial página para el atletismo británico. La plata fue para el estadounidense de origen keniano Paul Kipkemoi Chelimo (13m03s90) y el bronce recayó en el etíope Hagos Gebrhiwet (13m4s35/100).

Pero las hazañas de este implacable corredor, que remata las carreras con inusitada frialdad, no terminan aquí: Farah enlazó además dobletes en los Mundiales de 2013 y 2015 y se mantiene imbatible en un global de nueve finales desde que terminó segundo en los 10000 metros del Mundial de Daegu 2011. Más datos: sólo un atleta, el finlandés Lasse Viren en Montreal'76, revalidó el mismo doblete del fondo a lo largo de la historia olímpica. La insólita eliminación de los tres kenianos en la primera ronda facilitaba, en teoría, el trabajo de Farah. Y por vez primera en 36 años, la primera potencia africana del fondo no participó en la final de 5000 metros. Así, el británico encontró terreno fértil para ganar y dormirse plácidamente en sus laureles.

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