

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.

El aire se enrarece en el lugar donde se produce un hecho que se sabe es histórico. Es como si todos quisieran poseer y guardar ese instante que será recordado por siempre. Y también se conjuga con esa extraña sensación de sentir en ese pequeño lapso ese largo pasado que desembocó en el momento cumbre. Inolvidable. Algunos lo expresan en lágrimas. En silencios profundos. Otros gritan, desatan una euforia que parece no encuadrar en la personalidad que sostiene al personaje.
Ross Brawn no se contagió aquella tarde del 22 de octubre de 2006 en San Pablo cuando Michael Schumacher abandonó para siempre la Fórmula 1. Se abrazaron, apenas un par de palabras al oído y una palmada en el hombro. Todos lloraban en Ferrari, despedían al piloto que se catapultó como el más grande (al menos en cantidad de títulos mundiales, claro). Brawn se alejó del box rojo. Movía un vaso plástico lleno de gaseosa para derretir más rápido el hielo, como si fuese un buen whisky escocés, de esos que suele saborear cuando en su casa de Lancaster se sienta a escuchar buena música, mucho jazz y temas instrumentales.
Ayer, Brawn aumentó su espacio en la historia de la Fórmula 1. El ingeniero que de la mano de su amigo Schumacher conquistó la máxima categoría, con Benetton primero, y luego con Ferrari, agigantó su figura al ser el responsable de este equipo que entrará en la historia de la disciplina por lograr, en su debut, el anhelado 1-2, en el Gran Premio de Australia, de la mano de Jenson Button y de Rubens Barrichello.
Aquella tarde en San Pablo, Brawn se alejó de la despedida de Schumacher y dialogó con un grupo de periodistas, entre ellos LA NACION. Alto, robusto, pero con una tonada casi campesina, se refirió a su amigo como "un líder natural, de gran carisma", que "siempre pensó hacia adelante". Destacó esa virtud: "En 15 años vivimos un montón de situaciones, muy buenas y de las otras, pero siempre con la cabeza en el próximo objetivo. Por supuesto jamás imaginamos que podías ganar 6 títulos de constructores y 5 de pilotos en Ferrari. Hubiese sido muy pedante de nuestra parte".
En esa característica insistió permanentemente en la charla como mensaje: mirar hacia el próximo objetivo. Eso era lo que destacaba cuando se le preguntaba, cuando se sabía que él también se alejaba de la fábrica de Maranello, pero apenas se insinuaba su llegada al prometedor equipo Honda.
En la competitiva Fórmula 1, todos los días hay que aprobar exámenes. Sin importar los pergaminos que pudieron catapultar personalidades en el pasado.
Honda, con uno de los mejores presupuestos de la categoría, con 225 millones de euros, no alcanzó los objetivos y, empujado por la crisis financiera mundial, terminó con una noticia que sacudió a la misma Fórmula 1: su retiro de la máxima disciplina.
Allí apareció la figura de Brawn, que de ser el responsable técnico del team se adjudicó las acciones del equipo, que pasó a tener su nombre. "Ross es un quijote que luchará con una estructura que ahora es privada, sin apoyo de una automotriz. Pero tiene un talento notable", dijo el ex campeón Niki Lauda.
Sin auspiciantes (sobre un blanco puro apenas apareció Virgin, la compañía discográfica ahora dueña de una línea aérea que, para algunos, será el próximo dueño del equipo), Brawn GP asombró en los ensayos en España. Y continuó con su superioridad en Australia, donde ayer logró la histórica victoria.
Gran estratego, en el Gran Premio de Francia de 2004 sorprendió a todos con una táctica de cuatro detenciones, lo que posibilitó la victoria de su amigo Schumy con la Ferrari. Los detractores de Schumacher sostienen que sus épicos triunfos obedecen exclusivamente a las planificaciones de Ross, el mismo que apela a la paciencia tanto para elaborar carreras como para cuidar de sus plantas, "mi gran cable a tierra y mi otra gran pasión".
Ingeniero formado en el Centro Atómico de Oxfordshire, de 54 años, realizó prácticas en la Autoridad para la Energía Atómica del Reino Unido en 1971. Cinco años después ingresó en el mundo deportivo, que jamás abandonó. En 1976 fue mecánico en el equipo Williams y de March Engineering, ascendió a diseñador y luego sus planos y dibujos forjaron los autos de Force, en 1984; de Arrows, en 1986; Jaguar, en 1989, y dos años después su conocido y exitoso recorrido por Benetton y en 1997, Ferrari.
"Estoy tan emocionado que no sé qué decir", dijo. La reacción no fue la misma que aquella tarde en San Pablo. Aquella vez se cerraba un capítulo y todo había sido pensado y estudiado. Esta vez, el resultado, para todos inesperado. Menos para Ross Brawn.
"Era el único que creía en este milagro y ahora debemos reconocer que ha sido un visionario", dijo Rubens Barrichello, que pese a conocerlo de la época de Ferrari, también él fue uno de los sorprendidos por ese "milagro".



