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PARANA.- El paso cansino, la mirada tranquila, el comentario pausado. Aquel flaco alto que hizo historia en el Turismo Carretera con "La naranja mecánica", una Dodge que se ganó un lugar en la memoria colectiva del automovilismo nacional, sigue transitando los boxes de la añeja y popular categoría. Atrás quedaron los tiempos de los estirados overoles que se utilizaban como buzo en los viejos duelos ruteros. Y en esos circuitos semipermanentes, Oscar Castellano logró tres campeonatos en la década del 80 (en 1987 y en 1988 con Dodge y en 1989 con un Ford) y convertirse en un gran referente del TC. Los tiempos cambiaron; los autódromos reemplazaron la ruta y el "Pincho" de Lobería dejó el casco para sentarse frente a un micrófono y comentar las carreras de TC para Carburando, además de alistar motores.
Pero anteayer la tranquilidad se perdió ante el nerviosismo. Es que en la pista había más que pilotos. Allí estaba Jonatan , el hijo de Oscar, que aceleraba en la carrera que el TC Pista realizó en el autódromo entrerriano, previo al Turismo Carretera. Con solvencia, el chico, de 19 años, ganó de punta a punta con una Dodge naranja y con el número 101 en los laterales, como el viejo "Pincho" cuando comenzó a medirse con los grandes ídolos, 25 años atrás. En una disciplina que es practicada por chicos de mediana y baja estatura. Jonatan no pasa inadvertido fuera del auto, con 1,94 metro de altura.
"Mi papá, Néstor, me acompañó siempre a las carreras. Veía cómo largaba y seguía la carrera a través de la radio, porque en la ruta era imposible observar la competencia. Cuando mi hijo Jonatan comenzó a correr, mi papá me dijo: «Ahora vas a saber cómo sufría yo cuando vos te sentabas en el auto de competición». Y tenía razón", confesó el "Zorro", un piloto pensante y estratego que se mentalizaba sólo en el título. "Ortelli tiene mis características", argumentó.
"Es difícil ser el padre de un piloto. Uno quiere que su hijo mejore los tiempos, vaya más rápido, más seguro, más firme y gane, pero a la vez quiere que vaya más despacio. Los temores siempre están cuando uno lo mira desde afuera. Y eso que ahora compiten en autódromos. Yo no dejaría que mi hijo compitiese en la ruta; era una locura", reconoció el "Pincho", que agregó: "Al piloto no se le cruza por la cabeza que el peligro está ahí nomás, delante de la trompa del auto. Piensa en eso sólo cuando hay un accidente. En mi época morían dos o tres por año...".
¿Cómo es Jonatan en la pista? "Muy inteligente. Al menos, escucha lo que uno le dice", explicó Oscar. "Uno trata de acelerarle los tiempos. Por ejemplo, el sábado cambió las pastillas de freno y le indiqué que en las primeras vueltas no se esforzara al límite, porque las pastillas no iban a responder. Y Jonatan obedece".
"Mi papá siempre tiene la palabra justa. Además, conoce el auto como nadie. Los motores los hace él y el chasis lo arma Tulio Crespi", comentó el nuevo ganador del TC Pista, que comenzó y ya postergó la carrera de ingeniería mecánica para dedicarse a la pasión heredada.
De todas formas, Oscar Castellano no quiere presionar a su hijo: "El está haciendo experiencia y el destino dirá a dónde llega. Cuando yo lo acompañaba en el karting, lo que más me sorprendía era la presión que ejercían los padres hacia los chicos. Se veían cosas increíbles. Padres frustrados que pretendían que sus hijos fueran Ayrton Senna".
Los temores quedaron atrás. Por ahí aparece mamá Rosa, una señora acostumbrada a sufrir la velocidad ajena por la vocación de su esposo y ahora resignada a repetir aquellas vivencias con su hijo. La familia Castellano sigue vigente. Con el sello del "Zorro" de Lobería, Jonatan busca su propio camino dentro del automovilismo nacional.



