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La Fórmula 1 sirvió al mundo del automovilismo convencional para el desarrollo de elementos de seguridad que, tiempo después, se trasladaron a los autos de calle. Frenos con ABS, control de tracción, desarrollos electrónicos y demás evoluciones hoy se disfrutan en calles y, rutas y autopistas, al margen de las pistas de la máxima categoría.
La seguridad es tal en la F.1 que tras el impacto de la Ferrari de Felipe Massa contra la barrera de neumáticos los relatores que, en distintos idiomas, transmitían el accidente del brasileño en Hungaroring no se inquietaron en plena clasificación del GP de Hungría. Para los aficionados de la máxima categoría, la seguridad alcanzó tal grado que es prácticamente imposible pensar lo peor, menos en un impacto como el de ayer, que si bien el auto salió sin control (el conductor ya estaba inconsciente), no se produjo a más de 170 km/h. La velocidad es abrumadora, pero a ese nivel nadie espera consecuencias graves.
La sorpresa, para todos, fue después, cuando la televisión reiteró una y otra vez la aceleración plena de la máquina roja y un objeto que pega contra el casco del piloto paulista. La cabeza se sacude y a partir de allí el coche sigue en la misma línea, hasta que impacta contra el muro de protección, aunque con una desaceleración importante, ya que Massa marchaba a 230 km/h en el momento del infortunio.
La incertidumbre dominó la escena. Finalmente se comprobó que un resorte que se desprendió del Brawn GP de otro brasileño, Rubens Barrichello, impactó contra el casco de Massa, originando "conmoción cerebral, un corte en la frente y una fisura orbital en los huesos de la cara", según dijeron los médicos en el autódromo. Luego Massa fue operado (ver aparte) y su condición es "seria pero estable".
"Fue un accidente muy confuso. Un elemento que se salió del auto de Barrichello pegó contra la cabeza de Massa. De inmediato, Rubinho ingresó en la sala médica del autódromo para ver a su amigo, antes de que trasladaran a Massa al hospital", comentó el promotor argentino Felipe McGough, que se encuentra en Hungría.
El resorte en cuestión, de unos cinco centímetros, pesa un kilo. Massa lo cabeceó a 230 km/h. Un golpe con una velocidad mortal, que en este caso fue amortiguado por el casco, que como todo elemento de seguridad en el automovilismo tiene una fecha de vencimiento, debe estar homologado por el ente rector (en este caso por la Federación Internacional del Automóvil) y debe soportar diversos parámetros de presiones y golpes cuando el constructor presenta el modelo para la habilitación. El casco fue el elemento de seguridad clave. La causa del accidente no fue el impacto posterior del coche contra los neumáticos.
Es impensado ver a un piloto, de cualquier categoría, no sólo de la F.1, correr sin el cinturón de seguridad ajustado. Así como se emulan a los pilotos cuando se tripula un coche de calle, también hay que tener en cuenta el orden y la higiene dentro del habitáculo. Si bien las fórmulas matemáticas requieren de valores precisas como aceleración, peso y tiempo de absorción de impacto, se sabe, para tener conciencia del peligro, que cualquier elemento que impacte a 90 km/h, su peso se multiplica por 20 (ese resorte de 1 kg tuvo un peso aproximado a los 55 kg al impactar en el casco de Massa). Entonces, una botella de gaseosa suelta se transforma en un arma mortal para cualquiera que sea blanco de ese proyectil. El orden es dentro del auto tan importante como el cinturón de seguridad.


