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Las explosiones se suceden una tras otra. Se pergeñan en la calle Bogotá, estallan en Lincoln y van desmantelando la credibilidad del Turismo Carretera. El escándalo está desatado y no hay paños fríos que contengan semejante estado de tensión, confusión, medidas arbitrarias y promesas de desquite. No hay paz en la categoría más popular de la Argentina, la misma que utilizó cinco reglamentos distintos en las últimas 14 fechas. Ayer, más detonaciones sobresaltaron en su campo interno, para devastar al equipo dominante, el Lincoln Sport Group, apenas unos días después de un retoque reglamentario que desnudó la desorientación dirigencial.
La Asociación Corredores Turismo Carretera (ACTC), sin anestesia, le aplicó una pena durísima (una más...) al escribano Hugo Cuervo, responsable de la mencionada escuadra, al levantarle la suspensión provisional que sobre él pendía y aplicarla de modo efectivo por el término de siete meses –a partir de ayer–, en la que cargará con la prohibición de concurrir a los autódromos. Cuervo no podrá aparecer públicamente ni en las pruebas comunitarias que realice el TC ni mucho menos durante las fechas del campeonato argentino. ¿La causa? Según el comunicado de la ACTC, "los reiterados antecedentes del causante en situaciones anteriores, habiendo quedado demostrado con su actitud la reiteración de faltas, con lo que se exterioriza su deslealtad hacia sus colegas".
Para ser más específicos: la ACTC se apoyó en entrevistas periodísticas y en declaraciones varias ante la Comisión Asesora y Fiscalizadora de la categoría para llegar a la conclusión que el team de Cuervo sacó ventajas con ensayos fuera de término y carentes de cualquier tipo de autorización. Hace poco más de un mes, en la edición de LA NACION del 27 de abril, se adelantó –sobre la base de un pormenorizado informe de la web visionauto.com.ar– la existencia de un auto mellizo que transitaba las calles de Lincoln para actuar como banco de pruebas. Y aquello, que luego tomó estado público reforzado por un video que circula en YouTube, donde se ve a ese coche (decorado como el de Mariano Werner) acelerando a la par del auto desde el cual fue filmado, terminó de crispar los nervios en la ACTC.
La pena no sería nada extraordinario si ya se sabe del encono casi personal que hay entre Cuervo y la ACTC, matizado por una continua ida y venida de controversias. Lo que más impacta desde lo deportivo tal vez sea el segundo punto del comunicado emitido a las 16.24 de ayer. En él se resuelve penalizar a los tres pilotos de la factoría de Lincoln (Mariano Werner, Juan Bautista De Benedictis y Mauro Giallombardo) "con la sanción de los puestos necesarios para largar en las últimas posiciones de la grilla final durante las siguientes próximas cuatro competencias a contar desde la de Posadas –NdeR: el domingo 9 del actual– siempre que se encuentren habilitados para integrar la grilla final, posterior a su participación en las series clasificatorias".
No es algo menor, acorde con el desarrollo del actual torneo: Werner (223,5 puntos), Giallombardo (209) y De Benedictis (186,5) marchan, respectivamente, 1°, 2° y 5° en el campeonato, lo que implica o preanuncia un vuelco sustancial en las posiciones. Porque si dicen que alguien que larga una final desde la tercera fila para atrás es casi imposible que pueda ganarla, se deduce que los que arranquen desde las posiciones 42a, 43a y 44a difícilmente puedan llevarse buenas unidades. Es decir, se sanciona a futuro, aunque las máquinas estén en regla y a partir de ahora no haya más pruebas ilegales. No se castiga lo pasado con la quita de puntos, sino que se golpea de aquí en adelante. La estrategia es clara: en cuatro carreras, los de atrás pueden descontar mucho, e incluso, superar a uno, dos o a los tres hombres de Cuervo; así, el torneo gana en emoción, los pilotos del LSG no pierden sus posibilidades de ingresar en la Copa de Oro (tendrían que quedar fuera de los mejores 12), los de arriba se amontonan en un puñado de puntos y con ello se consigue –de paso– amainar un poco las críticas de los competidores de Chevrolet, bastante ahogados hasta aquí con el actual reglamento. Al menos, esta vez no se suspendió a Cuervo "de por vida", como ya se había hecho y luego se le volvió a abrir la puerta como si nada hubiera pasado...
Con semejante revuelta, reforzada por un tercer punto que establece una multa de 500.000 pesos al LSG "atento a la violación vigente de la categoría", se vienen horas más complicadas. El team ya venía siendo criticado por el resto de los corredores por su gran supremacía, que parece impermeable a cualquier reglamento. En la prueba de Mendoza, el 14 de abril, donde consiguió el 1-2-3, Cuervo le dijo a la revista Campeones: "Estamos pasando un gran momento, pero no creo que dure mucho tiempo. Una golondrina no hace verano. El año pasado, el equipo Dole hizo el 1-2-3 y después no siguió así", en una clara intención de atenuar los ánimos, más aún luego de que Mariano Altuna, defensor de Chevrolet y 8° ese día, argumentara, enojado: "Estoy 5° en la categoría TC, la otra es la categoría de Hugo Cuervo".
Claro que las medidas pueden ser consideradas arbitrarias. Si tanto infringió el reglamento, ¿por qué Cuervo no puede ir a las carreras y sus autos sí? Y si hay coches que abofetean las normas, ¿por qué siguen formando parte de las grillas? ¿Será que se buscan carreras atractivas con tres firmes candidatos partiendo desde el fondo? ¿Intenta paliarse con ello el fracaso del quite de cargas aerodinámicas, del que se dio una violenta marcha atrás? Y en otro orden, ¿qué dirán los sponsors del LSG que ponen dinero en coches de punta? El TC sigue su periplo. El nuevo escándalo, quizá, ya esté a la vuelta de la esquina.



