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E
l automovilismo deportivo tiene una pata que se muestra endeble frente a la dinámica de un negocio que se muestra tan vertiginoso como los espectáculos en las pistas: los autódromos. Los altos costos suelen jaquear a los escenarios que albergan a una actividad tan pasional como costosa. Dentro de ese contexto, el lugar emblemático del automovilismo argentino, el autódromo Oscar y Juan Gálvez, de la ciudad de Buenos Aires, vive una situación especial. Este año sólo recibió al Turismo Carretera, el ambiente suele criticarlo por su estado y sus costos, no se encuentra en los proyectos internacionales, además del permanente rumor de utilizar el predio del barrio de Lugano para proyectos inmobiliarios.
"Nosotros somos una mosca blanca en el automovilismo argentino, porque la mayoría de los autódromos nacionales está subsidiado por el Estado. Nosotros pagamos cánones y está bien que sea así, pero la realidad indica que hay demasiados autódromos. En ningún otro país del mundo pasa eso. Y eso atenta contra el mantenimiento de los autódromos.. Se hace difícil así", comentó el ingeniero Carlos Soriano, titular de la empresa concesionaria Autódromo Ciudad de Buenos Aires SA, que junto con su socio Gustavo Ronchetti recibió a LA NACION.
—Los autódromos están en lugares lejanos a las grandes urbes hasta que las poblaciones avanzan. Aquí se escucharon muchas versiones de que el boom inmobiliario atentaba contra este predio. ¿Sintieron presión al respecto?
—Escuché esos rumores, pero jamás de legisladores, ministros o jefes de Gobierno. El día de mañana puede pasar. Pero para ello debe haber una gran decisión política. No creo que sea fácil, porque este es un lugar histórico. Es como construir en los Bosques de Palermo. Acá estamos cerca del Parque Roca, el Parque de la Ciudad, el Indoamericano…
—¿Qué siente cuando se habla de traer a la Fórmula 1 al país y no se tenga en cuenta al Gálvez?
—No tiene sentido que el autódromo esté en condiciones para la F.1 si no viene al país. A los proyectos que se anunciaron para traerla, nosotros ofrecemos el autódormo para que lo usen. Pero debemos manejarnos con la realidad nacional, no la de la Fórmula 1 que no viene a la Argentina. Es como armar una base de edificio para 500 pisos y luego construyo una casa. ¿Para qué semejante inversión?
—Ahora, el Gálvez cada vez tiene menos actividad local.
—No es correcto.
—Pero este año sólo correrá aquí el TC, que antes tenía 3 fechas y ahora bajó a 2. El Súper TC 2000 cambió el autódromo por el callejero y el TRV6 y el TN no vienen.
—Las 3 carreras estaba bien, pero el TC tiene demandas de otros autódromos con apoyo estatal. Habrá dos carreras en 2013 también. Estamos programando un reasfaltado en dos rectas del circuito N° 12 que costará 2,5 millones de pesos.
—En agosto, cuando corrió el TC, el viernes no hubo actividad porque se inundó y se criticó que las alcantarillas estaban tapadas desde hacía mucho tiempo. Y el domingo hubo un accidente en el que un auto pegó contra una barrera de contención y saltaron los neumáticos sueltos.
—Tuvimos 300% más de lluvia que lo habitual. Ese día se dijeron cosas en caliente y ya lo hablé con Oscar Aventin (presidente de la ACTC). De hecho estamos trabajando para 2013. Sobre las cubiertas, ese fue un error nuestro. Por eso ahora instalamos 25.000 gomas abulonadas. El Súper TC 2000 optó por correr en la calle, que para mí era una locura.
—Sin embargo, esa idea fue apoyada por el gobierno de la ciudad. ¿Usted se siente respaldado por el gobierno porteño?
—Respetamos las decisiones. No quiero pelearme con nadie. Se hizo la carrera gratis en la calle.
—El Súper TC 2000 ya había hecho los 200 Km de Bs. As. en La Plata…
—Eso fue una desgracia de agenda, que se superponía con la fecha del Top Race. Ahora justamente el TRV6 está pasando por una situación muy compleja. El TN siempre queremos que venga, pero tiene un modelo de negocio que quizá no encaja acá. Este año es atípico. Volverán las categorías.
—¿A todos se les cobra lo mismo?
—No, porque los arreglos son distintos y las asociaciones son distintas. Hay categorías que organizan con el autódromo alquilado. Pero hay otros modelos, que traen la categoría y nosotros organizamos el resto. En otros 50 y 50, 70 y 30. No hay un precio único. Cuanto mejor le va al cliente, mejor le va al autódromo. Los negocios corporativos tienen la ventaja de que no depende del clima. Si vas a la taquilla, dependés del público.
—Dentro del negocio del autódromo, ¿qué porcentaje corresponde a la parte deportiva?
—Es importante, porque involucra categorías nacionales, zonales, pruebas, competencias de ¼ de Milla. Defino al autódromo como la sumatoria de pequeños o medianos negocios, como por ejemplo Creamfields u otros recitales. En los últimos años sumamos los driving centres, demostración de producto. Audi, Fiat, Chrysler, BMW... El gobierno de la ciudad tiene un master plan en el sur de la ciudad. Sobre la avenida Roca y en esa franja, de 30 metros, dedicado al mundo motor. Demostración de producto, venta, marketing. Acá se puede probar sin problemas, sin salir a la avenida. Un lugar diferencial.
—Hay rumores de que se desglosa el autódromo.
—No, generamos más movimiento. Acá tenemos una gran ventaja: el estacionamiento. Cuando el autódromo se llena, las calles aledañas no se cortan. Se absorben los autos y la gente, con muchos accesos. No es como River o cualquier estadio.
—¿Hasta cuándo y cómo es la concesión del Gálvez?
—Hasta 2021. Estamos obligados a invertir un millón de pesos al año, más un canon de 60.000 dólares anuales y otorgar 1500 entradas para eventos y los impuestos.
—¿Cuál es el espacio que ocupa el autódromo?
—Unas 160 hectáreas aproximadamente. El lago no se puede tocar porque recibe agua pluvial, fue regulador, conectado con el lago Roca y de allí al Riachuelo. Hay una función.
—¿Cuánto cuesta mantener este monstruo?
—Mucho. Hay mucha inversión que no se ve, como la instalación eléctrica, por ejemplo.
—¿Por qué dentro del ámbito deportivo el autódromo tiene mala imagen?
—Creo que nosotros somos outsiders del ambiente automotor, pero exigentes con las categorías en muchas cosas. Desde la seguridad, por ejemplo. Seguridad, higiene y trabajo. Hay algunos que vienen en ojotas a armar carpas. Y así no es. El autódromo es muy diferente al resto del país. Pedimos ART. Todo eso predispone mal porque no se acostumbra.
—¿Se orienta el autódromo a los espectáculos musicales?
—Nuestra base es fue y será el automovilismo deportivo. No cambiará. Pero la realidad indica que no alcanza como negocio.
—¿Cuánta gente trabaja en el autódromo?
–Estables son 50 y otros 50 que también están vinculados. Más de un centenar. Somos una pyme.
—¿Es rentable?
—Sí, gracias a las nuevas cosas que se hacen. Con el modelo histórico, estaría quebrado. Es una sumatoria de negocios. No hay deudas de ningún tipo.
—¿Lo deportivo decrece?
—El automovilismo no creció. Creció el resto del negocio.
"Una vez fuimos con Juan Manuel Fangio a ver al general Perón. Y en el medio de la charla, nos preguntó: ‘¿Qué necesitan?’ Juan no titubeó: «Necesitamos un autódromo, mi general». Así nació", recuerda José Froilán González. El 9 de marzo de 1952 se inauguró el autódromo 17 de Octubre, una de las obras más importantes de la arquitectura moderna. En 1953 se corrió el primer GP de la Argentina, el primero fuera de Europa. Se llamó Autódromo Municipal; en 1989 Oscar Alfredo Gálvez y hace dos años, Oscar y Juan Gálvez."


