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SAN REMO.- Ni siquiera hubo que esperar a que se termine la temporada. Una campaña sin altibajos, encarada con un profesionalismo admirable, a la que se sumó el ímpetu de un piloto con hambre de triunfos, le dieron al cordobés Gabriel Pozzo, de 22 años, el título del Grupo N -o de producción- del rally mundial, tras finalizar segundo en la prueba de San Remo, undécima del certamen, ganada por el italiano Alessandro Fiorio.
El argentino aprovechó el abandono del uruguayo Gustavo Trelles (Mitsubishi) en la última etapa y, con 39 puntos de ventaja y tres competencias por delante, se consagró como el nuevo monarca de la divisional.
Con esta conquista, Pozzo, ganador de cuatro competencias con su Mitsubishi, se convirtió en el primer argentino que obtiene un campeonato de esta especialidad.
En aquel año debutó en Villa Las Rosas, por el certamen cordobés. La elección fue la correcta, ya que sus virtudes no tardaron en aparecer. Esa misma temporada dio el salto al campeonato argentino con un Volkswagen Gol de la Clase A6. En San Luis y en Tucumán, su nombre llegó a lo más alto del podio. Ya lo esperaba un nuevo peldaño.
Al año siguiente, pasó a la Clase N4, con un Subaru que le compró a Roberto Sánchez, pero las penurias económicas no le permitieron desarrollarse como lo pretendía y sus participaciones fueron esporádicas.
Pese a todo, Pozzo siguió adelante. Su primer triunfo en una clasificación general llegó en 1999, cuando con el Subaru Impreza se impuso en el Gran Premio, corrido en Bariloche.
Fue suficiente para que su talento quedara al descubierto. Los responsables del proyecto Córdoba Rally Team lo convocaron junto con Claudio Menzi para ir al Grupo N del mundial en el equipo italiano Top Run. El debut en Kenya, una de las pruebas más complicadas del calendario, dejó bien en claro que Pozzo estaba preparado para la difícil apuesta. Pese al abandono, lideró su grupo en los primeros tres especiales.
Nada más lo amedrentó. Con la experiencia cosechada en 2000, encaró esta temporada con otro compañero (Marcos Ligato) y con mayor criterio para buscar victorias. Ayer, el mundo fue testigo de ese progreso.
Francia copó el podio
El francés Gilles Panizzi, con un Peugeot 206, ganó la clasificación general del Rally de San Remo, escoltado por sus compatriotas Sebastien Loeb (Citršen Xsara) y Didier Auriol (Peugeot 206). El finlandés Tommi Makinen (Mitsubishi) y el británico Colin McRae (Ford) no sumaron puntos y continúan compartiendo la punta del certamen, con 40 unidades.
"Yo simplemente soñaba con estar arriba de un coche de carrera y, como mucho, dar una vuelta con un piloto importante". Desde aquella frase con forma de ilusión infantil de Gabriel Pozzo hasta el título logrado en el Grupo N del rally, mucha agua corrió bajo el puente. Sin embargo, ayer, con la misma simpleza de esos lejanos días, dijo: "Conseguimos un campeonato por el que luchamos mucho".
Sereno, Pozzo recordó el momento clave de su consagración, que llegó en el penúltimo especial de la carrera, cuando abandonó Gustavo Trelles: "Cuando lo vimos a Trelles parado yo ya había visto pedazos de su auto dos kilómetros antes y le había dicho a Daniel (Stillo, su navegante) que eran trozos del coche del uruguayo. Pero no me creía. Después lo comprobamos".
El campeón agregó: "Fue una carrera muy complicada porque el asfalto, de por sí, no es fácil. Había que cuidarse mucho en las cuerdas porque las piedras podían dañar los neumáticos". Tampoco se reservó elogios para su principal rival ("Trelles es un señor arriba y abajo del auto") ni eludió hablar de su futuro, para el que muchos anuncian un equipo del grupo mayor. ¿Mitsubishi? ¿Subaru? "Martín Christie, nuestro director deportivo, ya mantuvo varias conversaciones, pero todavía no hay una decisión clara sobre qué equipo y qué auto".
Pozzo regresará a la Argentina pasado mañana y ya confirmó que no estará presente en la próxima carrera, en Córcega.


