Tyrrell: el adiós a un artesano de la Fórmula 1

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26 de agosto de 2001  

Ken Tyrrell, uno de los protagonistas de la Fórmula 1 de las décadas de los años 60 y 70 y fundador del equipo que llevó su nombre, murió a los 77 años, víctima de un cáncer de páncreas. El deceso de Tyrrell ocurrió en su casa de Surrey, según la agencia ANSA.

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Los ascensores del hotel Sheraton de Montreal bajaban y subían repletos de figuras de la Fórmula 1 que parecían ser más veloces que el espectáculo en la pista. Gente que se dejaba llevar por la vorágine propia del mundo de la velocidad. Así se mezclaban integrantes de distintos equipos, que luego en los autódromos ni siquiera se miraban. En medio del alocado ritmo, el viejo Ken se refugiaba detrás de un periódico, mientras con una mano se acomodaba los gruesos lentes y co la otra se acercaba una generosa taza de té.

Tenía la humildad de los grandes. Sin importarle que los acompañantes de ese ocasional desayuno jamás hubieran cruzado una palabra en su vida con él. “¿Argentina? Hermoso país. Fangio marcó el rumbo en el automovilismo. ¡Qué grande fue! ¿Cómo anda Reutemann con la política?”, fue su primera frase para contar sensaciones de una Fórmula 1 que ya no era, en 1998, lo que supo ser un cuarto de siglo atrás.

“Esto cambió mucho. Antes llegábamos a tener ciertas consultas con equipos rivales. Pero existía otro clima. Era todo más artesanal. Y hasta tenía otro gusto la victoria”, confesaba “el leñador”, como se lo conocía por su pasado maderero, ya que con su hermano Bred había armado un aserradero.

Inglés, nacido el 3 de mayo de 1924, Ken, hijo de un humilde guardia forestal, tuvo como gran pasión los aviones. Y fue por ello que intentó muchas veces ingresar en la Real Fuerza Aérea Británica. Pero el haber abandonado los estudios a los 14 años lo privó de su sueño.

La Segunda Guerra Mundial, en 1939, eliminó los requisitos aeronáuticos y así entró. Si bien no pudo ser piloto, se desempeñó como mecánico a bordo de los bombarderos.

El fútbol lo cautivaba. Fanático del Tottenham Hostpur, una excursión a Silverstone, en 1951, lo acercó al automovilismo. Ahorró y se compró un auto de carreras, pero con varios despistes sufridos en la Fórmula 500, se interesó más por la preparación.

“La F.1 de hoy es muy dura. Es una máquina que consume todo lo que se le cruza. Respeto los trabajos que se realizan ahora, porque impresionan por las evoluciones, pero no me siento cómodo”, expresaba entre sorbo y sorbo en aquella mañana canadiense.

Fue jefe de equipo desde 1959 en la F.2 y un año después fundó la Tyrrell Racing Organization, con la que trabajó en la F. Junior, más tarde F.3.

La empresa Elf le brindó la base económica para alcanzar la Fórmula 1. Con Matra primero, y el Tyrrell 01-Ford después. Y Jackie Stewart fue su gran piloto, con dos títulos mundiales incluidos.

Dos adversidades sufrió el tío Ken (llamado así por ayudar a jóvenes pilotos, como Michele Alboreto o Jean Alesi) en su trayectoria: la desvinculación de Stewart y la muerte de François Cevert, en los Estados Unidos.

La atención de los amantes de la F.1 y de aquellos que jamás se interesaron por el automovilismo llegó en 1976: el diseño del auto con seis ruedas despertó asombro y controversias. Supo ganar. Pero la desestimación de Tyrrell a una invitación de Elf para formar el team Renault se lo marcó como un gran error en su campaña.

“Yo pretendo otra clase de proyecto. No me siento cómodo en las grandes empresas. Es como que los detalles que hacen grande un emprendimiento se pierden entre presupuestos faraónicos”, relataba mientras dejaba la taza de té vacía y se alistaba para trasladarse del hotel al circuito Gilles Villeneuve. En esa época, Ken negociaba la venta del equipo a Craig Pollock. El nombre BAR (British American Tobacco) se inscribía en 1999. Tyrrell se fastidió con la llegada del brasileño Rosset, que aportaba mucho dinero pero poco talento.

Sus últimos años prefirió vivirlos lejos de la Fórmula 1. Con su gente. Con paciencia, dobló el diario en Montreal y deslizó: “Hay valores que para mí son importantes, pero para otros no lo son. Siempre es bueno saber dar un paso al costado”.

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