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Competitiva hasta el límite. Dueña de un carácter desafiante y con una actitud en la cancha que muchos describen como confianza absoluta y otros interpretan, lisa y llanamente, como arrogancia. La mujer que reúne esos atributos es Sophie Cunningham, jugadora de Indiana Fever, equipo de la WNBA, la liga femenina de básquetbol más importante del mundo.
A su juego intenso le suma un carisma natural y posee una personalidad que divide opiniones. Y por estos días no pasó inadvertida. La rubia nacida en Columbia, Missouri, se encuentra en el centro de una de las mayores controversias mediáticas y culturales de la WNBA, una liga que crece en audiencia en los Estados Unidos, y divide de forma tajante las opiniones entre la prensa, las jugadoras y los fanáticos.

En una entrevista reciente, expresó su rechazo a que atletas transgénero participen en competencias femeninas. Su declaración dividió las aguas. Recibió un sinnúmero de críticas, pero también muchos apoyaron su postura. Una muestra de aceptación se dio en el mercado: lanzó un modelo de zapatillas que se agotó en menos de 24 horas.
Cunningham tiene 29 años y creció en una familia ligada al deporte universitario. Su padre, Jim, jugó al fútbol americano y su madre, Paula, compitió en atletismo. Su salto en el básquet empezó en la Universidad de Missouri. Allí jugó cuatro temporadas en Tigers, el equipo femenino de básquet de la casa de estudios. Durante su paso, la escolta se transformó en la máxima anotadora histórica del programa, con 2187 puntos, y en toda su etapa universitaria promedió 17 puntos, 5,4 rebotes y 3 asistencias en 129 partidos como titular.
Sus grandes rendimientos la llevaron al Draft de la WNBA de 2019. Phoenix Mercury la seleccionó con el número 13, la primera de la segunda ronda. En el equipo de Arizona estuvo seis temporadas en las que evolucionó muchísimo. Primero fue una jugadora de rotación y luego se convirtió en una especialista en lanzamientos desde el perímetro, una pieza muy valiosa dentro de una de las franquicias históricas de la liga.
Además, en Phoenix consolidó una reputación que excedía las estadísticas: la de una jugadora dispuesta a asumir cualquier confrontación en defensa de sus compañeras. A principios de 2025 experimentó un giro en su carrera: fue transferida a Indiana Fever, equipo que contaba con Caitlin Clark, una de las mejores basquetbolistas del mundo en la actualidad.

Y fue en Indiana donde amplificó su exposición mediática y encontró un rol perfectamente adaptado a su perfil: aportes ofensivos desde el banco, intensidad defensiva y una presencia emocional que rápidamente la convirtió en una de las referentes del vestuario. Su fama llegó como protectora de la joven Clark y se fortaleció a partir de varios episodios de alta tensión. Uno de ellos fue en junio del 2025. En un duelo ante Connecticut Sun, Cunningham protagonizó una acción que terminó con empujones y manotazos.
Esa imagen de “guardaespaldas” de Clark se repitió el 22 de junio de este año, en la victoria de Indiana sobre Phoenix Mercury por 86-77. En medio de una discusión que involucró a Caitlin Clark y DeWanna Bonner, Cunningham miró fijamente a Bonner y la señaló insistentemente durante ¡22 segundos!, sin pronunciar una sola palabra. La escena se volvió viral en las redes sociales y se la denominó “Sophie points”. Posteriormente, Cunningham explicó en su podcast que su reacción fue porque consideraba injusto que Clark hubiese sido sancionada sin que Bonner recibiera el mismo castigo.

Aquel cruce con Bonner reforzó esa imagen pública que la acompaña desde hace años: una basquetbolista que juega al límite emocional, que no retrocede en las discusiones y que parece sentirse cómoda en el papel de villana para las jugadoras y el público del rival. Su provocadora actitud le generó admiradores y detractores en partes iguales, pero también la convirtió en una de las personalidades más reconocibles de la liga.
Fuera de la cancha, Cunningham también quedó en el centro del debate estadounidense por sus declaraciones sobre la participación de atletas transgénero en el deporte femenino: “Quiero proteger a las niñas jóvenes en el vestuario o en el deporte, que no deberían tener que enfrentarse a hombres biológicos”, expresó en una entrevista con ESPN en julio de este año.
Días después ratificó públicamente esas afirmaciones y aseguró que seguía pensando exactamente lo mismo. “Recibí muchas críticas por supuestamente odiar a las personas trans. Y yo digo: ‘Nunca dije eso’. Creo que estoy aquí para extender amor. Pero también creo que con ese amor viene la verdad, la honestidad. Dije lo que dije, creo que es de sentido común, siempre creeré en eso, es realmente importante proteger a los niños, y eso incluye a las niñas pequeñas”, remarcó la jugadora. Por sus dichos recibió el apodo de “MAGA Barbie”, asociado al lema “Make America Great Again” de Donald Trump.
Sus comentarios dispararon reacciones inmediatas dentro y fuera del deporte. Aquellos que se mostraron disconformes con sus declaraciones se hicieron sentir en los últimos partidos que jugó Indiana Fever. Afuera de los estadios hubo manifestaciones de colectivos transgénero y durante los juegos fue abucheada en los momento en los que ingresó al parquet y tenía la pelota en sus manos.
Pero también tuvo distintos apoyos. Entre quienes respaldaron ideas similares apareció la tenista bielorrusa Aryna Sabalenka, que defendió las nuevas políticas de elegibilidad implementadas por la WTA. “Creo que es muy importante mantener la equidad en nuestro circuito. Es obvio: biológicamente, los hombres son mucho más fuertes que las mujeres, así que no me parecería justo que una mujer compitiera contra un hombre biológico”, dijo la número uno del ranking mundial.
Tennis star Aryna Sabalenka backs the new mandatory genetic sex testing in the Women's Tennis Association.
— Jackson Thompson (@JackThompsonFOX) August 4, 2026
“I support it... if they want to test us all, I'm happy to do that." pic.twitter.com/hSDc8hEauQ
Otra de las voces de apoyo fue la de Kristi Miller. La exatleta olímpica australiana realizó su transición de género y se presenta como investigadora sobre el impacto de la terapia hormonal en el rendimiento deportivo. Miller dio una respuesta basada en evidencia científica. “Como atleta trans y excampeona mundial masculina, digo que no es justo que un hombre compita en la WNBA”, afirmó. Según ella, la terapia de reemplazo hormonal —típicamente estrógeno más medicamentos para reducir la testosterona— modifica la composición corporal y reduce los niveles de fuerza, velocidad y resistencia a parámetros femeninos.
En paralelo, la creciente notoriedad de Cunningham también se trasladó al mercado. Sus declaraciones representaron un gran respaldo del sector conservador de Estados Unidos y con una notable reacción con su línea de calzados de básquet. El 24 de julio Adidas lanzó las Crazy Energy “Sophie Cunningham” PE, su primera zapatilla exclusiva. El modelo, con un degradado que va de rosado a blanco, con algunos detalles en azul claro, tenía un precio de 110 dólares y registró una demanda extraordinaria. Gran parte de los talles disponibles se agotaron en cuestión de horas, impulsadas por la enorme visibilidad que la jugadora había acumulado durante las semanas previas.

Cunningham es una personalidad activa en sus redes sociales. Mezcla de competición y entretenimiento. Gran parte de su contenido está centrado en el básquetbol: entrenamientos, días de partido, viajes con el equipo y celebraciones junto a sus compañeras. Pero también refleja su lado más espontáneo y carismático. Publica imágenes de su vida cotidiana, vacaciones, salidas con amigos, moda y eventos, mostrando una personalidad desinhibida.
Para tomar dimensión de lo que generó Cunningham es importante dar a conocer cuáles son los números que la WNBA tiene a nivel audiencia impulsados por el fenómeno de nuevas figuras. En los últimos dos años atraviesa un crecimiento exponencial tanto en televisación como en el público que asiste a los estadios. En cuanto a la TV, los partidos estelares transmitidos por ESPN Networks promedian más de 1,3 millones de espectadores en la temporada regular. En cuanto a la asistencia a los duelos desde 2024 se registró un aumento del 48%. Además, a principios de julio de este año 20.996 aficionados llenaron el Bell Centre de Montreal para ver a Toronto Tempo ante Dallas Wings.

Mientras tanto, su buen rendimiento deportivo acompaña esa exposición mediática. En la temporada 2026 registra promedios de 9,3 puntos, 2,3 rebotes y 1,4 asistencias por partido, con un destacado 45,2% de efectividad en triples, la segunda en la liga por detrás de los 48,1% de Antonia Delaere. A nivel de carrera acumula 8 puntos, 2,8 rebotes y 1,4 asistencias de promedio desde su llegada a la WNBA en 2019.
Sophie Cunningham representa una figura cada vez más escasa en el deporte profesional contemporáneo: se trata de una atleta que no intenta agradar a todos, con una dosis siempre latente de incorrección política. Su personalidad desafiante, su tendencia a involucrarse en cada conflicto y su disposición para asumir posiciones polémicas la convirtieron en mucho más que una simple jugadora de rol dentro de Indiana Fever. Para algunos es una líder valiente. Para otros, una provocadora. Pero cuando Cunningham entra en escena, resulta imposible mirar hacia otro lado.




