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SANTA FE.- Gimnasia y Boca, rivales anoche en la inauguración de una nueva temporada de la Liga Nacional, ocupan los extremos de un tema preocupante. Se trata del masivo y constante recambio de jugadores que las entidades realizan de un año a otro. Un problema que les quita identidad a los equipos e impide que el público se familiarice con ellos y con la actividad misma.
Gimnasia es el ejemplo a seguir. Mantuvo el mismo técnico (Fernando Duró) y sólo incorporó a dos basquetbolistas respecto del plantel que obtuvo el título en la última temporada: el base Eloy Martín por Paco Festa y el norteamericano Christofer Garnett por Diego Romero. Boca es el exponente de lo que no debería hacerse pues renovó prácticamente todo. El técnico Eduardo Cadillac llegó en reemplazo de Carlos Duro, y del plantel anterior sólo permanecen Martín Leiva y Luis Cequeira.
Lamentablemente, en esta temporada, como en muchas otras, el mal ejemplo fue mayoría. Regatas Corrientes resultó el peor, sólo conservó un basquetbolista (Hernando Salles), en tanto que muchos otros clubes, como Deportivo Madryn, Estudiantes, de Bahía Blanca, y Obras Sanitarias, sólo mantuvieron a dos de sus hombres.
En total, la presente Liga Nacional provocó 102 cambios de camiseta. Una cifra alarmante que cobra magnitud si se sabe que no son más de 150 los jugadores que pueden actuar varios minutos en cada partido.
Ya no hay Marcelos Milanesios u hombres comprometidos con los colores de siempre que resignen dinero por fidelidad a un club o a una ciudad. Ahora todos buscan mejoras salariales sin pensar en afirmarse y hacerse de un nombre dentro de la Liga Nacional. Muchos, por firmar el contrato más sustancioso, dejan de prestarle atención a su proyección basquetbolística o no analizan si el club que los emplea es solvente, cumplidor o tiene apetencias deportivas elevadas. También es responsabilidad de los dirigentes, que en su afán por armar el plantel más fuerte terminan haciendo contratos sólo por un año. No hay planes a largo plazo. Cada año empieza una historia nueva y muy diferente.
Es evidente que a los clubes no les importa la imagen global de la competencia y por eso cada temporada, y especialmente en ésta, casi todos optaron por el recambio. Pasarán unos cuantos meses hasta que la gente recuerde dónde juega fulano o mengano. Y eso no es bueno, no favorece la tan pretendida difusión nacional que tanto reclaman los dirigentes.




