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Nunca dejó de luchar. La historia de Prichard Colón quedó marcada para siempre por una noche de octubre de 2015 en la que todo cambió de repente cuando se bajó del ring, el lugar que amaba. Durante más de una década, el exboxeador puertorriqueño convivió con las secuelas de una grave lesión cerebral sufrida en la pelea, en un caso que conmovió al mundo y abrió un amplio debate sobre la seguridad de los peleadores. Este jueves murió a los 33 años, según confirmó su padre, Richard Colón, en un comunicado difundido a través de las redes sociales.
Nacido el 19 de septiembre de 1992 en Maitland, Florida, pero criado en Orocovis, Puerto Rico, Colón fue considerado una de las mayores promesas del boxeo boricua de su generación. Desde joven se destacó en el amateurismo y conquistó la medalla de oro en el Campeonato Panamericano Juvenil de 2010, un logro que potenció las expectativas alrededor de una carrera que solo conocía el ascenso.
Su desembarco en el profesionalismo llegó en 2013. Rápidamente construyó una reputación basada en su potencia, velocidad y agresividad ofensiva. Acumuló una racha de 16 victorias, 13 de ellas por KO, que lo ubicó entre los nombres con mayor proyección dentro de la categoría welter. Antes de cumplir los 24 años aparecía en el radar de promotores y especialistas como un púgil destinado a disputar títulos importantes.
The boxing world mourns the loss of Prichard Colón. 🕊️🥊
— DAZN Boxing (@DAZNBoxing) August 13, 2026
A true warrior whose strength touched and inspired so many. Our deepest condolences to his family, friends and loved ones.
Descansa en Paz, Campeón. 🙏 pic.twitter.com/Q54dPROxQc
Todo cambió el 17 de octubre de 2015 en el EagleBank Arena de Fairfax, Virginia. Esa noche enfrentó al estadounidense Terrel Williams en un combate entre dos boxeadores invictos. Durante la pelea, Colón recibió varios impactos en la parte posterior de la cabeza, conocidos como “golpes de conejo”, una acción prohibida por el reglamento debido al riesgo de provocar lesiones neurológicas severas. Williams llegó incluso a ser penalizado por uno de esos golpes.

El desarrollo del combate estuvo rodeado de controversias. Colón protestó en distintas ocasiones por los impactos recibidos en la nuca, mientras la pelea continuaba. Tras caer dos veces en los últimos asaltos, regresó a su esquina visiblemente afectado. Allí se produjo una confusión: su equipo le retiró los guantes al creer que el combate había terminado, una situación que derivó en su descalificación al no presentarse para el décimo round. Aquella derrota fue la única de su carrera profesional y resultó también la última presentación sobre un ring.
Lo peor ocurrió minutos después. Ya en los vestuarios, el púgil comenzó a descompesarse. Poco más tarde perdió el conocimiento y fue trasladado de urgencia a un hospital. Los médicos diagnosticaron un hematoma subdural, una acumulación de sangre entre el cerebro y su cubierta externa. Colón fue sometido a una cirugía de emergencia para aliviar la presión intracraneal.
El cuadro resultó devastador. Permaneció 221 días en coma y, cuando logró despertar, presentaba graves secuelas neurológicas. Durante años necesitó asistencia permanente y atravesó extensos procesos de rehabilitación. Las imágenes de sus ejercicios físicos, difundidas periódicamente por su familia, despertaron muestras de solidaridad en toda la comunidad boxística internacional.
Su madre, Nieves Meléndez, y su padre Richard se transformaron en figuras centrales de esa lucha cotidiana. Desde Florida acompañaron cada etapa de la recuperación y utilizaron las redes sociales para informar sobre su evolución. El caso se convirtió en uno de los ejemplos más dolorosos de los riesgos asociados a los traumatismos craneales en los deportes de combate.
Nieves cuidaba de su hijo las 24 horas y no se rendía en busca de terapias que contribuyeran para alguna mejoría. Un año después del lamentable suceso, la Comisión Mundial de Boxeo (CMB) creó la regla “Prichard Colón”, que prohíbe expresamente el tipo de golpe que provocó las lesiones del puertorriqueño.

En los años posteriores, organismos vinculados al boxeo impulsaron medidas orientadas a reforzar la protección de los peleadores frente a los golpes ilegales en la nuca. El CMB promovió protocolos y sanciones más estrictas en torno a este tipo de acciones, disposiciones que en distintos ámbitos fueron asociadas simbólicamente con el nombre de Colón.
Todo esto le valió a Prichard Colón ser nombrado campeón honorario del CMB, en junio de 2021, distinción que conlleva ser poseedor de un cinturón verde y oro, ese con el que soñó desde que se inició en el mundo de los guantes.
“Lamento informarles la partida de mi hijo Prichard de este mundo terrenal. Ahora está en mejor mundo”, escribió su padre, Richard, en las redes sociales de la familia. “Hice todo lo posible por cumplirle su sueño de traerlo de vacaciones a Puerto Rico como tanto él deseaba, pero no se pudo”, añadió. También agradeció las muestras de apoyo recibidas durante estos años y pidió oraciones para su familia.
Más de diez años después de aquella pelea contra Williams, el nombre de Prichard Colón se volvió una referencia ineludible en el boxeo y en la seguridad de los peleadores.



