

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.
El mundo cambió. La frase, a modo de definición testimonial como si se tratara de una verdad de Perogrullo, tiene un fundamento más profundo. Porque hay cambios y cambios. El que se produjo entre fines de la década del ochenta y comienzos de la siguiente marcó políticamente la vida de varias naciones, pueblos? deportistas. Cambió tendencias, costumbres e ideologías. El 9 de noviembre de 1989 cayó el Muro de Berlín, y con él, despertaron sueños y renacieron ilusiones. Icono del siglo XX en tiempos que marcaron la historia a fuego, como (valga la contradicción) la Guerra Fría, aquella mole de casi 50 kilómetros de extensión se desmoronó por su propio peso. Se abrió, entonces, un panorama distinto para los deportistas. Muchos de ellos, en el apogeo de sus campañas, sintieron cómo cambiaba su destino.
Un caso emblemático es el de Matthias Sammer, que se desempeñaba en Dinamo de Dresden -su ciudad natal- y para el año siguiente al que la gran mole de material se había convertido en polvo ya era un crack de Stuttgart, fuerte entidad de la cara occidental. En 1990, Alemania ganó el Mundial realizado en Italia cuando aún las entidades madres futbolísticas no se habían unido, por lo que Lothar Matthäus alzó la Copa en el Olímpico de Roma, rubricando el título para Alemania Federal. En el Mundial de EE.UU. 94, Alemania actuó unificada, y en ese plantel Sammer fue una figura destacada a pesar de la eliminación teutona. El volante actuó en 50 partidos con el seleccionado occidental y su nombre fue un símbolo de unificación cuando Alemania ganó la Eurocopa 96 en Inglaterra.
En cuanto al torneo local, sólo en la temporada 1991/92 se puso en marcha la Bundesliga unificada, en la que los equipos provenientes del Este jamás pudieron hacer buen pie, al punto de que nunca uno de ellos pudo ganar el certamen. Para la estadística, y para los libros de hitos deportivos, el 22 de junio de 1974 se enfrentaron en Hamburgo las dos Alemania. Con un gol de Jurgen Sparwasser, la Democrática batió a la Federal, lo que no le sería impedimento para que las huestes de Franz Beckenbauer se quedaran con el torneo disputado en casa.
Más allá de la anécdota histórica de aquel partido, el poderío en el fútbol estuvo siempre del lado de Alemania Federal. Los vecinos orientales brillaban cada cuatro años en los Juegos. El atletismo y la natación, los deportes olímpicos por excelencia, los tenían como una potencia. Su participación fue aceptada por el COI entre 1968 y 1988. En cinco ediciones (no participó en Los Angeles 84, por el boicot) cosechó 403 medallas (151 de oro).
Los Juegos son un punto fundamental en esta historia. El valor propagandístico del deporte durante la Guerra Fría impulsó una batalla por la que aún hoy se sigue peleando, invirtiendo y gastando millones de dólares: el doping.
Los Estados Unidos acusaban al bloque comunista de tener una política de drogas para sus atletas. La nadadora Kristin Otto (Alemania Oriental) ganó seis medallas de oro y mucho después fue apuntada por sospechas de doping. Ella lo negó: "Nadie puede quitarme el éxito. Fui como Mark Spitz. Recibí un gran don y las seis medallas fueron el resultado de muchísimos años de duro trabajo", dijo ofendida. Sin embargo, su colega Raik Hannemann, un nadador con mucho menos éxito (llegó a ser subcampeón europeo), aprovechó la caída del muro para contar: "Todos éramos unos pequeños Ben Johnson".
El doping existía antes de la Guerra Fría y siguió existiendo después de ella. Pero fue esa lucha internacional la que fortaleció el método con estrategias institucionalizadas. Una fórmula que echó raíces y hoy es práctica común. En cuanto a aquellas críticas norteamericanas? en fin, el tiempo demostró que nadie estaba libre de culpas para arrojar la primera piedra.
Lo que aquel muro significó, disparó los boicots olímpicos de 1980 (Moscú) y 1984 (Los Angeles). Los Juegos de Seúl 88 fueron los últimos que permitieron ver claramente la división. El deporte mundial tenía a la Unión Soviética como líder del medallero (132 medallas, 55 de oro) y seguido por la Alemania Oriental (102, 37). La primera nación fuera del bloque comunista fue EE.UU. (94, 36).
En Barcelona 92, en pleno proceso de la disgregación soviética, sus naciones participaron juntas por última vez, como equipo unificado (Mancomunidad de Estados Independientes). Obtuvieron 112 medallas (45 oros), contra las 108 de EE.UU. (37). El impulso del deporte comunista comenzó a flaquear en Atlanta 96. Rusia, el más poderoso bastión de la ex Unión Soviética, quedó en el segundo lugar (63 medallas, con 26 oros). Ganó EE.UU., con 101 medallas y 44 oros.
El podio olímpico es diferente hoy, con el crecimiento chino y la constancia norteamericana, aunque Rusia aún sostiene su prestigio (fue 3° en Pekín 2008).
El deporte cubano, histórico ejemplo de esfuerzo, forjó historias emocionantes. Lo sigue haciendo, porque su política intentó sostener el flujo de aportes que llegaban inyectados desde la Unión Soviética. Pero la caída del sistema comunista se hace sentir también en el deporte de la isla. El declive empieza a notarse en los medalleros.
Muchos deportes sintieron el cimbronazo de la caída del muro. Las fronteras se abrieron y la comunidad europea se vio obligada a reorganizarse. Por ejemplo, las Ligas más poderosas del básquetbol (España, Italia, Grecia) se nutren de centenares de jugadores provenientes de países que nacieron detrás de la cortina de hierro (Lituania, Letonia, Croacia, Serbia, Eslovenia...). Cientos de talentos que hoy eligen las mejores ofertas. Ocurrió con el ajedrez (ver aparte). Y pasa, aunque en menor medida, con el fútbol.
Muchas veces, el deporte cambia su geografía por injerencias externas o por la aparición de talentos oriundos de sitios impensados. La caída del Muro de Berlín quizás haya sido la máxima expresión de estas variantes. Pasaron veinte años de aquel momento histórico y las consecuencias están a la vista.
1 sólo un ciclista alemán ganó el Tour de Francia; en 1997 lo logró Jan Ullrich, nacido en Rostock (RDA).
Unos meses antes de la caída del Muro de Berlín, el Eurobasket de 1989 se jugó en Zagreb, con 8 equipos y consagró campeón al local, Yugoslavia; la Unión Soviética fue tercera.
Zagreb ya no pertenece a Yugoslavia, sino a Croacia. Pero, además, en el Eurobasket de 2009, que se jugó en Polonia (campeón España), aquellas dos naciones estuvieron representadas por siete Estados: Croacia, Macedonia, Rusia, Letonia, Serbia, Eslovenia y Lituania. Y en las eliminatorias de ese torneo también jugaron Estonia, Ucrania y Bosnia. Antes, dos naciones; ahora, 10.
La historia del básquetbol estuvo marcada por el duelo EE.UU. vs. Unión Soviética. Esos dos países, más Yugoslavia, dominaban casi todo. Además del crecimiento de la Argentina, Grecia y España, el mapa del básquetbol se amplió. Los jugadores más talentosos eran los yugoslavos, los de los Balcanes. Pues bien, ahora tienen cuatro naciones poderosas (Serbia, Croacia, Macedonia y Eslovenia; Bosnia y Montenegro están algo relegados todavía). Los jugadores más potentes físicamente eran los soviéticos. Ahora, Rusia, Lituania, Letonia y Ucrania son los más competitivos entre las 15 naciones de la ex URSS.
El nuevo orden post-Muro modificó al deporte. Y el básquetbol sintió el cambio como pocos.
El 10 de agosto de 1986, el Mundial de F. 1 llegó por primera vez a una nación del Este. Fue para disputar el GP de Hungría. Mijail Gorbachov era el máximo dirigente soviético, y el Partido Comunista, a través de su comité central, había puesto en marcha un programa para sacar al país de la crisis (perestroika). La prueba permanece en el calendario, pero sólo un piloto húngaro (Zsolt Baumgartner) llegó a la F.1. En la actualidad hay un polaco: Robert Kubica, desde 2006, es el único de su país en la elite de este deporte.
33 países jugaron las eliminatorias europeas para Italia 90, distribuidos en siete zonas de cuatro o cinco selecciones.
53 estados disputaron las eliminatorias europeas para Sudáfrica 2010, con ocho zonas de seis equipos y una de cinco.
204 países jugaron las eliminatorias para Sudáfrica 2010; para Italia 90, habían actuado 116.



