El rey de los escarabajos

Egan Bernal, ganador del Tour de France 2019, el primer latinoamericano en lograrlo
Egan Bernal, ganador del Tour de France 2019, el primer latinoamericano en lograrlo Fuente: LA NACION - Crédito: Sebastián Domenechs
Ezequiel Fernández Moores
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30 de julio de 2019  • 23:59

Efraín Forero, 20 años, 1,60m, ciclista por accidente, subió en 1950 a la "cicla" precaria que lo llevaba a su trabajo en la Planta Colombiana de Soda. Colocó un repollo debajo de la gorra para engañar el calor. Descendió por la cordillera Oriental al valle de Magdalena. Subió a 3600 metros al páramo de Letras, un paso helado en la cordillera central. Otros ciclistas habían fallecido en el intento. Soportó dolor y hambre, sudor y fango. Pedaleó 304 kilómetros desde Bogotá y lo llevaron en andas cuando llegó a Manizales.

Su hazaña demostró que era posible lanzar en 1951 la primera edición de la Vuelta a Colombia. Diez etapas, 1233 kilómetros, 12 días. Bicicletas al hombro cuando la lluvia convertía al polvo de la carretera en lodazal y a los pequeños riachuelos en enormes torrentes que generaban avalanchas de barro. Asfalto recién en la quinta etapa. Clavículas rotas por la embestida de camiones o motocicletas. De 35 a 2 grados de temperatura. Forero patinó y cayó al otro lado de la carretera. Lo asistió su madre y lo alentó a seguir. Pinchó seis veces sólo en la primera etapa. Rompió cadenas. "El indomable Zipa" ganó con un tiempo de 45 horas y 23 minutos. Fue premiado hasta con corte de pelo gratis de la Barbería Evel. Nada de dinero. Era amateur. Zipaquirá lo recibió con fiesta. Es el mismo pueblo de Egan Bernal, primer ciclista latinoamericano campeón del Tour de France.

En Zipaquirá, municipio de minas de sal de Cundinamarca, cercano a Bogotá, a 2650 metros sobre el nivel del mar, estudió Gabriel García Márquez. El Premio Nobel escribió en 1955 en El Espectador una serie de 12 notas, biografía de Ramón Hoyos, segundo gran campeón colombiano de la Vuelta, primer "escarabajo", como lo apodó el popular locutor Carlos Arturo Rueda en la Vuelta de 1952, por su habilidad para subir en la montaña. En 1959 Fernando Botero pintó "La apoteosis de Ramón Hoyos". Una bestia que se alza por encima de una pila de cadáveres con cascos de ciclista.

"Radiografía del país -dijo una crítica-, su miseria y la vitalidad profunda que permite que no se hunda del todo". Las primeras Vueltas sucedían en tiempos de violencia. Liberales vs. conservadores, dictadura y rebelión de campesinos. Lo cuenta Matt Rendell en su gran libro "Los reyes de las montañas". La Vuelta, escribe el periodista británico, convertía en orgullo los obstáculos montañosos, imaginaba un país y sanaba "heridas de la psique nacional". El fabuloso Martín Rodríguez, "Cochise", ganó la Vuelta de 1964, en plena "Operación Soberanía" del Ejército sobre Marquetalia, cordillera central, una "república independiente" sin control del Estado, campesinos comunistas que luego fundarían el grupo guerrillero Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). "En los valles -dijo "El Zipa" Forero a Rendell- nos saludábamos con los generales y en las montañas veíamos a las guerrillas".

El Zipa llegó torear en la Plaza de Toros de Bogotá en duelo de ciclistas colombianos vs. españoles. "Nos jugábamos la vida por unas sumas miserables". Tiempos de primeras giras a Europa, con vueltas apresuradas por hoteles impagos. Forero ganó la primera Vuelta de 1951 a base de bananas, pedazos de panela y té. Muchos ciclistas habían sufrido desnutrición. Por vergüenza, se negaron a controles médicos en sus primeros equipos europeos. Ya eran años del gran Lucho Herrera, un campesino cuyo rostro sangrante ganando en la montaña del Tour de France de 1985 quedó como postal inolvidable.

Ciclista destacado en aquellos años era también Roberto Escobar, hermano de Pablo. Dineros narcos invadieron todo. Ciclistas arrestados en aeropuertos con cápsulas de heroína en el estómago. Ciclistas asesinados. Ciclistas secuestrados. Ciclistas escarabajos con capacidad pulmonar y torácica favorecida por las cimas de los Andes que pasaban a asombrar en montañas de Europa. El Primer Mundo, eso sí, no llegó gratis. El doping incluyó a estrellas colombianas. Y la Vuelta a Colombia, "alguna vez expresión suprema de nacionalidad colombiana", se redujo a actor secundario en la escena global.

Fue acaso Nairo Quintana un primer gran héroe de la etapa más moderna. Pedaleó de niño en las montañas de Boyacá para cultivar papas, vigilar vacas, hacer repartos a domicilio e ir a la escuela. También Rigoberto Urán, cuyo padre fue asesinado por un grupo paramilitar en el pueblo pobre de Urrao. La TV mostró a ambos sonrientes el último domingo en París, celebrando a Egan Bernal, profesional en Europa a los 19 años. Horas antes de su coronación, recordó Héctor Abad Faciolince, miles de ciudadanos marcharon en 57 ciudades de Colombia en protesta por los asesinatos de cientos de líderes sociales.

El escritor colombiano auguró más triunfos de Bernal. "Porque simbolizan esfuerzo, alegría, dolor, paz, unión y reconciliación". El médico José Bulla, nos cuentan las crónicas siempre deliciosas de Carlos Arribas en El País, eligió el nombre de Egan porque "le sonaba a dios griego victorioso". Acaso resulte demasiada carga para el primer escarabajo ya no gregario, sino finalmente campeón del Tour. Nuevo pionero en la historia del deporte latinoamericano. Hombres que, como escribió una vez Germán Castro Caycedo, "lloran lágrimas negras de barro".

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