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MINNEDOSA, Canadá.- Esto del kayak, de Javier Correa, de Abelardo Sztrum... esto debe ser un milagro o por lo menos algo bastante parecido. Y no por ellos, que tienen chapa para pelearle a los mejores. Debe ser un regalo del más allá por el contexto, por cómo consiguen más medallas para la Argentina en medio de una situación cuasi ridícula.
Un oro más (Correa ganó por robo en el K1 500) y la primera plata (Correa y Sztrum en el K2 500) en Winnipeg 99 volvieron a darle al canotaje nacional un lugar de privilegio en el cuadro panamericano. Un lugar que podría considerarse utópico en condiciones normales.
Porque, antes de llegar hasta aquí, los palistas deben entrenarse no menos de ocho horas diarias. Sufren frío, duermen poco y a veces padecen insomnio con tal de estudiar, pero todo esto carece de valor cuando se lo mide con los términos de las prácticas en el agua.
Correa y Sztrum, al igual que todo el seleccionado argentino, se entrenan en la pista nacional de remo, ubicada en el canal Aliviador, allá en Tigre. Un espanto, según las descripciones que ellos dan.
"Ya estamos acostumbrados a esquivar los caballos muertos que encontramos en el agua. No nos resignamos a que las cosas mejoren, pero tampoco perdemos el tiempo en protestar por el lugar", comentó Correa con un toque de ironía.
No pierden el tiempo en pataleos que puedan desconcentrarlos y eso está bien, a pesar de los... caballos muertos. ¿Y eso?
"A ver... lo más tragicómico que vi mientras me entrenaba fue una vaca muerta flotando al lado mío", recordó el palista Diego Cánepa mientras se lamentaba por el quinto lugar de Fernanda Lauro en el K1 500 de mujeres.
Hay más para el asombro. Hace un par de años, el checo Martin Doktor (campeón olímpico en Atlanta 96) fue a entrenarse por un tiempo a la Argentina. El muchacho se dio por vencido después de chocar su bote contra un chancho.
"Bueno, decir que cada vez que metés la pala en el agua sacás una rama es una nimiedad", agregó Cánepa.
La nimiedad viene por algunos datos más: sobran los deshechos inorgánicos, abunda el mal olor, castiga el frío en invierno y matan los mosquitos en verano. Pero eso también se queda corto: "Muchas veces pasó que tuvimos que parar porque estaban sacando algún muerto del agua".
Nunca uno de ellos golpeó un cadáver, pero sí vieron cuerpos flotando. "Hace poco llamamos a la Prefectura para que sacaran uno".
Las paradojas de este deporte que conquista medallas en condiciones de preparación lastimosa continúan: "La pista se tapa cada vez más, así que a veces, cuando metemos la pala en el agua, tocamos el barro".
Falta. No hay medidas de longitud en la cancha, salvo en los 250 metros, marcados por un... Renault 12 abandonado incrustado de trompa en el río.
"Yo espero que estas medallas y toda la repercusión que tengamos sirvan para mejorar, para poder cambiar y para conseguir algunas cosas que nos hacen falta", pidió Correa unos minutos antes de recibir su tercera medalla dorada en Canadá.
Por ahora, él, Sztrum y todo el seleccionado nacional luchan pala a pala contra los mejores. En el lago de Minnedosa, Correa se llevó tres oros y una plata, Sztrum sumó un primer lugar y otro segundo, Román Turqui peleó hasta el final y casi consigue dos veces una medalla de bronce en C1 1000 o en C1 500, y el resto ofreció una cara completamente decorosa.
El canotaje terminó en estos Panamericanos con una muy buena actuación de la Argentina. A gente que se entrena con vacas muertas al lado y que mide las distancias con un Renault 12 enclavado, más no se le puede pedir. Porque lo de ellos ya es magnífico. ¿O acaso habrá que hablar de un milagro?


