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El trámite se repetía a menudo allá por 1999. Pero ese día la citroneta roja avanzó por la calle Zeballos, pasó por el club Argentino de Quilmes? y siguió de largo. Si se habrá lamentado José Luis Marón. El error le costó caro. Dos cuadras más allá lo asaltaron.
Marón, con las bocinas en el techo de su auto, publicitaba las veladas de box en el club y desde esos parlantes los vecinos comenzaban a escuchar el nombre de Sergio Martínez. Es más, fue él quien solicitó que le pusieran un apodo al chico, porque era lo más conveniente para los afiches y para que empezara a hacerse más conocido. Así nació "Maravilla", aunque hay discusiones sobre quién fue el de la idea del sobrenombre. Algunos dicen que fue el mismo Marón; otros que fue Luis Blancou, relator del programa Al borde del ring en una FM del sur de Quilmes. Pero hasta su tío Rubén Paniagua asegura que fue él el que lo rebautizó.
La promoción, por supuesto, ayudaba, pero a la hora de la pelea no eran más de 300 las personas que iban a ver al actual campeón del mundo mediano del CMB y que el sábado próximo peleará ante más de 30.000 personas en la cancha de Vélez ante el inglés Martin Murray.
Martínez volverá a pelear en el país después de once años, y de una manera muy diferente a la de sus seis años como profesional aquí. Sus peleas, sus rivales y las historias que lo rodearon están a años luz de lo que vive hoy.
Cuando todavía no tenía apodo y ya había asumido que lo de futbolista en Claypole no auguraba buen futuro, hizo su debut profesional el 27 de diciembre de 1997.
Aquella pelea, en Ituzaingó, fue el semifondo de la que Darío Matteoni le ganó por KO a Hernán Pérez Ramos. Le ganó por descalificación a Cristian Marcelo Vivas, un santafecino que hoy, con 40 años, mantiene su trabajo de siempre como panadero. Porque por cada boxeador exitoso, por cada Maravilla, hay miles de historias que transitan caminos similares, que se cruzan en algún punto, pero que se dirigen a destinos disímiles.
En febrero de 1998, Martínez hizo su segunda pelea, en Cipolletti, donde le ganó por KOT a Julio César Villalva. "En el primer round, cuando salimos del clinch, me tiró una mano y creo que fue sin querer, pero me metió el dedo en el ojo y la tuvieron que parar", dice Villalva, que vive en la villa 31. "Hago algunos trabajos en construcción y les estoy enseñando boxeo a algunos pibes? porque tengo el diploma. Hay un galpón, una bolsa, una pera? vino la Tigresa Acuña para inaugurarla. Ojalá que alguien ayude para tener más cosas. A algunos acá les conté que peleé con Maravilla, pero me dicen que es mentira. Les digo que se metan en Internet y lo vean, que yo aparezco ahí, pero no me creen? Yo sé que él se acuerda de mí y que sabe quién soy."

Villalva, que tiene 40 años, y llevaba dos sin subirse a los rings, volvió a pelear el 13 de marzo, en Villa Tesei, se desgarró la pierna derecha y no pudo terminar una pelea con Pablo Curbelo. Dice que le están preparando otra pelea para el mes que viene. Sigue peleando "por unos pesos" para una entidad de segundo nivel y no oficial.
El tercer rival en la vida boxística de Maravilla puede darse el lujo de decir que le sacó un empate al campeón. Es Mario Javier Nieva, vendedor ambulante, al que seguramente conocerán los pasajeros de la línea 391 de José C. Paz. Aquel combate el 14 de marzo de 1998 fue en los estudios de América TV. "No quiero hablar mal de él, ¿me entiende? Pero yo siempre dije que Martínez siente las manos, no tiene buena resistencia en el mentón, es flojo. Yo lo tiré en el quinto en esa pelea", afirma, aunque los registros dicen que aquel empate por puntos fue en cuatro rounds. Cuatro meses después volvieron a pelear en la FAB y allí el triunfo por puntos fue para el quilmeño.
Nieva, que tiene un récord de 7 triunfos, 35 derrotas y 6 empates, recuerda perfectamente que en aquellas dos peleas le pagaron 300 pesos por cada una y hoy observa con orgullo el presente de su viejo rival: "Sinceramente, me siento contento de que esté en el lugar que está. Siempre digo que es de mi gremio y que a él le fue bien. Muchas veces veo las propagandas que hace y me siento bien. Me gusta que alguien que hizo lo mismo que yo pueda disfrutar y estoy contento de haber tenido la posibilidad de pelear con él".
Desde muy temprano, la técnica de Martínez lo hizo sobresalir y se lo reconocía como un boxeador distinto, fuera de la media. "Trato de seguir la escuela de De la Hoya, con habilidad, clase y estilo", contaba en las notas televisivas de la época.
Fue 1999 su año más activo, con diez combates, siete de ellos en el gimnasio del Mate. Por entonces fueron sus primeros combates televisados. El periodista Julio Ernesto Vila, estricto para los datos y las estadísticas, lo presentaba diciendo su récord profesional e inmediatamente recordaba su paso amateur: "Dicen que tiene apenas una derrota en 41 combates amateurs. No se puede probar", se quejaba.
Por entonces ingresaba en el cuadrilátero con la camiseta de Quilmes. Empezó a teñirse para las peleas. Podía aparecer con el pelo azul, violeta, marrón o amarillo. "Cosas de juventud", comentaría más tarde.
Fue el momento en el que empezó a darle dedicación exclusiva al deporte. Su promotor en los comienzos, Cacho Devanna (ignoto en el boxeo local e inexperto en la tarea), se encargaba del armado de las peleas. Maravilla comía todos los días en La Fiola, un restaurante de Devanna. Serio y profesional, se lo podía ver correr cerca del río antes de las 8 de la mañana, aun en el más incómodo invierno.
Los buenos resultados lo llevaron a dar un apresurado paso internacional. Como él mismo reconoce, el primer gran error de su carrera. El 19 de marzo de 2000 peleó con el mexicano Antonio Margarito, que lo superó ampliamente y lo venció por KOT en el séptimo round. "Me equivoqué, pero ojo que no fui el único. Éramos un equipo y todos fallamos", dice hoy Maravilla, que asume la culpa, pero evidentemente tampoco tiene interés en dejar pasar que lo aconsejaron mal.
Al volver, en abril, peleó con Raúl Bejarano, que recuerda: "En el momento de pelear, ya nos conocíamos. Habíamos entrenado juntos un par de veces en el gimnasio de la FAB. Me ganó por puntos, me ganó bien. Pero no le hice las cosas fáciles, porque a mí me gustaba pelear contra zurdos. Es muy difícil pegarle, es rápido, hábil, con un movimiento te deja mal parado". Y dice que hay muchas diferencias entre aquel Maravilla y éste: "En estos años creció mucho. Técnicamente es único. Además, tiene buena presencia, se expresa bien", agrega Bejarano, que dejó de pelear en 2009. "Enseñé boxeo en Lugano 1 y 2, y hoy tengo una camionetita y hago fletes y mudanzas", completa.
Entre junio de 2000 y mayo de 2001, Martínez estuvo sin pelear. Una lesión en la mano, algunas diferencias con promotores y las dificultades sabidas de la estructura del boxeo argentino lo limitaron. Cuando volvió en 2001 (ante Elbio González), lo conducía otro impulso. Ya tenía decidido cambiar su futuro. Ganó el título argentino welter contra Javier Blanco en septiembre. Hizo un par de peleas más, con Sergio Acuña y la última fue con el Chino Francisco Mora el 2 de febrero de 2002. Después partió a España, donde no sin esfuerzos empezó la otra historia. La que, tal vez, sea un poco más conocida.
Ahora vuelve a pelear en la Argentina. Y como siempre dice que no se olvida de sus orígenes, seguro que por su cabeza estarán dando vuelta algunos de éstos y otros tantos recuerdos.
Algunos recuerdos de los seis años en los que Maravilla boxeó en el país
Producción: Juan Trenado, Andrés Vázquez y Sebastián Torok
