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LONDRES (Especial).- Muy simple, casi un juego resultó la defensa de los títulos de los plumas de la Federación Internacional y la Organización Mundial que hizo el inglés, de origen yemenita, Naseem Hamed, ante el retador argentino Juan Gerardo Cabrera, en un combate realizado en el Wembley Arena de esta ciudad.
Demostrando que se trataba de un enfrentamiento entre boxeadores de diferente capacidad pugilística, Hamed, un verdadero ídolo para los británicos, deleitó a los más de 20.000 fanáticos con su espectacular show previo, pletórico de rayos laser y pasos de baile, y luego noqueó a Cabrera tal y como lo había dicho.
Fiel a su estilo, Hamed se despachó a la prensa luego de la pelea. "Fue muy importante dar un buen espectáculo. Yo se lo que hay que hacer, yo se cómo entretener a la gente. Soy el mejor pegador del mundo. Cuando un boxeador recibe golpes como los míos, simplemente no se puede parar".
De acuerdo a lo que había anticipado, Hamed (57 kg) se dedicó a jugar en el primer round, parándose como zurdo, aunque en la única acción clara acertó un ascendente de derecha que conmocionó a Cabrera (56,700 kg), y le provocó una hemorragia nasal.
En el asalto siguiente, Cabrera no pudo siquiera jugarse a una mano salvadora, ya que Hamed salió a terminar su trabajo, como había predicho. Con dos buenas manos le produjo un corte en el párpado derecho al argentino y, a renglón seguido, descargó una andanada de golpes, desde todos los ángulos, con la guardia baja y una pose suficiente, sin importarle lo que hiciera Cabrera.
Cuando una terrible combinación de cruzados hizo trastabillar al argentino hacia su propio rincón, el árbitro norteamericano Lou Moret, con buen tino, decidió evitar una paliza mayor y decretó la victoria por nocaut técnico del monarca, a los 2m17s de ese segundo round.
Así, Hamed, de 23 años, extendió su invicto a 26 triunfos (24KO), mientras que Cabrera, de 22 años, cayó a 24 ganadas (20 KO) y 3 derrotas. Con ésta victoria, el británico suma tres triunfos ante boxeadores argentinos (sus otros dos derrotados fueron Sergio Liendo y Remigio Molina). Todos, por casualidad, cayeron por fuera de combate en el segundo round.
Ahora Naseem Hamed irá en busca de desafíos mayores: el mercado norteamericano y unificar los títulos de todas las entidades de su categoría.
Esperándolo están el campeón de la Asociación Mundial, el puertorriqueño Wilfredo Vázquez, y el monarca del Consejo Mundial, el filipino Luisito Espinosa, aunque el manager del inglés, Frank Warren, enfrío un tanto sus aspiraciones, al aceptar que ambos pugilistas no estarán disponibles hasta fin de año.
Por eso se especula que Hamed, cuyas bolsas no bajan del millón de libras (más de 1.600.000 dólares), expondrá nuevamente sus títulos ante un retador opcional, en los próximos tres meses. Sin embargo Hamed, con la misma jactancia que demuestra sobre el cuadrilátero no se preocupó por el nombre de su futuro oponente. "Lo único que tengo que hacer es presentarme. Con eso ya gané".
Los hombre ni siquiera se vieron parejos en la simpleza del saludo. La lucha, por tanto, no podía ser equilibrada. Juan Gerardo Cabrera ya estaba groggy desde el desmedido show previo. Sólo era cuestión de consumar el abuso. Nada, por supuesto, le costó a Naseem Hamed reírse con el bufón de turno. De combate por un título mundial tuvo poco. Fue casi como una riña escolar, de esas en las que un fanfarrón con fuerza se divertía aporreando a los débiles o temerosos. Un sin sentido más del boxeo.
Cabrera podrá argumentar que la golpiza, al fin parte de su trabajo, le dio 25.000 dólares imposibles de ganar en nuestras tierras. Habrá que aceptarlo. Fue, después de todo, una decisión propia. Como la que toma cada vez que sube a un ring. Quizá creyó posible meter la mano soñada. Esa que saca a muchos del anonimato y de la pobreza. Si por aquí tenía un récord de 24 triunfos con 20 KO y sólo dos derrotas. Números que fríos como lo que no tiene razonamiento lo empujaron a lo inútil.
Por allí, en ese tonto envalentonamiento por cifras, se encontrará su problema. El de todo el pugilismo argentino también. La actividad crece en la Argentina de la mano de la miseria. Aumento que no asegura calidad. Aún peor, la disminuye. Porque la abundancia de peleadores permite el ficticio inflado de registros. Los que valen un poquito suman rápido victorias ante sombras de boxeadores con un par de clases tomadas. De nada sirve.
Quienes viven de este negocio-profesión sin transpirar alientan el paso veloz. Total, tomar un par de monedas aquí y alguna chirola allá es para ellos mejor que solventar una seria campaña de roce internacional. Si Pastor Maurín no quiere o no puede pelear con Hamed, no hay problemas. Alguien llegará para reemplazarlo. De la vieja gloria del boxeo argentino queda poco. Todo es un circo.
El argentino batió por puntos a Salvatore Fanni y retuvo la corona de los moscas en una pelea deslucida.
CAGLIARI, Italia (Especial).- El argentino Carlos Salazar (50,700 kg) retuvo el título mundial de los moscas de la Organización Mundial de Boxeo (OMB) al vencer por puntos al italiano Salvatore Fanni (50,200 kg), en un combate de doce rounds realizado en el anfiteatro de Porto Rotondo.
El argentino, otra vez, tuvo que ponerse el overol y salir a trabajar la pelea, aunque fue netamente superior a su retador, el ex campeón europeo y actual titular italiano.
El campeón manejó el ritmo del match; logró imponer su trabajo habitual, lento, sin arriesgarse a un contragolpe y los pocos recursos del italiano le facilitaron las cosas.
Fanni intentó tomar la iniciativa, pero en ningún momento encontró la manera de quebrar la defensa del argentino y apeló a todo tipo de golpes antirreglamentarios y hasta cabezazos, lo que le valió el descuento de un punto en el cuarto round, por parte del árbitro puertorriqueño José Rivera, de muy pobre actuación.
En cambio, Salazar fue más profesional y esperó siempre, aunque cuando intentó tomar la iniciativa no logró sorprender al italiano.
El campeón, pese al dominio evidente, de a poco se vio envuelto en el juego sucio que planteó el retador. Sólo en el décimo segundo asalto el porteño mostró su potencia al combinar tres ganchos de izquierda en la cara deSalvatore Fanni, que como durante toda la pelea no supo como responder a los esporádicos ataques del campeón.
En ese asalto el argentino sufrió un corte en la ceja izquierda producto de uno de los tantos cabezazos del italiano .
Carlos Salazar se mantuvo expectante durante todo el combate y logró conectar algunos golpes efectivos que conmovieron a su rival.
Esta fue la tercera defensa exitosa del título mundial que realizó Carlos Salazar, de 33 años, que ganó por el fallo unánime de los jurados. Estas fueron las tarjetas: 114-112, 115-111 y 116-113. Con esta victoria, Salazar eleva su récord a 45 triunfos (18 por KO), 7 derrotas y 3 empates; por su parte Fanni tiene ahora 32 ganadas (18 por KO), 5 perdidas y dos empatadas. Pese a su poco ortodoxa manera de boxear, el italiano debió resignarse a la derrota en una pelea que no se recordará por sus virtudes.


