

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.

La medida que prohibe la asistencia del público visitante a los estadios de fútbol fue un reclamo solitario y extremo de Raúl Gamez cuando era presidente de Velez Sarsfield y un poco después también.
Gamez, eternamente identificado como un Quijote contra los molinos del "grondonismo" , reclamaba ese recurso hace quince años cuando el fútbol encontraba sus hechos violentos en emboscadas a hinchas visitantes. Eran tiempos en los que todavía estaba la fantasía de copiar comportamientos y estilos del fútbol europeo para encontrar la solución local al problema visitante. Del final de los noventa hasta estos días el fútbol argentino elige un camino cuando el objeto del conflicto es otro: el problema son los hinchas propios.
El péndulo del fútbol argentino cada vez se mueve en un andar más corto y contradictorio. Choca contra sus bordes con mayor frecuencia y por eso los argumentos de ahora se oponen a los de hace pocos meses. Suenan a palabras actuales los reclamos de Marcelo Tinelli, vicepresidente de San Lorenzo, cuando sobre el final del anterior torneo, sostenía que la medida de prohibir el ingreso de hinchas visitantes significaba una pérdida millonaria para su club: "Le pedimos a la gente del Gobierno que revea esta medida porque podríamos perder entre 200 y 250 millones de pesos si esto se extiende hasta el final del próximo campeonato..", decia Tinelli.
Las informaciones de esta semana dan cuenta del alivio de los dirigentes porque la medida les permite ahorrar dinero en operativos policiales y los exime de tener que colaborar con el traslado de los barras a otros estadios. Colaboración, por otro lado, que siempre niegan. Es difícil de creer que si un club pierde más de 200 millones de pesos por torneo por contar solamente con hinchas propios, los costos de operativos y favores sean superiores a esa cifra y provoque alivio no tener que afrontarlos. ¿O será tan así, qué semejante cifra se escurre por los pliegues de policias adicionales, micros alquilados y viáticos informales?
La otra movida pendular ahora deja en un lugar desventajoso a los llamados equipos chicos. Categoría que nadie quiere admitir que tiene, pero que se enarbola cuando los beneficios nos llegan. El supuesto sentido democrático del fútbol argentino ponía a los clubes chicos en posición de ganar torneos cortos y darle la posibilidad de derribar gigantes en esa proeza. Un logro que contrasta con La Liga de España donde Barcelona y Real Madrid sólo dejan migajas y se adueñan de todos los títulos. Tal vez nuestros clubes chicos puedan quedarse con la copa, pero ya no reciben los ingresos de cuando los visitan los espectadores rivales. No llegan a cubrir con los propios la modesta capacidad de sus estadios. Algo que no le sucede a otros clubes como Boca y Newell's.
Pero todavía falta lo peor. El problema ya no pasa por el cruce de las parcialidades. El núcleo duro del asunto es cuando los hinchas propios se transforman en hinchas visitantes. La razón del alivio es la muestra del tema de fondo que no se resuelve: el hincha visitante no es otro que el hincha local puesto a conquistar territorios ajenos. La barra sigue llegando a su propio reducto como siempre, con custodia y cuidados especiales. Ese ya es el péndulo de cada domingo. No tiene que ver con un reclamo de hace quince años, sino con la realidad semanal donde los malos de visitantes son buenos de ficción cuando son locales.




