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A los 23 años, el santafecino Marcos Maidana se convirtió en un inquietante receptor de todos los criterios que tiene el boxeo, en torno a la madurez y el lanzamiento hacia lo más alto de las figuras del cuadrilatero.
El Chino del pueblo de Margarita se transformó en eso: en el diamante más preciado que, por estilo, por knock-outs y por conformación de carrera, ha forjado la industria del boxeo nacional en los últimos cinco años.
Su éxito ante el veterano panameño Miguel Callist rompió en su favor con algunas dudas acerca de su crecimiento pugilístico y acrecentó otras; éstas, ligadas a la precipitada responsabilidad de convertirse en retador oficial al título que ostenta el francés Souleymane M Baye.
Maidana supo aprovechar al máximo su primera experiencia relacionada al verdadero riesgo de un boxeador profesional. Y Callist significaba eso. Un oponente de mejor técnica, de buena pegada, pero con mandíbula de papel.
El Chino incorporó a su estilo excitante, de palo y palo , un modo de meditación estratégica en los momentos clave para noquear. Y así ocurrió, después de sufrir en el segundo round y repartir golpes, de igual a igual, en el capítulo decisivo. Siempre destacamos, acerca de Maidana, una condición desequilibrante sobre otras esperanzas del boxeo nacional. Y ello implica, sobre todo de ahora en más, un cuidado profesional absoluto.
Este es el caso de un joven con condiciones para ser un gran campeón, que debe evitar una de las constantes en el manejo del boxeo actual: ser subastado en una pelea mundialista al mejor postor, en lugar de esperar y cuidar al máximo sus intereses. Seguramente, las lentas resoluciones sobre las eliminatorias de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) lo favorecerán.
Las exigencias que tiene su presente deportivo lo obligarán a pruebas mas relevantes en 2007. En su crecimiento técnico -muy necesario- y en la sagacidad y superación que muestren sus jóvenes colaboradores, el entrenador Guillermo Serra y el manager Mario Margossian, estará el resultado final de su carrera.
Maidana, sin pensarlo y en modo meteórico, se convirtió en un promesa del boxeo tan apasionante como la que representaban los extrañados novatos de otros tiempos...


