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El silencio se convierte en imponencia. Los ecos del templo despiden desconsuelo, mucha tristeza. Las coronas se multiplican, las flores visten un escenario que despide a su mentor. No se escuchan, pero se palpan los sollozos del Luna Park. Juan Carlos Tito Lectoure, el hombre que lo transformó en un verdadero símbolo de Buenos Aires, falleció ayer, a los 65 años, víctima de una afección pulmonar.
Ocurrió a la 0.40 de ayer, en su casa de Palermo. Lectoure había estado trabajando en el Luna Park hasta las 20 y después cenó normalmente, según comentó un familiar. Pasada la medianoche, comenzó a sentir dolores y cuando llegó la ambulancia a su domicilio, poco pudo hacerse para salvar su vida.
Por supuesto, fue el Luna Park, su hogar más querido, el que se dispuso para brindarle el último adiós. Por los accesos de la calle Bouchard fue incansable el acceso de personalidades del deporte y del espectáculo, así como de ciudadanos que lo admiraban por su condición de hombre honesto.
"Lo admiraba y sabía que era una buena persona", señaló Lucila Góngora, de 65 años, que llegó acompañada por Lidia Di Mateo desde el barrio de Abasto. Ojos incrédulos como el de esas dos señoras se acercaron a brindarle el saludo final a Lectoure. Entre las coronas, se destacaban las del presidente de la Nación, Eduardo Duhalde, y la de la actriz Tita Merello.
A las 11 se concretó un oficio religioso, que se repitió a las 19.30, esta vez conducido por el padre Julio Grassi. El ambiente del boxeo se congregó por el hombre que encarnaba el consejero desinteresado, el segundo padre de cada boxeador. Por eso el abrazo entre lágrimas de Sergio Víctor Palma y Pedro Décima; los sollozos de Ramón Abeldaño, ante Adolfo Arce Rossi protagonista, en 1987, de la última pelea organizada por Tito.
Las presencias fueron variadas: Teté Coustarot, Pepe Parada, Cacho Fontana, Ernesto Cherquis Bialo, Amalia Lacroze de Fortabat, Fernando Marín... Sobraron personalidades para despedir a quien le abrió las puertas a un sinnúmero de actividades.
Además de boxeo, hubo basquetbol, voleibol, tenis, judo... sin olvidarse de los inolvidables Seis días en bicicleta . Por la esquina de Bouchard y Corrientes pasaron desde los malabarismos de los Harlem Globetrotters hasta las tomas de Martín Karadagian y sus Titanes en el Ring.
Ubicado en las antípodas del patrón de despacho , Lectoure era un trabajador más, capaz de pararse en la separación de tribuna y platea para evitar (a los empujones, si era necesario) que tuviesen éxitos quienes intentaban colarse .
Pero no forjó de la nada tanto prestigio. A los 19 años empezó a trabajar en el estadio que en 1932 habían fundado su tío, José Lectoure e Ismael Pace. Y al año siguiente fue el elegido, de entre cuatro hermanos, para hacerse cargo del manejo del Luna Park (hoy propiedad de su tía Ernestina, de 83 años), el lugar que hasta utilizó metafóricamente para encubrir su eterna soledad: "En realidad no soy soltero, me casé con el Luna Park".
Su salud había tenido muchos sobresaltos en los últimos tiempos y debió soportar complicaciones cardiovasculares que obligaron a intervenciones quirúrgicas en las que se le colocaron cuatro by-pass.
Hoy a las 10, en el cementerio de Chacarita, encontrarán descanso sus restos, que serán colocados en una bóveda familiar.
El boxeo fue el despegue para un personaje que colocó su nombre como referente inevitable de Buenos Aires. Se fue Tito Lectoure, el alma del Luna Park.
Osvaldo Príncipi (periodista): "El era un educador deportivo. Más allá de los campeones del mundo, él se ocupó de la vida de todos aquellos boxeadores que quedaron en el anonimato".
Esteban Osuna (ex campeón argentino welter): "Yo peleé durante 20 años en el Luna Park y jamás necesité firmar un contrato. Eso pinta lo que fue Tito Lectoure para los boxeadores".
Horacio Accavallo (ex campeón mundial mosca): "Justo hace 36 años estábamos en Tokio celebrando mi título y ahora tengo que soportar esta irremediable pérdida. Tito fue una gran pérdida en mi vida".
Ramón Abeldaño (ex campeón argentino welter): "Lo poco que tengo es gracias a él. Siempre me ayudaba antes de cada pelea. Fui alguien en el boxeo por obra de Tito Lectoure".
Santos Laciar (ex campeón mundial mosca y supermosca): "Estuvo presente en mi debut en 1976 y me aconsejó desde el primer momento. Era un ser humano excepcional".



