El duelo de bicampeones quedó en las manos de Boca

El equipo de Carlos Bianchi venció por 3 a 2 a Barcelona; Riquelme jugó 30 minutos y fue la figura.
Christian Leblebidjian
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12 de agosto de 1999  

ALICANTE, España.- Boca se dio el gran gusto. Por más que siempre quiso sacarle importancia al partido y se lo calificó como un amistoso más, lo cierto es que el honor de los dos estaba en juego. Es verdad que nadie se acordará de la Copa que ganó Boca denominada "Trofeo de los Campeones", pero seguramente en la mente de muchos permanecerá el resultado. Se sabía que Barcelona y Boca no iban a jugar con todo su potencial, pero terminaron entrando en el excelente juego que es el fútbol, donde el resultado domina a la pasión.

Entonces, cuando la situación se tornó complicada y el partido pasó a ser áspero e intenso, ambos cambiaron. Y tanto Bianchi como Van Gaal coparon la parada cuando el partido estaba 1 a 0 para Boca. Claro, los dos querían ganar.

Gol de Antonio Barijho después de que la pelota pegara en el travesaño. En realidad, el balón no entró y sólo lo vio adentro del arco el asistente Villarría Cuevas, ayudado por ese gran poder de convencimiento de Carlos Bianchi, que cuando lo observó caminar hacia el círculo central, saltó del banco para gritar el gol y terminar de persuadir al línea de que llegue a su destino.

El primer tiempo se fue con el 1 a 0 para Boca, un tiempo que dejó para el elogio el panorama de César La Paglia y un par de intervenciones de Oscar Córdoba, especialmente ante un disparo terrible que le sacó a Cocu. Ah, en Barcelona hay un juvenil llamado Mario que va a dar que hablar.

En el segundo tiempo vino lo mejor. Porque los dos jugaron sus mejores fichas. Y a los 15 minutos, Boca ya contaba con Cagna, Serna y Riquelme. Después se sumaría Palermo. Y Van Gaal mandó a la cancha a Figo -primero le sacó la capitanía a Frank de Boer y después se armó una fiesta por el sector derecho-, Kluivert, Zenden y Litmanen. El partido creció en emotividad, en llegadas y en... el juego fuerte. Los dos, que comenzaron jugando un amistoso, terminaron poniendo todo. Serna discutió con Figo y Gabri con Riquelme. Nadie quería regalar nada. Se acercaba Boca, pero contestaba Barcelona.

El segundo gol llegó después de un buen tiro libre de La Paglia que rozó en el mellizo Guillermo -¿mano de por medio?- y se metió en el segundo palo. Y cuando Boca trató de acomodarse llegó el descuento de Zenden.

Pero Boca fue inteligente y demostró que se hace fuerte en la adversidad. Porque Barcelona tenía la pelota, pero el juego lo manejó el equipo de Bianchi. Y con un mago como Juan Román Riquelme, que es capaz de marear a la pelota de tantas veces que la pisa y la hace girar. De sus pies llegó el tercero. El de la venganza de Palermo, en un país donde lo critican bastante. Por los penales errados, por lo que había dicho Jesús Gil y Gil (el presidente del Atlético había dudado de sus neuronas). Por todo. Se quedó festejando en el piso, con los brazos en alto.

Ese gol tampoco le dio tranquilidad a Boca porque enseguida volvió a descontar Figo en una gran acción individual. Y le quedaban a Boca 12 minutos para aguantar y salir de contra. Aguantó, ganó y hasta pudo haber marcado un gol más. Y festejó merecidamente. Porque más allá de los adornos que rodeaban al partido, el cartel del resultado dijo Boca 3 v. Barcelona 2. Y muchos de los jugadores que estuvieron en la cancha se pondrán contentos cuando dentro de 10 años le digan a sus hijos: "¿Sabés?, yo jugué en aquel equipo de Boca que le ganó al Barcelona en agosto de 1999..."

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