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Hace 35 años, se jugó el famoso partido en el que River le ganó a Boca 2-0 con dos goles de Norberto Alonso. Pero el encuentro pasó a la historia por dos hechos particulares por los que todavía es recordado con cariño por los hinchas millonarios: River dio la vuelta olímpica antes de comenzar el cotejo en la cancha de su eterno rival y el primer tanto lo marcó Alonso con una pelota naranja.
El balón original Adidas Tango de color naranja con el que se jugó ese encuentro estuvo desaparecido desde que terminó el partido y no se volvió a saber de él hasta varios años después. ¿Qué fue lo que pasó en el medio? Porque la pelota no estuvo expuesta en River y tampoco en Adidas. Hay un rumor que afirmaba que estuvo exhibida en un restaurante como trofeo hasta que volvió al lugar al que siempre perteneció.

En la década de 1990, luego de años sin tener rastros de su paradero, la pelota naranja fue donada por el árbitro Francisco Lamolina al club millonario y actualmente reposa en una vitrina del Museo River.
Ubicada cerca de los trofeos internacionales que ganó el conjunto millonario, en dónde se destacan la Copa Intercontinental de 1986, contra el Steaua de Bucarest de Rumania y la Copa Libertadores, la pelota naranja es uno de los tesoros más elegidos por los visitantes que van a repasar la extensa y rica historia de River.
Alonso, que a lo largo de su carrera convirtió 163 tantos en Argentina (149 en River y 14 en Vélez) y otros 3 en su breve paso por Francia, cuando vistió los colores de Olimpique de Marsella en la temporada 1976/1977, marcó goles de distintas maneras y de diversa importancia pero ninguno tan importante ni recordado como el primero que le hizo la tarde del 6 de abril de 1986 a Boca en La Bombonera.
Por esa razón, el gol que marcó el ídolo riverplatense con la pelota naranja está a la altura de los inolvidables recuerdos que dejaron otros próceres de River como Ángel Labruna, Amadeo Carrizo, Ramón Díaz o Marcelo Gallardo, entre otros.
Según el propio Alonso, la idea de que una inédita pelota naranja formara parte del superclásico fue de Hugo Gatti, el arquero de Boca, quien la vio en la semana previa en una de las oficinas de Adidas y se lo planteó a Lamolina, el árbitro del partido, quien dio el visto bueno. El planteo del Loco era que si llegaba a haber muchos papelitos sobre el campo de juego, tal vez con la clásica pelota Tango blanca y negra, no se iba a poder jugar.

Esta misma versión fue la que ofreció el presidente del Museo River, Rodrigo Daskal, al ser consultado por LA NACION. “Llevaron la pelota naranja porque en el clásico anterior, jugado en el Monumental con victoria de River 1-0 sobre Boca con gol de Alejandro Montenegro desde afuera del área y al ángulo, no se veía nada por la cantidad de papelitos que había sobre el césped. Y previendo que podía pasar lo mismo en La Bombonera, la llevaron para jugar el primer tiempo”, aseguró Daskal.
Cuando faltaban todavía tres fechas para la finalización del torneo de primera división, el equipo dirigido por Héctor Bambino Veira ya se había consagrado campeón anticipado en el partido que había jugado contra Vélez Sarsfield en el estadio Monumental.
Si bien River había conquistado casi un mes antes el Campeonato 1985/1986, en todos lados se discutía si el Millonario iba o no a dar la vuelta olímpica al salir al campo de juego en terreno xeneize.

Tras la consagración ante Vélez, River había jugado ante Gimnasia en La Plata en dónde se llevó a cabo un festejo moderado, y ante Deportivo Español de local con una celebración previa que tuvo una vuelta olímpica que no se había podido dar completa ante Vélez por la invasión del campo de juego.
Finalmente, se llegó a la tarde del 6 de abril con la incertidumbre sobre qué iba a pasar antes del encuentro. Apenas salió el plantel de Boca por el túnel, hizo lo mismo River, encabezado por su capitán Américo Tolo Gallego. El equipo enfiló como si fuera hacia el centro de la cancha pero luego dobló hacia el sector de los palcos iniciando la histórica “media vuelta olímpica”. Y luego encararon hacia las dos bandejas repletas de hinchas riverplatenses colmadas.
Años después, el propio Alonso contó la intimidad del festejo. “La noche anterior al partido nos juntamos en la habitación del Cabezón Ruggeri y yo ahí dije ‘me van a sacar muerto pero voy a dar la vuelta olímpica’. Y eso hicimos, dimos la vuelta porque éramos los campeones y nunca me voy a arrepentir”, explicó.
A los 30 minutos del primer tiempo, Héctor Enrique intentó pasar entre Enrique Hrabina y Roberto Passucci, y el árbitro sancionó falta. Sobre la derecha del ataque millonario, Roque Alfaro mandó un centro pasado y Alonso se elevó por encima de todos para conectar un frentazo cruzado y poner el 1-0 parcial.
En agosto de 2020, en diálogo con una radio partidaria, Alfaro repasó el gol más festejado esa tarde en la Bombonera. “A veces pienso, recuerdo y hay diez segundos de una jugada por la que estoy en la historia grande de River. ¡Y me siento tan feliz! Por culpa de esa pelota naranja de la que tanto hablan, estoy involucrado. Yo, la pelota, el Beto Alonso y Gatti somos los únicos que participan en la jugada”, dijo el exvolante millonario.

“La pelota naranja apareció un rato en el partido, fueron veinte o veinticinco minutos que se jugó con ella. Después, en el segundo tiempo, el Beto hace el gol con la pelota blanca y negra porque habían sacado los papelitos en el entretiempo. Yo formo parte de un momento importante de la historia de River porque soy el que tira el centro. Me enfocan a mí, a la pelota naranja, al cabezazo del Beto Alonso y al Loco Gatti que se pasa”, agregó Alfaro.
Alonso festejó el gol besándose la camiseta casi al borde del llanto y frente a la platea de socios de Boca, como para ratificar ante todo aquel que lo estuviera viendo, su amor incondicional por la banda roja.
En el segundo tiempo Boca salió dispuesto a empatar. Y más aún cuando a los 21 minutos fue expulsado Montenegro, el autor del recordado gol a Gatti en la primera rueda. El defensor estaba amonestado y golpeó a Alfredo Graciani. Lamolina le sacó la segunda amarilla y River se quedó con diez hombres.
En el conjunto millonario ya no estaba Enzo Francescoli, la gran figura del campeonato con 25 goles, que había sido transferido al Racing de París.

Nery Pumpido, el arquero que sería campeón del mundo en México 1986, empezó a erigirse en la figura del conjunto millonario hasta que una infracción en la puerta del área rival a Claudio Morresi, le dio la oportunidad a Alonso de aumentar la ventaja.
El Beto le pegó esta vez a la Tango blanca y negra, que tenía destino hacia el ángulo izquierdo de Gatti. Pero el remate se desvió en el brazo derecho de Passucci y se metió mansamente a la derecha del arquero. Alonso anotó su segundo gol para sentenciar el marcador 2-0 para River en el que sería su último superclásico.
Como broche de oro para su extraordinaria carrera, meses después, Alonso se coronó campeón de la Copa Libertadores de América en octubre y, en diciembre, levantó la Copa Intercontinental en Tokio, Japón, cuando también fue figura del equipo al ceder el pase gol al uruguayo Antonio Alzamendi para la victoria 1-0 sobre Steaua de Bucarest.
El 6 de abril de 2016, con motivo del 30° aniversario del gol de Alonso con la pelota naranja, River sacó al mercado una remera conmemorativa. El diseño mostraba la tradicional banda diagonal pero en color negro y, tres partes: una franja central gruesa y dos exteriores más finas. Se destacaba la inclusión de un parche alusivo a la pelota naranja Adidas Tango con las inscripciones “Campeonato 85-86” y “30° aniversario – 6 de abril de 1986”.

Y el Beto recibió el cariño de la hinchada millonaria cuando le entregaron una plaqueta para celebrar uno de los goles más recordados para cualquier fanático de River. “Yo entregué el corazón y la gente me entregó el suyo”, dijo el ídolo riverplatense en aquella oportunidad.



