

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.
El yachting fue la estrella argentina en los Juegos de Sydney, porque fue el principal responsable de que nuestro país alcanzara la mejor actuación desde Helsinki 52, donde se consiguieron una medalla dorada (remo), dos plateadas (atletismo y boxeo) y dos de bronce (pesas y boxeo). Merced al segundo lugar obtenido por el windsurfista Carlos Espínola, en la Clase Mistral, y a la tercera ubicación de la timonel Serena Amato, en la Clase Europa, y de la tripulación Javier Conte-Juan de la Fuente, en la Clase 470, la náutica adquirió un protagonismo extraordinario.
Merecido reconocimiento para una actividad de extensa tradición en la Argentina, que comenzó a organizarse formalmente hacia fines del siglo XIX. Las hazañas de Hortensio Aguirre Anchorena, a bordo del barco Nemo, propiciaron el encuentro de sus parientes y amigos, más los integrantes de la extinguida Boating Society (fundada en 1861). El resultado de aquellas reuniones fue la creación, a mediados de 1882, del Yacht Club Nacional, paso previo a la fundación del Yacht Club Argentino (YCA), concretada el 2 de julio de 1883.
Justamente una embarcación del YCA -llamada Bluered y tripulada por J. Aguirre, César J. Gérico, Juan C. Milberg, Bernardo E. Milhas y Mario R. Uriburu- fue la que representó al país en los Juegos de París 24, inaugurando así la presencia celeste y blanca en las competencias olímpicas. También hubo navegantes nacionales en Amsterdam 28, pero no en Los Angeles 32; la participación se reanudó cuatro años después, en Berlín.
La gloria llegó en Londres 48. Enrique Sieburger, Rodolfo Rivademar, Enrique Sieburger (h.), Emilio Homps y Julio Sieburger se adjudicaron la medalla plateada en la Clase 6 metros, desempeño que fue igualado 12 años más tarde (Helsinki 52 y Melbourne 56, mediante), en Roma 60, cuando Jorge Salas Chávez, Jorge del Río y Héctor Calegaris se consagraron subcampeones en la Clase Dragón. A partir de entonces, con excepción de Moscú 80, el yachting argentino no volvió a faltar.
Es más, en los últimos cuatro Juegos nuestras delegaciones han competido en un promedio de no menos de seis disciplinas. La presencia más numerosa en la historia se registró en Atlanta 96, donde las naves del Río de la Plata aparecieron en siete especialidades: Laser, Europa, Mistral femenino y masculino, 470 femenino y masculino, y Star.
No es casual este brillante presente de la náutica nacional, que luce en sus vitrinas casi 40 títulos mundiales en las distintas clases. Como todo éxito, surgió como consecuencia de una conjunción de factores, a saber:
Ejemplos por seguir. Más deportistas realizaron una campaña más seria con miras en el largo plazo. La fructífera planificación efectuada por Santiago Lange y Espínola para Atlanta 96 marcó el rumbo de este plantel. En los Estados Unidos, Lange fue 9º en la Clase Laser, entre 56 participantes, y Camau, subcampeón (en la actualidad, el correntino es el único argentino con dos medallas plateadas consecutivas; el pesista Humberto Selvetti, en Helsinki 52 y Melbourne 56, y el remero Alberto Demiddi, en México 68 y Munich 72, ganaron bronce y plata, respectivamente).
Miedo escénico superado. Para dos de los tres que se subieron al podio, Sydney 2000 no fue la primera cita olímpica. Espínola ya había estado en Atlanta 96, al igual que Amato (fue 8» en Europa y trajo un diploma), y en Barcelona 92.
Es cierto que Conte y De la Fuente debutaron en este tipo de certámenes, pero su entrenador fue Alejandro Irigoyen, representante nacional en Los Angeles 84, también en la Clase 470, con Gonzalo Heredia como tripulante.
Apoyo económico. El yachting recibió el mayor presupuesto de la Secretaría de Deportes y Recreación ($ 589.745). Ese dinero no sólo ayudó para llegar a Australia con un mes de anticipación y conocer los secretos de la complicada cancha de regatas, sino también costear muchos de los gastos del exigente circuito internacional, donde compiten los mejores: campeonatos mundiales y europeos; la Semana Olímpica de Barcelona; el Torneo Princesa Sofía, de España; la Semana de Hyeres, de Francia; el Spa Regatta, de Holanda, y la Semana de Kiel, de Alemania, entre otros.
El dinero no es proporcional a los resultados (el segundo presupuesto, por ejemplo, fue para el hockey sobre césped, que regresó con una presea plateada en damas y un diploma en caballeros, aunque el tercero se destinó al atletismo, cuyos once deportistas ni siquiera igualaron sus marcas), pero es más factible acceder al podio sin padecer apremios económicos.
Y si a esa mayor tranquilidad monetaria y al talento se le añaden colaboración, perseverancia y planificaciones ajenas a la inmediatez, no será extraño que nuestro país saboree más medallas en Atenas 2004. El éxito del yachting argentino se cocinó así...


