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La semana se pone en marcha en Caballito en un lunes muy especial en lo estrictamente futbolístico: el descenso de Ferro; pero el deporte tiene otra cara y otros colores en el barrio; los que defiende el delantero uruguayo Diego Forlán, de 21 años, que desayuna en su departamento junto con su madre, Pilar, que vino a visitarlo desde Montevideo. El atacante de Independiente todavía no habló con papá Pablo, recordado lateral derecho de Peñarol y de San Pablo, acerca del gol y del triunfo de anteayer frente a San Lorenzo por 2 a 1 en el Nuevo Gasómetro. "En los momentos en que los necesito ellos están. Cada uno tiene sus ocupaciones y por ahora hay que asumir que la familia está separada. Esta profesión tiene esas cosas. Pero en cada gol festejo a la distancia con ellos." Después de un partido difícil de olvidar, lo esperan las clases de inglés, por la mañana, y el entrenamiento, por la tarde. En el medio está la hora que, pase lo que pase, le dedica a navegar por Internet para chatear con sus amigos uruguayos. A través de la red informática les rememora sus aciertos delante de la red del gol. "Una hora al mediodía y una hora a la noche me meto en la computadora. Me fijo si están en línea mis amigos que tengo en Carrasco, cerca de Montevideo, y nos quedamos chateando. Para mí es un recurso bárbaro para no extrañar tanto", explica. Proveniente de Uruguay, llegó a Buenos Aires a probar suerte. Hace más de dos años que desembarcó en Independiente y fue tan importante para él que hasta se acuerda del día: "Fue en pleno verano. Llegué el 26 de enero de 1998. Gracias a una recomendación del Pato Pastoriza me abrieron las puertas. Me acuerdo ed que me recibió el Bocha (Bochini), todo un orgullo".
Para no perder los lazos con los seres queridos que quedaron en su país, a principios de este año se compró la computadora. Ahora, más allá del correo electrónico, la utiliza para mejorar las pronunciaciones en el aprendizaje del inglés. "Al principio siempre cuesta. La adaptación a otro país y a estar lejos de la familia no es sencilla. El año último me puse como meta hacer un curso de Internet, y ahora estoy más o menos metido", comenta el uruguayo. En lo que va del Clausura, Forlán se conectó varias veces con la red del gol. En una ocasión hizo doble clic con su zurda y se metió en la página de la euforia. En el Apertura 99 dio su primer grito, y en este Clausura ya lleva cinco. Se ganó la confianza del técnico Enzo Trossero y por eso se afirmó como una variante interesante en el ataque de Independiente. Así explicó su momento: "Estuve mucho tiempo en el banco y ahora que alterno de titular no me pienso desesperar. Trabajé siempre para conformar al técnico y para serle útil. Por suerte, ahora le estoy respondiendo frente al arco". Entre el buen ánimo que da sentirse candidato al título y los estímulos renovados, Forlán reflexiona: "Nosotros tenemos que seguir como si no pasara nada. Festejar sólo después de los partidos y nada más. River es un equipo sólido y dependemos de ellos". Un virus rojo quiere entorpecer el sistema millonario, y no se dude: Forlán es uno de los programadores más letales.
