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En un mundo en el que lo inmediato se antepone a lo esencial, el récord y la próxima inclusión del nombre de Francisco Benkö, de 92 años, en el libro Guinness como el jugador de edad más avanzada que participó de un campeonato nacional de ajedrez, será, sin duda, la noticia que trascenderá y rozará el valor de la hazaña.
Sin embargo, otras proezas, invisibles a los ojos de muchos, acompañan el andar lento de la aún robusta figura de casi un siglo de vida. Historias de miedos, sueños y espantos que agigantan la humanidad del ciudadano argentino desde hace ya 50 años, de origen alemán y húngaro de nacionalidad.
Sin padre desde los dos años, la Primera Guerra Mundial le estalló sobre los ojos de la infancia durante la cuarta primavera en su Berlín natal. “Yo vi cómo el ejército alemán marchaba hacia la guerra y la gente le arrojaba flores a su paso; también los vi cuando volvieron y cómo volvieron; la mayoría ensangrentados y con enormes vendajes en sus cabezas, manos y piernas”, dice Franzen Benkö, que en la cédula argentina que respeta la fecha de nacimiento, 24 de junio de 1910, figura como Francisco.
“Fue muy difícil para mi madre (Alicia) atendernos a mi hermana (Ana) y a mí, en medio de tanta miseria. Una vez tenía tanto hambre que cuando llegué al colegio me bebí toda la tinta que había en el frasco de un tintero”, reflexiona uno de los dos ajedrecistas más longevo del mundo (el otro, un italiano, Paoli) en su chalet en el barrio Ciudad Jardín, en El Palomar.
Aunque aún conserva la inconfundible voz aguda, la particular carraspera, el modo de pronunciación que delata su origen extranjero y la dentadura clara que reemplazó a la otra que por falta de calcio se cayó por completó antes de los 36 años, el vozarrón se entrecorta, los dientes rechinan y los ojos claros se humedecen cuando rememora una nueva etapa en el tablero de la vida a los 16 años.
“A esa edad quedé huérfano de madre; ella murió de tuberculosis. Necesitaba trabajar para poder sobrevivir y, por suerte, ingresé en una especie de hipódromo donde conocí a una mujer, mi jefa, Franzen Bu, 15 años mayor que yo, de la que me enamoré perdidamente”, señala el veterano ajedrecista que habla cuatro idiomas, inglés, francés, alemán y algo de castellano (risas), y se defiende con el holandés, ruso, italiano, sueco, griego, latín y portugués.
En la soledad del ajedrez, en los sueños de la literatura y en la armonía de la música clásica, Benkö creyó encontrar el mejor refugio para evadirse frente a tantas adversidades de la vida, aunque un nuevo espanto lo aguardaba sobre otra casilla, Adolf Hitler.
“Era insoportable escucharlo todo el día hablar por radio. Gritando e intimidando a la gente. No existía la ley ni había seguridad; en verdad tenía miedo a morir. No tenía salvación, era perseguido a pesar de mi nacionalidad húngara porque mi madre había sido judía. Para salir de Alemania sólo te permitían tener hasta 10 marcos alemanes. Mi hermana y yo, con 10 cada uno, nos lanzamos a la aventura; es que un amigo nos consiguió de un país sudamericano un certificado de trabajo falso y así llegamos a subirnos a un barco en Rotterdam”. Hoy no resulta difícil comprender por qué Francisco Benkö llegó a la Argentina, por primera vez en 1936.
Tres años después, trajo a estas a tierras a su ex jefa, Franzen Bu, que fue autorizada a viajar con una exclusiva condición: contraer matrimonio.
“Un policía estuvo a mi lado mientras ella bajaba del barco. Luego nos acompañó por la calle Paraguay hasta el Registro Civil, esperó hasta que nos casamos y recién allí se marchó deseándonos suerte a ambos”, nos cuenta de manera risueña.
“¿Si soy feliz jugando ajedrez?, Por supuesto, y también leyendo o escuchando música, porque estas cosas me salvaron la vida”, dice el jugador que bate récords de presencia en los distintos certámenes del ajedrez vernáculo. Y agrega: “Ya no necesito inscribirme porque me conocen y me invitan de todos lados y en otros me clasifico por las mías, como el Campeonato Argentino Superior, que lo jugué dieciocho veces. Es récord mundial jugarlo a mi edad, pero me faltan otras cinco participaciones más para alcanzar otra marca, ser el ajedrecista que más veces lo jugó”, dice entre sueños y certezas, uno de los mejores 500 jugadores federados del país, que en septiembre de 2002, participó del último certamen nacional y, entre 70 jugadores finalizó a 3 puntos del vencedor, Martín Labollita.
“Es importante que los chicos jueguen ajedrez, así como yo, sin grandes ambiciones. Es que debo ser el campeón mundial de partidas perdidas (risas). Este es un juego noble y para toda la vida”, dice a modo de reflexión.
-¿Cuáles fueron sus mejores logros en el ajedrez?
-Gané algunos torneos en homenaje a mi amigo Roberto Grau, llegué a un 5to. puesto en un campeonato argentino y varios triunfos más, pero, quizá, lo mejor fue una victoria ante Bobby Fischer (en el Club Argentino), en una partida a 5 minutos, y los dos empates en simultáneas contra el Dr. Alekhine, cuando él era campeón del mundo.
Francisco Benkö, un record-man en el tablero de juego. Un rey, noble y guerrero, con batallas memorables sobre el tablero de la vida.
En el ambiente ajedrecístico, Benkö es conocido por poseer una extraordinaria colección de problemas de ajedrez que transcribió manualmente; 38.000 ejercicios integran el vasto archivo. En 2002 logró la 5ta. Mención de Honor en un certamen, sobre estudios de finales, en Holanda.



