Algo habrá hecho, don José Vignatti

Claudio Cerviño
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9 de agosto de 2001  

Son tiempos críticos y negativos en general. Por ello, y aunque se trate de un reconocimiento breve para lo que merece, repercute por partida doble y es imposible soslayar lo que ha edificado José Vignatti como presidente de Colón, de Santa Fe, desde 1992, algo que quedó rubricado en la entrevista publicada ayer por LA NACION Deportiva. Ese hombre de 56 años que es la antítesis de la dirigencia argentina; que tiene un club cuyo equipo por ahora no da vueltas olímpicas, ni jugadores que amenacen con no entrenarse o viajar si no se cancelan deudas; ese hombre que no maneja una entidad con empleados descontentos por no saber cuándo podrán cobrar y que tampoco tiene un técnico con aires europeos que le pida refuerzos 25 horas al día.

El no admite ser el mejor dirigente del fútbol argentino, pero lo es. Conduce un club que no sabe de los pasivos que hoy no han permitido el arranque del torneo Apertura; "el fútbol perdió la ética" , sentenció. ¡Cuánta verdad en sólo cinco palabras!

Es realista, muy realista, Vignatti. Por eso, Colón vive precisamente de realidades. Informalmente, algunos de sus colegas (¡cuánto cuesta denominarlos colegas!) disparan: "Claro, le dan los números porque maneja un club chico, al que le da lo mismo ser campeón o décimo". La pregunta es: ¿saben ellos manejar un club o empresa grande? Rotundamente, no. La respuesta está en los números. Hay clubes con pasivos tremendos (River, San Lorenzo); otros que tienen una quiebra de 60 millones detrás de un gerenciamiento que les permite seguir en carrera (Racing); hay más: Central y Talleres, sin poseer una diferencia abismal sobre Colón, son de los más endeudados en la encrucijada actual sin solución a la vista.

Colón cumple. Colón está al día. Para infelicidad de sus hinchas en este cuadro de situación, no es campeón. Nunca lo fue. Los demás, algunos de ellos, sí festejan o bien se dan el gusto de tener roce internacional, ser menos anónimos; buscan créditos, moratorias, refinanciaciones, luego de no cumplir con su palabra. Colón es la imagen del ciudadano común que no apoya la cabeza en la almohada en paz si no ha pagado sus impuestos. Y debe sentirse atribulado cuando advierte, a su alrededor, tanto despropósito, tanta impunidad. Se entiende.

Vignatti dijo que no fue hace nueve años al club Colón para servirse, sino para servir a Colón. Y que el apego a su gran amor derivó en descuidar hasta su propia familia y a rozar situaciones límite, como la de pensar en quitarse la vida.

Sin utilizar el fútbol, su función, como plataforma política, Vignatti bien podría reventar las urnas si se postulara para otra clase de comicios. Es sólo una presunción.

Algo habrá hecho .

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