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A las 17.45 de ayer, Mario Israel -presidente del consejo de fútbol profesional de River- recibió un llamado en su celular. Del otro lado de la línea se escuchó la voz de Matías Almeyda. "Te estuvimos esperando para hacerte la revisión médica", le expresó sorprendido el dirigente al futbolista. La respuesta no se hizo esperar: "Les agradezco la propuesta que me hicieron, pero decidí abandonar definitivamente el fútbol." Otro dolor de cabeza para la dirigencia y el cuerpo técnico millonario.
La decisión sorprendió a todos, aunque en la semana existieron algunos indicios de un posible retiro. Por un lado, la insistencia del futbolista para incorporar una cláusula que le permitiera rescindir el contrato a los seis meses; por otra vía, una fuente cercana a la comisión directiva dejó entrever que, además, el jugador tenía intenciones de disputar sólo un partido por semana.
"Tener que firmar y después decirle a River que largaba todo no hubiese sido justo; tenía que parar el caballo ahora. En el fútbol, muchas veces hice lo que los demás pretendían; ahora hice lo que yo pienso", manifestó Almeyda ayer por la tarde por Radio Rivadavia.
El futbolista, de 31 años, amagó en un par de ocasiones con ponerle fin a su carrera deportiva: hace un año y medio firmó contrato con Independiente, se entrenó con el plantel, pero luego se alejó del equipo aduciendo cuestiones de seguridad, pues amenazaron con secuestrar a su padre.
"No es por la plata que me voy. El fútbol me cansó. Siempre me quejé mucho del ambiente del fútbol, pero me costaba dejarlo. Tomar esta decisión fue más difícil de lo esperado, pero ya no puedo dar más. El físico me duele mucho y anímicamente no estoy bien", esgrimió como argumentos el futbolista que, en el último semestre, disputó cinco partidos en Quilmes por la Copa Toyota Libertadores.
El dictamen de decirle adiós al fútbol profesional no es un pensamiento nuevo en la mente de Almeyda. Cuando su nombre comenzaba a hacer ruido en el mundo del fútbol, a mitad de la década del 90, el mediocampista expresó que, como máximo, jugaría hasta los 27 años y que su vida estaba en algún campo de Azul, su ciudad natal. Falló en el cálculo, aunque la determinación siempre estuvo en su cabeza.
River creyó tener solucionado al sustituto de Javier Mascherano; ahora deberá salir nuevamente al mercado. La prioridad sería la contratación de Claudio Husain, que de concretarse, retornaría por cuarta vez al club de Núñez.
La desvinculación del chileno Marcelo Salas, de Juventus, de Italia, con quien tenía un año de contrato, le permitirá a los dirigentes de River intensificar las negociaciones. De ese modo, satisfacerían el pedido del DT Astrada, que desea contar con el delantero durante la próxima temporada.


