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BARCELONA (Especial).- Con clase y calidad, la nostalgia es menor y la adaptación es más rápida. El de Juan Román Riquelme resulta el ejemplo más demostrativo. Ya no escucha el "Riiiquelme" largo y atronador de la Bombonera. Pero le bastaron los primeros 25 minutos en el Camp Nou y un golazo al Legia Varsovia para que una multitud corease su nombre, ahora con entonación catalana. En su debut oficial de anteayer con la camiseta azulgrana, el ex Boca fue la nota destacada de la victoria por 3 a 0 sobre Legia Varsovia, por la rueda preliminar de la Liga Campeones.
Los 67.000 espectadores que lo recibieron con los brazos abiertos quedaron encantados con su gol desde afuera del área y algunas pinceladas de alto nivel técnico. La gente lo ovacionó y la prensa española lo ensalzó. Y Riquelme está feliz de que el afecto lo acompañe adonde lleva su vuelo futbolístico: "Viví un ambiente parecido al de la cancha de Boca. Es tan lindo aquí como en Buenos Aires. Agradezco mucho el cariño que me dan los aficionados y el trato de mis compañeros. Estoy muy feliz. Espero no defraudar nunca".
En la ciudad condal ya se adivina que muchos chicos empezarán a imitar el festejo Topo Gigio, con manos detrás de las orejas, que Riquelme convirtió en una costumbre. "Se lo dedico a mi hija Florencia, que el jueves pasado cumplió cuatro años, Espero que haya visto el gol", agregó.
Fue modesto (" más importante que mi gol es que haya ganado el equipo y que la eliminatoria esté encarrilada") y también sincero cuando le preguntaron cómo se había sentido en el puesto de centrocampista: "No nos engañemos; jugué más pegado a la izquierda que en el centro... Esas eran las órdenes del entrenador y tuve que adaptarme. Ya dije que no será fácil, porque nunca jugué en esa posición, que para mí es nueva y bastante complicada".
Riquelme moldea su condición de figura entre nuevas responsabilidades y obligaciones, mientras toma cuerpo un viejo vaticinio de Ronaldo: "Riquelme es el nuevo Zidane. Es como el francés, pero joven".



