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Aquellos días en Villa Alem, un barrio de clase media de San Miguel de Tucumán, fueron austeros, pero felices. El niño Juan Angel, hijo de Juan Carlos Krupoviesa –metalúrgico– y doña Carmen, se desvivía por jugar al basquetbol en el club Juan Bautista Alberdi, el mismo donde comenzó a destacarse Lucas Victoriano, actual base de Eurorida Scafati, de la Liga dos de Italia. En aquel club pasó horas y horas desde los seis hasta los 12 años, cuando una mañana leyó en el diario que el equipo Tucumán Central probaba chicos para jugar al... fútbol. “Como me gustaba mucho el deporte fui con unos amigos, quedé y me terminó gustando más el fútbol; decidí cambiar de deporte. Ahí jugué hasta los 15”, recuerda Juan Angel Krupoviesa, hoy convertido en uno de los multicampeones de Boca.
“Siempre fui familiero y tuve una infancia muy linda. De chico, mientras iba al colegio, a veces vendía aluminio para ayudar en mi casa. Además, cuando se acercaban las fiestas de fin de año, juntábamos botellas de vidrio y las vendíamos para ganar unas chauchas...”, contó el futbolista, que en Tucumán es conocido como Japonés, sobrenombre impuesto por su tío Coco Franco por sus ojos rasgados.
Con sólo 16 años, Juan Angel llegó a las divisiones inferiores de Estudiantes de La Plata. Durante cuatro años vivió en la pensión del club, ubicada en el mismo estadio pincha. “Fue muy difícil estar lejos de Tucumán. Al principio extrañaba y quería volverme y largar todo. Pero los técnicos que tuve siempre me comprendieron, y cuando no aguantaba más me dejaban irme una semana a visitar a mi familia y así poder relajarme un poco”.
Tras firmar el primer contrato con el conjunto rojiblanco, Krupo se mudó a un departamento cercano a la terminal de ómnibus, donde vivía con tres compañeros –uno de ellos era Leandro Desábato, el defensor de Quilmes–, se puso de novio con Ana –hoy en día, su esposa– y empezó a superar las distancias. En marzo de 2000 debutó en la primera frente a River y a partir de allí se afianzó en Estudiantes, más allá de que en algún momento los dirigentes no confiaban del todo en él. Pero se destacó en el Apertura 2004 y en el Clausura 2005, con Reinaldo Merlo como entrenador, y llamó la atención de Diego Maradona, que lo apadrinó para que se sumara a Boca. Y en sólo seis meses, conquistó tres títulos.
“Le pedí un informe a Mostaza y él me dijo que no dudara ni un segundo en llevarlo a Boca”, confesó, hace un tiempo, el propio Maradona. “Nunca me imaginé que iba a jugar en un club de primer nivel, y encima, aconsejado por Maradona; es un orgullo enorme. Sabía que jugar en Boca iba a ser espectacular, pero todos estos logros superaron mis expectativas. Sé que tengo mucho por mejorar en mi juego, pero el próximo año voy a estar mucho más tranquilo”, señaló el N° 3.
Para una persona muy tímida como Krupoviesa, no es sencillo integrarse a un plantel de estrellas. “Uno toma más distancias, todo es con respeto hacia los chicos que ganaron todo. Me costó al principio, pero ya estoy mejor. Compartí la concentración con el Cata Díaz, y siempre estoy con Marino, el Pocho Insúa, Calvo... Con ellos tengo más confianza. A Guille [Barros Schelotto] lo conocía de un asado que organizó un amigo en común, pero sólo había conversado un poco. Y a Palermo lo había conocido en Estudiantes de algunas veces que pasó a saludar a mis compañeros, pero nunca habíamos hablado”, confesó el futbolista, que guarda grandes recuerdos de Merlo y de Carlos Bilardo.
“De Mostaza aprendí muchas cosas y la verdad que en Estudiantes varios jugadores, como Pavone, le sacamos jugo. Me sorprendió que algunos hinchas lo trataran de traidor, porque al club Mostaza le dio un montón. Hacía 20 años que no se clasificaba para una copa internacional y cuando él agarró el equipo estaba complicado con el promedio y lo hizo pelear el torneo. Pero el fútbol da revancha. Yo sé que Merlo se fue sin intenciones de perjudicar al club”, opinó, con seriedad.
Luego, contó una anécdota que lo tiene a Bilardo como protagonista: “Estaba concentrado con Estudiantes, en City Bell, y mi mujer me llamó a la 1.30 porque había roto bolsa. Tenía que decirle a Bilardo, pero le conté primero a Manera. El Profe habló con él y Carlos vino a mi habitación y me dijo: Andate al hospital, reservate una pieza y descansá hasta que nazca el bebe. Volví a City Bell a las 8 de la mañana, dormí un poco y jugué. Le agradecí mucho a Carlos esta actitud”. Aquel “bebe” ya tiene un año y seis meses, se llama Faustino y el padrino es El Pelusa Horacio Cardozo, el volante de Estudiantes.
Si hay algo que lo caracteriza a Krupoviesa en el aspecto deportivo es su garra. Hasta jugó con una costilla rota. “Jugábamos con Colón y a los 10 minutos del primer tiempo choqué con Moreno y Fabianesi –recordó el tucumano–. Sentía que me pinchaba algo, pero creía que era sólo un moretón. Pero después, cuando terminó el partido, me hicieron unos estudios porque me dolía mucho y tenía fisurada la costilla. Esa fue la vez que Mostaza quedó sorprendido y le pidió mi camiseta al utilero. Creo que la actitud que tengo es una de mis virtudes. Cuando no tengo un buen día con la pelota, trato de luchar.”
A los 26 años, Krupoviesa es un hombre agradecido de la vida. El mundo Boca lo impactó. “Todo me llamó la atención: la gente, la institución, la Bombonera... Es un club donde no te falta nada, tenés todas las comodidades. La verdad es que nunca había viajado tanto en avión como en estos meses, pero es lindo para sumar experiencia. Boca me cambió la vida.”
Nombre: Juan Angel Krupoviesa.
Fecha y lugar de nacimiento: 16 de abril de 1979, en San Miguel de Tucumán.
Altura y peso: 1,78 metros y 78 kilos.
Trayectoria: Estudiantes 2000/2005 (110 partidos y 7 goles) y Boca 2005 (21 encuentros y 1 gol).
Títulos: Recopa Sudamericana, torneo Apertura y Copa Sudamericana, todos en 2005 con Boca.


