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SAN PABLO.- La ciudad es tan inmensa que el Mundial se percibe y, al mismo tiempo, se diluye. Se hace presente en todos lados y no está en ninguna parte. El ritmo es intenso y el tráfico lo acelera aún más. Aquí todos parecen apurados habitualmente (como en Buenos Aires), pero ahora más. Hoy arranca la Copa del Mundo y nadie quiere quedarse afuera. Pero Brasil es mucho más que una pelota de fútbol, por lo que ésta no será una copa más ni se deberá estar pendiente de si la organización cumple con los horarios, o si los estadios estarán terminados finalmente a tiempo.
El puntapié inicial lo darán Brasil y Croacia, desde las 17, pero antes habrá una fiesta inaugural que acapará la atención de todos. Ahora bien, ¿qué siente el pueblo brasileño a horas de comenzar su Mundial? ¿Qué tiene de especial? ¿Cómo lo toman?
Lo primero que hay que decir es que para el brasileño no hace mucha diferencia el hecho de ser local. "En Brasil siempre empezamos para ganar, nadie acepta perder. Es increíble. Si Brasil pierde, hay mil excusas y nunca será porque el oponente es mejor. Un jugador que no estaba bien, un error propio; el eje es Brasil, y en caso de derrota se busca a un culpable", coinciden experimentados periodistas locales. Algunos ejemplos: en 1998, Ronaldo tuvo una crisis nerviosa antes de la final y durante años la gente no creía en eso: pensaba que fue una excusa porque la Copa debía quedar para Francia. En 2006, Brasil otra vez pierde con los franceses, y esa vez el "culpable" fue Roberto Carlos, que perdió la marca de Henry en el gol por acomodarse las medias. El brasileño no acepta perder y jugar de local no potenciará esa necesidad.
Sí hay una diferencia en ese aspecto: por primera vez no reconocen a la selección brasileña como la mejor. Y en ese sentido, jugar como locales sí puede potenciarlos. Afirman que, con este mismo equipo, si el Mundial se jugara en Uruguay o Rusia, reconocerían que no son favoritos.
Salvo Pelé y el resto de los señores mayores, la nueva generación no siente esta oportunidad como una revancha del Maracanazo de 1950. Y por primera vez en mucho tiempo tienen más confianza en un entrenador (Felipao) que en el equipo. Es como podría suceder en los últimos tiempos con Ramón Díaz en River y Carlos Bianchi en Boca. Y no quieren perder una final contra la Argentina por nada del mundo. Al respecto, hay una publicidad en la TV, de www.Bomnegocio.com, que simboliza la rivalidad. Se trata de una página para vender productos u objetos que uno ya no usa. El mensaje es "Si uno tiene algo viejo, aburrido o antiguo, hágalo negocio". Entonces aparece en la TV un grupo de tres amigos con la camiseta de Brasil, dispuestos a ver un partido del equipo de Felipao en el Mundial y, de repente, un sillón viejo con la cara de Maradona les empieza a hablar: "Nosotros somos los mejores, ay Madre mía!". Hasta que uno de los chicos publica, vende el sillón y se libra del objeto y de Maradona, cargando con la Argentina.
La fiesta inaugural estará protagonizada por 600 bailarines, entre acróbatas, capoeiristas y muchos más protagonistas mientras suena "We Are One", la canción oficial del Mundial, que estará a cargo de Pitbull, Jennifer López, Claudia Leitte y Olodum.
La cita de hoy será desde las 15.15, en el estadio Arena Corinthians. "La ceremonia inaugural es un homenaje a Brasil y a sus tesoros: la naturaleza, la gente y el fútbol. La emoción que hay aquí es espectacular, todos están motivados. A veces se notan el cansancio, el calor, las repeticiones, pero todos conservan la sonrisa en el rostro", señaló la directora artística del espectáculo, la belga Daphné Cornez.
"La representación artística tiene como elemento principal una pelota central de LED que cuenta con más de 90.000 clústeres con 7000 nits de luminosidad y que se mueve durante los 25 minutos que durará el espectáculo", agregó gente de la organización. La ceremonia contará con la presencia de 65.000 espectadores, incluyendo a la presidenta Dilma Rousseff, y otros 20 jefes de Estado, pero también será retransmitida televisivamente a más de 200 países.
En lo que respecta a Croacia, Ivan Mocinic quedó fuera de la Copa del Mundo luego de no recuperarse de una recurrente lesión de tobillo, dijo el entrenador Niko Kovac. Lo reemplazará en la lista con el mediocampista Milan Badelj.
Un día antes todavía siguen retocando arreglos finales en el estadio Arena Corinthians, cuya inversión total para la construcción fue de más de 450 millones de dólares. Los hombres con cascos trabajan en algunos sectores de las tribunas. En el campo de juego se termina de ajustar las planchas de pasto, se afirman los arcos, se tensan las redes. En las máquinas controladoras de las computadoras, sorprendieron las bandejas de cartón, un contraste con el dinero invertido. Afuera, en los alrededores, se termina de pintar las calles, de colocar cemento en las rampas para discapacitados. A horas del debut, y más allá de la buena predisposición de los 15.000 voluntarios, todavía hay telones por correr.
La Argentina, Brasil y Uruguay se repartieron los siete Mundiales disputados en nuestro continente. Eso se encuentra reflejado en San Pablo, en el Museo del fútbol, situado debajo de una de las tribunas de Pacaembú. Cuenta la historia del deporte enfocado en la emoción, las leyendas y la diversión, la relación entre el fútbol y el arte, el impacto del deporte en la vida de las personas y relatos en papel e imágenes de todas las Copas del Mundo. Ocupa un área de 6900 metros cuadrados. Es grande y chico al mismo tiempo, como la ilusión de cada una de las selecciones que pretenden ubicar su cuadro en la galería de los campeones.




