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Había varios pelados en la gris y lluviosa mañana de Ezeiza. Uno era Matías Almeyda, que de pelado sólo le queda el apodo. Otro, Juan Sebastián Verón, uno de los calvos más famosos del fútbol mundial. Por ahí andaban también D´Alessandro y Cambiasso.
Había tres más, pelados ellos, que iban y venían en la pequeña sala de conferencias del predio de AFA, colmada como nunca de cámaras, micrófonos, grabadores, curiosos y situaciones insólitas. Uno de un programa deportivo con toques cómicos; el segundo, un personaje demasiado extrovertido de un semanal de actualidad.
Acá conviene hacer una pausa. El hombre nunca usó el doble sentido en sus preguntas. No anduvo con vueltas y directamente apuntó a la... potencia de los jugadores, a su virilidad, a la fibra más íntima. A las proteínas, o algo así. Un caos.
Continuando con la lista de pelados, el tercero extrafutbolista era quizás el más peculiar. Se trataba de un japonés que gritaba más de lo que hablaba. En realidad, nunca dijo mucho más que vociferar los nombres de los jugadores hasta casi la disfonía. Ejemplo: un grupo de periodistas entrevistaba a Cristian González. Y él, feliz, pasaba por detrás de las cámaras gritando: "¡Kilyyyyyyyy, Kilyyyyyy!". Y nada más. Su misión era ésa: bramar lo más fuerte posible el apodo de los jugadores. Con Verón no le fue tan bien. La Brujita, como broma, le tocó la calvicie con la palma de la mano, aunque para ser un toque amistoso sonó más fuerte que de costumbre.
También había en Ezeiza muchas colegas, ansiosas por conseguir notas con los jugadores de la selección, que circulaban en un 90 por ciento por los carriles de la picardía y en un diez por ciento por el deporte. "¿Me vas a dedicar un gol?", "¿me firmas la camiseta para regalar?", pedían con voces sugestivas para llegar a audiencias que tal vez quieren entrar en ese juego. O tal vez no.
Y también aparecieron en la lluviosa mañana algunos periodistas extranjeros que, seguramente, esperaban otra cosa. Tal vez una charla ordenada y poder preguntarles con calma a los futbolistas sobre cuestiones del juego. No pudieron. Se quedaron sorprendidos, como muchos argentinos cuando lo escucharon a Verón responder en inglés. Mientras tanto, los pelados iban y venían.


