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ROSARIO.– Los cultores de las historias de clásicos aseguran que cada uno de ellos, sea entre dos equipos de barrio o de los que dividen una ciudad o un país, deja el legado de un dato diferente, una curiosidad, un hecho o un nombre. A falta de otros ingredientes más estimulantes –salvo el marco pasional y multitudinario que siempre es esperable en un derby rosarino–, este triunfo indiscutible de Newell’s sobre Central por 1 a 0 se anotará en los libros como el que quedó sellado por intervenciones decisivas de dos paraguayos: Oscar Cardozo y Justo Villar. Cosa curiosa: probablemente para los dos el de ayer haya sido el último clásico, porque es difícil imaginar que Newell’s, como cualquier equipo en la escena tan conocida de nuestro medio, sea capaz de retener mucho tiempo más a dos elementos de su categoría. Claro que entre la felicidad que la mitad rojinegra de la ciudad siente ahora ése es un asunto secundario, lejano.
El orden cronológico de sus apariciones en el Parque de la Independencia impone empezar con Tacuara Cardozo, el muchacho de 23 años que ayer vivió una reivindicación en grande en este duelo aparte: salió a la cancha con el cometido de borrar lo que le ocurrió en la ocasión anterior, la del 4 a 1 de Central en Arroyito, cuando se anotó en la lista de amarguras de su equipo al irse expulsado tras un exceso verbal hacia el árbitro Elizondo.
Ayer, por supuesto, hizo a un lado muy rápidamente aquel respeto forzado de entresemana: a los siete minutos, cuando el partido no salía del forcejeo nervioso que resultó casi siempre, recibió una pelota en el área, enganchó ante Moreira y cayó al piso como en el penal más evidente. El árbitro Furchi no se dejó engañar por la simulación, pero le escamoteó la tarjeta amarilla que le mostró poco después, cuando Cardozo cayó en un choque esta vez genuinamente, aunque sin penal.
Que Central lo tenía agendado como su preocupación mayúscula no sirvió para inmunizarlo de su efectividad, pese a que con un esfuerzo considerable logró evitarla durante las tres cuartas partes de la tarde. Así y todo, este delantero de porte intimidante se las arregló para inquietar siempre, especialmente en el juego aéreo, como faro para bajarles pelotas a sus compañeros. Un cabezazo de los que no suelen fallar requirió el vuelo acrobático de Alvarez, en el primer tiempo. En el segundo, ya en la hora caliente del partido, no hubo con qué detenerlo: solo ante el arquero por obra de una habilitación de Miramontes, definió con la justeza que le permitió contar veinte goles en la temporada. “Crucé la pelota –lo recordó después– de derecha, traté de colocarla contra un palo. Por suerte salió bien. La gente me pedía un gol. Gracias a Dios se me dio ante mi público y sirvió para ganar. Me pone contento por todos mis compañeros. Teníamos que ganar sí o sí en nuestra cancha, porque veníamos de perder mal en la de ellos y nos debíamos una victoria. Ahora quiero seguir metiendo goles y que gane el equipo.” ¿Y una meta personal? “Trabajo para alcanzar a Palermo.”
Villar, el hombre de 29 años que suscribió la segunda página de esta historia, también cargaba con recuerdos propios en el clásico, aunque de otra índole: su primer impacto en Newell’s lo dio en el choque con Central del Apertura 2004. Esa vez, dos tapadas fenomenales suyas ante Villa y Coudet ayudaron al 2-1 que significó el punto de partida de la campaña hacia el título de aquel equipo de Américo Gallego. “Es un arquero que gana partidos”, dijo de él, alguna vez, Gerardo Martino, que lo dirigió en el Libertad paraguayo.
Lo que consiguió ayer tiene el valor extra que para los arqueros implica ser requeridos pocas veces y responder como si tuvieran las manos calientes. Enfrentó el penal de Kily González sin el famoso papelito a lo Lehmann, pero con un recuerdo fresco: “Me la jugué para el mismo lado que el que había elegido en el clásico anterior”, dijo después. No le falló la intuición: se arrojó levemente hacia su izquierda y sacó el remate. Hay quienes pretenden que también intimidó a Belloso para que mandara el rebote por sobre el travesaño, pero eso fue impericia del delantero. “Desde todo punto de vista fuimos superiores. En el primer tiempo los superamos y tuvimos chances, pero Cristian (Alvarez) estuvo muy bien. El empate hubiera sido injusto. El triunfo nos da tranquilidad. Teníamos que ganar sea como sea y mis compañeros hicieron un trabajo enorme.” Cardozo y Villar, el héroe del gol y el héroe del penal, en una tarde que si pasará al recuerdo será pura y exclusivamente por ellos.
20 los goles en la temporada de Oscar Cardozo con la camiseta rojinegra
4 los penales contenidos por Villar en Newell’s (a Central, a River, a San Lorenzo y a Vélez)
En 152 encuentros por el clásico rosarino, Central se impuso en 44 oportunidades, Newell´s en 40 y hubo 68 empates.
Pasaron 27 años de un penal atajado en el clásico: en el Nacional 89, Civarelli le contuvo a Bauza. En la temporada 87/88, Gasparini desvió uno.
De los últimos 32 cotejos de Newell´s como local, Central ganó uno solo: el 2-0 del Apertura 2002, con Menotti como DT.



