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Mucho de bohemia tienen los cien años de vida de Atlanta. De malos y buenos momentos. De tristezas y alegrías. De un club bohemio de corazón. Que peregrinó por varios barrios antes de llegar a Villa Crespo y que supo construir toda su historia de la mano de un sentimiento genuino que no se coronó con ningún título de fútbol de primera división, es cierto, pero que se alimentó de la pasión y de auténticos cracks que dejaron su huella en el fútbol doméstico, como Carlos Timoteo Griguol, Luis Artime y Hugo Orlando Gatti, por citar sólo a tres.
Si sólo hace falta revisar los libros para saber que el nacimiento de esta centenaria entidad, el 12 de octubre de 1904, fue producto del sueño de un grupo de jóvenes que buscaba un lugar para poder jugar al fútbol. Redes, tachitos, postes y pinceles, con todo a cuestas, recorrieron cada uno de los rincones de los barrios porteños. Fue así que en la casa de Elías Sanz, el primer presidente de la entidad, se celebró una reunión con la idea de crear un club. Pero allí no se produjo la fundación oficial, porque en el hogar de don Sanz no había las sillas suficientes para albergar a tantos invitados.
Por eso todo continuó en la plaza Concepción (Independencia y Buen Orden -hoy Bernardo de Irigoyen-, en el barrio de Constitución) y donde quedó concretada la aparición pública de Atlanta, que tenía su domicilio legal en Alsina 1119, la casa de Elías Sanz. Pero para que el sueño comenzara a tomar forma se juntaron once pesos con 50 centavos moneda nacional de curso legal y se compró una pelota y un inflador.
Así comenzó todo. Desde la charla y el sueño. Fue en memoria de la víctimas de un terremoto que dejó cuantiosos daños en la ciudad de Atlanta, en el estado de Georgia, en los Estados Unidos, que se propuso que el nombre del club fuera Atlanta Atlhetic Club. Y como todo era posible para este grupo de soñadores, encontraron los colores para identificarse en los toldos de los comercios de la ciudad, que en su mayoría eran auriazules.
Con una pala ancha, una carretilla con tierra para emparejar el terreno de juego y hasta mate cocido y galletas marineras para locales y visitantes comenzó el peregrinaje del Bohemio por la Capital Federal. En 1909 jugó en Floresta (hoy Juan B. Alberdi y Escalada), entre 1910 y 1918 se mudó a Parque Chacabuco, un año actuó en Ferro, y en 1920 y 1921 tuvo su lugar en un terreno del Club Banco Nación.
El permanente deambular de los seguidores de Atlanta de un lugar a otro terminó el 30 de julio de 1922, fecha en que se hizo realidad uno de los sueños de aquellos bohemios: el club adquirió los terrenos de la calle Humboldt 470 e instaló allí su cancha definitiva o, por lo menos, la que iba a ser escenario de innumerables jornadas de trascendencia hasta la inauguración del estadio actual, el 5 de junio de 1960.
También supo de momentos inolvidables en el fútbol argentino. Afiliado en 1905 a la Argentine Football Association, comenzó a hacer su camino al golear en la tercera división a River por 9 a 0 (1906) y a Independiente por 21 a 2 (1907).
Fue parte de la primera camada del profesionalismo, se fusionó con Argentinos Juniors (1934), perdió la categoría en 1947 y 1952 y luego se reconfortó con una época dorada. Fueron 20 años (1956-1976) en los que Atlanta creció social y deportivamente.
Supo contar con 16.000 socios activos que disfrutaron de un Gran Complejo Bohemio. Ese fue el escenario de muchas noches de Buenos Aires. "Eran terribles los bailes de Atlanta", dice don Horacio, de 78 años, que ayuda a construir la historia y mientras apura un café en una de las mesas del emblemático bar San Bernardo, sobre Corrientes, entre Acevedo y Gurruchaga.
Y también desde la distancia engrandecen la historia nombres como Gómez Voglino, Cano, Candau, Pedernera, Griguol, Zarich, Errea, Artime, Clariá, Gatti, Conce, Nuin, Betinetti, Cerqueiro, Torres... O momentos de arcón como el torneo del 61, el Nacional de 1973 o la participación en la Copa Suecia, en 1958.
Pero también supo de golpes; de muy duros. Con el descenso en 1984, el Bohemio comenzó a sufrir hasta llegar a la B Metropolitana en 1991. En ese mismo año llegó lo peor: las puertas del club mostraron una dura imagen con una faja cruzada: "Secretaría N° 22, Club Atlético Atlanta Asoc. Civil s/quiebra". Fueron años en los que la sede social se convirtió en un territorio que vertiginosamente tomó las características de un museo. O de una escenografía de ciencia ficción que dejó los objetos intactos y borró la gente de un plumazo.
El 9 de agosto de 1994 volvió el club a manos de los dirigentes, se sucedieron algunos fracasos y hasta un ascenso a la B Nacional en 1995, la última sonrisa en una cancha. Se recuperó la sede social, pero apenas la entidad es una sombra de lo que fue.
Atlanta es, en síntesis, un largo proceso vivido por aquellos bohemios del 900. Es un pedazo de la historia misma de Buenos Aires. De eso se trata esta entidad que hoy cumple 100 años de autenticidad bohemia.
La fiesta del centenario de Atlanta tuvo una mácula con la detención del presidente del club, Carlos Moreno, tras el encuentro con River. El motivo fue que la fiscal Claudia Barzia consideró que se había violado una ley contravencional que prohibía la utilización de las tribunas populares, ya que el estadio de Atlanta está inhabilitado por los incidentes ante All Boys. Moreno fue trasladado a la Fiscalía N° 10, a cuya sede se acercaban anoche varios hinchas para pedir la libertad del dirigente.


