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Cuando el destino le mostró un futuro promisorio dentro del fútbol, cuando los primeros pesos comenzaron a llenar los bolsillos muchas veces flacos, que no sólo lo ayudaron a él, sino también a su padre Eduardo, taxista, este pibe que ama el barrio de Paternal dejó de repartir pizza a domicilio para dedicarse únicamente a otro tipo de distribución: talento argentino del más puro en las canchas de fútbol.
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Andrés Nicolás D’Alessandro no se lo imaginaba, pero a último momento la lesión de Livio Prieto, de Independiente, le abrió la puerta de entrada al Sub 20. Hoy es campeón del mundo. Aunque tampoco se lo esperaba, su zurda exquisita lo convirtió en la revelación del torneo: por eso recibió el Balón de Plata, sólo superado por la gran figura, Javier Saviola. Entre los dos llevaron la exitosa sociedad de las inferiores de River a la selección juvenil.
Todo a pura sorpresa, como cuando Ramón Díaz lo convocó por primera vez para una pretemporada en River, o cuando lo hizo debutar en primera. O como cuando Marcelo Bielsa se lo llevó a una gira por España con la selección mayor.
“Esta es una emoción enorme. Todavía no caí. Este equipo demostró que salió a atacar en todos los partidos, por eso fue el mejor”, reconoció con esa voz exageradamente desgastada para sus 20 años.
El fútbol es su vida. La pelota es su fiel compañera. La magia es un don que manipula como un experto ilusionista vestido de jugador. En su camiseta lució el número 15, pero su actuación fue de diez.
“Me encanta gambetear”, reconoce y marca todo un estilo, ese que para el paladar del hincha argentino es el mejor manjar.
Amaga con arrancar con todo, pero se frena. Mira al marcador de turno. Le muestra la pelota que tiene debajo de la suela, pero cuando peligra su dominio la retira. La mueve para adelante y para atrás, una y otra vez. Entonces sí arranca. O no, y mete el estiletazo, el pase preciso, la asistencia perfecta. Y Saviola (o el que sea) sólo tiene que hacer el gol. Para D’Alessandro, meter un gran pase es como para un goleador inflar la red.
Pero también supo colaborar en la defensa cuando fue necesario. Se sintió siempre parte de un grupo. Y fue reconocido.
“Fue una de las grandes figuras y se destacó en todos los partidos. Hoy (por ayer) se hizo sentir, es un gran jugador. Lo de Andrés fue excelente”, fue el sincero elogio de José Pekerman, el director técnico.
Pero también los periodistas acreditados lo premiaron con el Balón de Plata.
“Estoy muy gratificado por el premio, siempre es bueno que a uno lo reconozcan. No me importa que llegué a último momento porque sumé para el grupo, puse mi granito de arena y conseguimos lo que queríamos”, dijo luego de la victoria ante Ghana, ya más relajado.
Ayer fue su gran día, fue la figura. “Este campeonato es lo máximo que le puede pasar a un jugador”, afirma con la sonrisa ancha. Seguramente, todavía le quedan muchas sorpresas por vivir en el fútbol. La próxima, ¿será la camiseta número 10 de River?
La emoción se apoderó igual del capitán argentino, Fabricio Coloccini (ayer la cinta fue de Saviola), que se perdió la final con Ghana por haber recibido dos amonestaciones. “Estuve muy nervioso, desde afuera se sufre demasiado. Aunque me hubiera gustado jugar, lo importante es que ganamos el título. Es lo que queríamos todos”, dijo.
“Estoy viviendo un momento soñado. Me voy a Sunderland (Inglaterra) con un Mundial inolvidable y una felicidad inexplicable.”
“Recién voy a caer cuando lo vea por TV. Nos concentramos mucho para lograr esto. El apoyo de la gente no lo vamos a olvidar nunca.”
“Todavía no tomé conciencia de lo que es ser campeón del mundo. Este título se lo dedico de manera especial al Ruso Edgardo Prátola.”


