Darío Sala: llegó a Dallas como arquero, se quedó como empresario y hoy invierte en un megaproyecto
El exRiver e Independiente fue uno de los primeros argentinos en la MLS; el efecto Messi y el crecimiento del fútbol en el país
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DALLAS (Enviado especial).- Boomtown es el término con el que los americanos describen a las ciudades que crecen a un ritmo acelerado, impulsadas por la inversión, la tecnología y la construcción. Se popularizó en Estados Unidos en el siglo XIX, durante la fiebre del oro, cuando miles de personas migraron hacia distintas regiones del país tras el descubrimiento del metal. Dallas, sede del segundo partido de la selección argentina, este lunes, desde las 14, frente a Austria, en el AT&T Stadium, es uno de los ejemplos más claros. Entre el calor, la humedad y un movimiento constante, recibe al Mundial en uno de los momentos de mayor expansión.
El soccer también acompañó esa evolución, aunque a un ritmo más pausado. Darío Sala, arquero cordobés que atajó en FC Dallas entre 2005 y 2010, vivió ese proceso desde adentro: llegó a una liga que aún disputaba sus partidos sobre canchas de fútbol americano, con marcaciones sobre el césped que confundían incluso a los propios jugadores, y hoy, radicado en Estados Unidos, se convirtió en un empresario vinculado al deporte y es una de las cabezas de un megaproyecto que combina alto rendimiento, educación y desarrollos inmobiliario, del que también forman parte Emanuel Ginóbili, Juan Ignacio “Pepe” Sánchez, Juan Sebastián Verón, Martín Gramática, Juan Mónaco y Mariano Zabaleta, entre otras figuras del deporte.

Sala guarda una historia particular: egresado del Liceo Militar General Paz como subteniente de Infantería, jugó al handball en el Círculo de exCadetes e incluso integró una selección juvenil, pero luego se inclinó por el fútbol. En el camino, estudió un año de abogacía, vendió churros en la cancha de Instituto, paseó perros por Alta Córdoba y, más adelante, se recibió de visitador médico. Sus primeros pasos fueron como delantero en Deportivo Colón, de Córdoba, hasta que un técnico vio su porte físico y decidió mandarlo al arco. “Me decían ‘Romario’: mitad ropero, mitad armario”, bromea, en charla con LA NACION. Ya afirmado bajo los tres palos, pasó a Juventud Católica de Río Segundo, fue descubierto por Héctor Baley, suplente de Ubaldo Fillol en el Mundial de 1978, y lo llevó a probarse a Talleres. Luego pasó por San Lorenzo, Belgrano y Los Andes, donde terminó de consolidarse y logró el ascenso a Primera. De ahí pasó a River, en la temporada 2000/01. Su trayectoria también incluye pasos por Xerez de España, Independiente, Deportivo Cali, Newell’s, Jaguares de Chiapas y Arsenal, hasta su retiro en FC Dallas.
“Al llegar a la MLS, la liga tenía apenas 12 equipos, divididos en dos zonas, y ahora son más de 30, con un nivel y una estructura increíbles. Por entonces empezaban a construirse los primeros estadios específicos de soccer, que casi no existían. En los primeros años jugábamos en canchas de high school. En Dallas, todo es progreso: cuando arribé, hacía un mes la franquicia había inaugurado su estadio y un complejo deportivo que en ese momento era el más grande del mundo. Ahí entendí que la infraestructura es clave para sostener cualquier proyecto, algo que explica por qué Dallas es una de las grandes sedes de este Mundial”, explica.

-¿Qué se va a encontrar Argentina en Dallas?
-Con una de las ciudades de mayor crecimiento de Estados Unidos. Incluso durante la crisis de 2008, cuando colapsó el sistema financiero por la burbuja hipotecaria, Dallas siguió expandiéndose. Frisco, donde está el estadio de FC Dallas, era un campo con vacas y ovejas. Hoy funcionan el complejo de los Dallas Cowboys, grandes empresas, campos de golf y la sede principal de la asociación de golfistas de Estados Unidos. En 25 años, pasó de 40.000 a 250.000 habitantes.
-Aun así, el fútbol todavía no tiene el peso de otros deportes.
-Sí, pero el crecimiento es constante y en Dallas gana cada vez más terreno. En Estados Unidos, en general, la liga fue evolucionando. Acá es difícil pensar un deporte sin la lógica del negocio y el espectáculo. Primero, apostaron al branding con la incorporación de figuras de impacto global: David Beckham, Thierry Henry, Zlatan Ibrahimović, Kaká, Andrea Pirlo… Luego, entendieron que a esos jugadores no podías llevarlos a entrenar a canchas que pertenecían a colegios secundarios de fútbol americano y mejoraron todos los estadios y campos de entrenamiento. Después, llegó una tercera etapa, enfocada en el desarrollo de técnicos y nuevos talentos; y, más tarde, la incorporación de futbolistas jóvenes de ligas importantes.

-¿Ese fue el punto de partida para la selección de Estados Unidos que hoy sorprende en el Mundial?
-En estos 20 años hubo varias camadas. Estuvo la de (Landon) Donovan, (Tim) Howard y otros jugadores que dieron el salto al exterior: eran seis o siete futbolistas en ligas importantes. Después hubo una transición: ese grupo se retiró y no aparecía un recambio claro. Más tarde surgió la generación de Qatar: Christian Pulisic, Weston McKennie, Tyler Adams, Yunus Musah. Esa ya es una base que se formó en la MLS y luego dio el salto afuera. La liga empezó en 1996 y los mejores jugadores no pasaban por el torneo: iban de la universidad directo a probarse en el exterior. Hoy el proceso es distinto. Es una competencia muy fuerte: hay 30 equipos con presupuesto para traer no solo jugadores de Europa, sino también sudamericanos jóvenes, de Argentina, Paraguay o Chile. Antes venían jugadores a retirarse; ahora llegan en plenitud. Esta selección está conformada principalmente por futbolistas surgidos en el sistema local, y este Mundial es una muy buena vara para medir ese progreso.
En FC Dallas, Sala sumó más de 100 presencias y se transformó en un símbolo de la franquicia norteamericana. En 2010, dos meses antes de colgar los guantes, fue titular en un amistoso ante Inter de Milán que terminó 2 a 2, con goles de Diego Milito y Samuel Eto’o. En el final de su carrera también condujo un programa de radio por ESPN. “Terminaba un partido y no me ponía a ver la repetición; pensaba qué hacer en el fútbol una vez que dejara de jugar”, cuenta.

Un año después, Sala fue contactado por el delantero cordobés Mauro Rosales, con quien había compartido plantel de Newell’s, para evaluar posibilidades de desembarcar en la MLS. Sala ofició de intermediario y lo ubicó en Seattle Sounders, donde el delantero fue elegido como la mejor contratación del año. A partir de ese acierto, participó en varias ventanas de transferencias y acercó a la liga a otros siete futbolistas, aunque sintió que ese no era el rol que mejor encajaba con su perfil: “A ese trabajo yo lo llamo ‘hacer babysitting’. Es un lugar incómodo: ni a los clubes ni a los futbolistas les gusta la figura del agente”.
En 2014, Sala fundó junto a un socio el Jacksonville Armada FC, con sede en Florida, del que fue propietario y general manager. Durante su gestión, el club compitió en la North American Soccer League, una liga que supo ser la principal del país y que, en su versión moderna, quedó relegada tras la consolidación de la MLS. Sumó a su proyecto a 14 argentinos, como José Luis Villarreal y Guillermo Hoyos, actual entrenador de Lionel Messi y Rodrigo De Paul en Inter Miami, y logró el récord de asistencia en la categoría, por encima de clubes con mucha mayor tradición como el New York Cosmos, donde supo brillar Pelé, con una afluencia promedio de 10.000 espectadores.
Pero en Estados Unidos mandan los números, dentro y fuera de la cancha. Así, en 2015 Sala cambió de rubro y comenzó a trabajar en la organización de partidos internacionales de la selección. Entre ellos, el triunfo 7 a 0 sobre Bolivia, disputado en Houston, con dobletes de Lionel Messi, Ezequiel Lavezzi, Sergio Agüero, y un gol de Ángel Correa. Durante esa experiencia generó un vínculo con Gerardo Martino, a quien incluso llegó a acompañar en la conferencia de prensa previa al encuentro, en un improvisado rol como traductor.

De esa relación surgió una nueva función: encargarse de la logística del plantel. Acompañó al equipo durante la Copa América Centenario, en Estados Unidos, y optó por dar un paso al costado tras la renuncia del DT, a pesar de la propuesta de la AFA para continuar junto a la Sub 23 en los Juegos Olímpicos. El lazo con el Tata no terminó ahí: poco después, Sala sugirió su nombre en Atlanta United, que buscaba entrenador para su debut en la MLS, en 2017, y el exarquero, además de tender puentes entre las partes, terminó sumándose como miembro del cuerpo técnico. Luego, continuó en esa tarea junto a Gustavo Quinteros, hoy técnico de Independiente, en Universidad Católica, y más tarde volvió a alejarse para emprender otros proyectos.
Hoy, está dedicado a la ejecución y puesta en marcha de Sports Performance Hub, un campus de alto rendimiento para jóvenes de entre 13 y 18 años que se levantará sobre un terreno de 37 hectáreas en Miami-Dade, con una inversión privada superior a 280 millones de dólares. “Será un espacio donde los alumnos vivan, estudien y se entrenen: una ciudad dentro de otra. No solo tienen la posibilidad de desarrollarse en el deporte y quizás conseguir una beca universitaria-, sino también de formarse en otras áreas, como hotelería, marketing, videoanálisis y coaching”, detalla. Además, la iniciativa contempla la construcción de un estadio para 10.000 espectadores donde jugará sus partidos Miami FC, vinculado al mismo holding.

-¿Cómo nació la iniciativa?
-Entendíamos que no existía un espacio de estas características y nos propusimos desarrollarlo desde cero. Solo un 1% de los jóvenes llega al profesionalismo, por lo que también hay que preparar al resto. Nos juntamos varios deportistas que fueron número uno en sus disciplinas y, entre todos, intentamos armar la mejor estructura posible. Recibimos consultas de todo el mundo, desde Medio Oriente hasta Japón. Empezamos la obra el 2 de marzo y ya hay lista de espera para anotarse. En 2027 ya habrá canchas operativas y un escenario provisorio para Miami FC, y luego continuaremos con el estadio principal y la escuela, que estará lista para el ciclo lectivo 2028.
-¿Cómo ves a Argentina en el Mundial?
-Muy bien. Es una lástima que no se haya podido jugar la Finalissima porque habría sido una buena medida, más allá del debut. Hoy hay cuatro o cinco equipos en ese nivel: Francia, España, Argentina, Inglaterra, Brasil. Está todo muy parejo, como se vio en la final de 2022. En Estados Unidos hay una fiebre impresionante con Lionel Messi y la selección. Vas al supermercado con una camiseta y te saludan como si fueras un jugador. Como argentino, ojalá se repita el título. Como técnico, sé que va a ser muy difícil, aunque Argentina, en estas instancias, siempre entrega un plus y termina marcando la diferencia.
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