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PIURA, Perú.- Tuvo que aparecer el capitán para enderezar a un equipo sin rumbo. A falta de respuestas futbolísticas, Ayala se levantó como un mariscal para conectar de cabeza el córner de D´Alessandro. Fue un golpe de autoridad para atrapar una victoria que se escapaba por las grietas de la peor actuación de la Argentina en la Copa América. El éxito por 4 a 2 se amplió en el final con el segundo tanto de Figueroa, pero igual no varía el concepto sobre el desteñido rendimiento del seleccionado.
Superada la etapa clasificatoria como segundo en el Grupo B, ahora le espera el local Perú, el sábado próximo, por los cuartos de final.
Además de ser cortado y friccionado, el primer tiempo tuvo un desarrollo insólito. Marcado por los imprevisibles vaivenes en el marcador, por las alteraciones que hubo a contracorriente de lo que ocurría en el campo. Lo único que se puede citar dentro de la lógica fue el primer gol de Uruguay, porque los charrúas empezaron mejor, mucho más metidos en el partido que la Argentina, que entró demasiado pasiva, sin presencia y cediendo la pelota. Inspirado y decidido, Uruguay se puso en ventaja a los 7 minutos, con un golazo de Estoyanoff, que cruzó un derechazo tras un despeje de cabeza de Figueroa.
Otra vez, como ante México, se veía en desventaja desde muy temprano. Pero la reacción no fue con fútbol ni con un buen funcionamiento. No había precisión ni claridad. D´Alessandro retenía demasiado la pelota y se exponía mucho a los golpes; Lucho González se equivocaba más de lo que acertaba. No había quien sacara adelante al equipo, que en los primeros 15 minutos completó su peor cuarto de hora en la Copa América.
Pero el fútbol está lleno de paradojas y misterios. Así como en otros partidos la Argentina no marcó las diferencias por su mejor juego y merecimientos, esta vez pasaba al frente sin haber hecho casi nada positivo. En dos minutos dio vuelta el marcador cuando las acciones no sugerían semejante vuelco.
Lago llegó a destiempo y le cometió un penal a Delgado, convertido por el Kily González, transformado en los últimos cotejos en un repentino especialista en estas ejecuciones.
Enseguida, la Argentina consiguió el segundo gol en una jugada llena de errores e imperfecciones desde que Delgado lanzó el centro; Lucho González pifió la definición y la pelota llegó hasta Barbat, que no la retuvo y dio un rebote aprovechado por Figueroa en la boca del arco. Así respondía el hombre que sorprendió a todos al aparecer en el equipo, ya que el único titular que había confirmado Bielsa el día anterior había sido Saviola.
Era el momento para que la Argentina se serenara y tomara confianza en el juego. Sobre todo porque Uruguay se descontroló un poco y apeló a varios golpes y faltas fuertes, con el Kily González y D´Alessandro como principales destinatarios. De hecho, al Kily le colocaron un apósito en la nariz. Pero el seleccionado no supo evadirse de ese clima brusco; no porque respondiera a las agresiones, sino porque su fútbol seguía dormido, sin vuelo.
Dio la impresión de que Uruguay tiraba todo por la borda cuando Bizera, ya amonestado por foul a D´Alessandro, se fue expulsado por protestar. Iban 34 minutos y la Argentina recibía otra señal positiva, que se diluyó enseguida, con esa facilidad para complicarse que tanto le cuesta erradicar: se equivocó Heinze en una salida y un rechazo de cabeza de Ayala cayó en los pies de Sánchez, que empató desde afuera del área, con un Abbondanzieri que no llega como imagen repetida. Fatalidad propia o virtud del rival, lo cierto es que Uruguay tuvo un 100 por ciento de efectividad en sus dos tiros al arco en el primer tiempo.
Con pocas ideas y profundidad, la Argentina fue por el triunfo. Además del previsible cerrojo uruguayo, tuvo que luchar contra su falta de sorpresa y variantes. Más allá de las intenciones y de la insistencia, pocos aspectos más positivos se le podían señalar al conjunto de Bielsa. Hubo un par de disparos apenas desviados del Kily, un cabezazo de Figueroa que rechazó Barbat y un derechazo alto de Lucho adentro del área, tras lo cual el volante salió lesionado al torcerse un tobillo. El sombrío panorama se despejó con el cabezazo salvador de Ayala. Un respiro que se hizo alivio con el cuarto de Figueroa. El paso al frente de la Argentina fue más en el resultado que en la producción general.
Fue el clásico rioplatense número 168 y la Argentina acumuló 75 victorias; este registro completa con 44 empates y 49 triunfos charrúas.
El público de Piura se inclinó claramente en apoyo del seleccionado uruguayo. La razón fue que los simpatizantes locales no querían que Perú se enfrentara con la Argentina, algo que finalmente sucederá, ya que el equipo de Bielsa terminó segundo en el Grupo B.
El penal sancionado en favor de la Argentina fue el tercero en el segundo ciclo de Bielsa. Al igual que anoche, los dos anteriores los ejecutó Kily González y convirtió todos. Kily es el segundo goleador de la era Bielsa, con 9 goles, detrás de Hernán Crespo, con 17.
El volante Javier Mascherano se perderá el próximo compromiso ante Perú por los cuartos de final al acumular la segunda tarjeta amarilla en el certamen. Los amonestados de la primera etapa fueron Ayala, Zanetti, Heinze y D´Alessandro, pero todos quedarán en cero a partir de ahora.
Si se tiene en cuenta que en 2004 Bielsa también dirigió el Sub 23 en enero último en el Preolímpico de Chile, este año es el de mayor trabajo para el entrenador. En 1999 había estado al frente de 15 cotejos y con el de anoche, Bielsa ya condujo 16 veces al equipo en esta temporada.


