Defensa y Justicia, el escudo identitario con el que se defiende el conurbano profundo

Defensa y Justicia vive el mejor momento de su historia.
Defensa y Justicia vive el mejor momento de su historia. Fuente: FotoBAIRES
Román Iucht
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7 de diciembre de 2018  • 17:47

La populosa barriada de Florencio Varela se despereza cada mañana para desafiar a esa aventura que es "la vida" en un lugar en el que sobran las carencias, escasean los medios y faltan miles de respuestas. Saben cómo arranca cada jornada, no tienen idea de cuál será el final. La realidad los golpea con crueldad y ante un panorama que difícilmente pueda cambiar en el corto plazo, algunos placebos entregan sonrisas en dosis homeopáticas. En ese contexto, en esa profundidad del conurbano, un gran remedio para un gran mal resulta ir a ver a Defensa. Así a secas, olvidando el nombre completo que figura en el documento de identidad del club, porque muchos de ellos desconfían del valor de la justicia.

El Estadio Norberto Tomaghello recibe a sus visitantes con un panorama familiar. Más allá de las pasiones y las 7 u 8 mil personas que el conjunto local puede convocar en cada partido, muchos tienen en el "Halcón" una simpatía alternativa al club del que realmente son hinchas. Sin embargo, nada modifica el standard de reacciones durante los partidos cuando la temperatura se calienta y los juegos se vuelven tensos. Otro detalle sustancial es el campo de juego. Formulada con el grado enfático que solo tienen las sentencias, el mundo del fútbol acepta con unanimidad que hay pocos verdes tan uniformes y perfectos como el del campo de juego del equipo de Varela. Si bien el lienzo no garantiza la creatividad del artista, el ámbito para que los futbolistas puedan desplegar sus virtudes es inmejorable.

Defensa tiene un estilo, un sello definido. En la inestabilidad en la que se mueve el fútbol argentino no es común sostener una identidad en el perfil, una continuidad en el fondo aunque puedan transformarse algunas formas. Con Defensa esa utopía de lo posible se cristalizó y se hizo realidad. En el último lustro han pasado por el club entrenadores como Almirón, Cocca, Holan, Vivas, Vojvoda y Beccacece. Todos jóvenes y con un perfil similar. Juego agresivo, dinámico, con presión y buen trato de la pelota. El resultado está a la vista. Desde su ascenso a Primera División en 2014 el club no ha parado de crecer en el plano futbolístico y sus participaciones en competencias internacionales ya comienzan a ser parte de los objetivos trazados al comenzar cada temporada.

Con Beccacece como entrenador, Defensa y Justicia vive el mejor momento de su historia.
Con Beccacece como entrenador, Defensa y Justicia vive el mejor momento de su historia. Fuente: FotoBAIRES

Para conformar sus planteles la institución tiene un aliado particular. Cristian Bragarnik, representante de jugadores y técnicos e intermediario, es en la actualidad el personaje más influyente del fútbol argentino. Su estrecha relación con el presidente José Lemme fue facilitando el desembarco de los entrenadores mencionados así como de la mayoría de las incorporaciones que arriban en cada receso cuando el plantel se transforma en un modelo para armar. Jugadores que no tienen espacio en otros clubes y buscan revancha, apellidos que no aparecen en las marquesinas más rutilantes y apuestas a futuro, encuentran en Defensa la plataforma ideal para reactivar su carrera. No se trata de una sociedad anónima porque el club sigue siendo de los socios, pero es una suerte de gerenciamiento del área futbolística.

Lejos de detenerse en las formas, y en la dependencia que puede generarle al club necesitar esa "mano amiga" que usa al club como vidriera, arriesga poco y se lleva interesantes dividendos, el resultado para todos los eslabones de la cadena es un absoluto "win-win". Gana la dirigencia que encuentra la forma de reciclar el plantel sin invertir grande sumas de dinero, que por otra parte no tiene. Gane el empresario que exhibe a sus representados en un escaparate humilde pero rendidor y ganan los jugadores que encuentran un ambiente propicio para desarrollar su juego en un club que ya tiene ganada su buena fama.

Matías Rojas llegó y se convirtió en figura. Tiene una zurda privilegiada.
Matías Rojas llegó y se convirtió en figura. Tiene una zurda privilegiada. Fuente: FotoBAIRES

Lisandro Martínez, Alexander Barboza, Leonel Miranda y Nicolás Fernández ahora. Andrés Cubas, el "Cuqui" Márquez, Agustín Bouzat y Jonás Gutierrez un año atrás y Lisandro Magallán, Hernán Fredes, Tomás Martínez y Guido Rodríguez allá lejos y en el tiempo son solo algunos de los nombres que pasaron por el "Halcón" y crecieron en su rendimiento, en algunos casos tanto como para armar la valija y llevar su fútbol al exterior.

El presente muestra al Halcón peleando el campeonato y como una de las inesperadas amenazas que encuentra Racing cuando mira por el espejo retrovisor. Beccacece armó un equipo al que da gusto ver, con interesantes apellidos y una intención de juego tan audaz como reconocible. Con el objetivo de seguir mejorando, la posibilidad de entrar a las Copas no parece alocada y si queda algo más de hilo en el ovillo, entonces se soñará a lo grande.

En Varela se trabaja para que Defensa y Justicia pueda ser digno, tenga una base sólida y pueda garantizarse los valores básicos, igual que su gente. Esa que todos los mañanas tira la moneda al aire sin saber cuál será su suerte cuando acabe el día.

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