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El mismo inconveniente, distintas filosofías de vida para encontrar una solución. El fútbol es mucho más que un juego y puede servir para pintar cómo funciona el día a día de una sociedad. Porque los debates de tácticas y pizarrones no muestran demasiadas variantes más allá de geografías y pensamientos. Los debates organizativos son los que presentan mayores diferencias. Son, en definitiva, una pintura de cada país.
En la actualidad, una problemática común ataca a la Argentina y España. Los clubes se han excedido en sus gastos con una alevosía tal que han afectado el funcionamiento normal de los torneos en cada uno de los dos países. Las deudas son moneda corriente de un lado a otro del océano. El fanatismo que genera el fútbol muchas veces enceguece a quienes deben tener la vista clara para tomar decisiones con el bolsillo y la cabeza y no con el corazón. Y, en otras ocasiones, tantos movimiento de billetes también marean y provocan maniobras dudosas que después pagan las instituciones. En la actual crisis del fútbol argentino habría que repasar el caso de varios clubes que caminaron por este sendero.
Pero se debe marcar una diferencia notable de concepto. En España, se decidió que el club que no salde sus deudas antes de hoy, descenderá de categoría. En la Argentina, se decidió postergar el comienzo de los torneos de ascenso y el de primera quedó en suspenso si todas las entidades no quedan en cero con sus cuestionados números. Nótese la enorme diferencia: de un lado del Atlántico castigan a los que no cumplen, en el otro se mete a todos en el mismo lodo.
A veces, nuestro machucado fútbol se parece a la fábula del pastorcito y el lobo. "No empieza el fútbol, no empieza el fútbol", gritan los pastorcitos de ayer y de hoy una vez más. Como ya han gritado antes, y el fútbol empezó. A punto, una semanas después, o dos. Pero siempre empezó. Con soluciones emparchadas. Con pan para hoy y hambre para mañana. Sin una respuesta definitiva.
Seguramente el problema actual terminará de la manera conocida: sin la presencia de ningún lobo. Al revés de la fábula, en este caso sería saludable que alguien tome una postura de un animal feroz. Alguien que obligue a tomar decisiones verdaderas, sinceras, decisivas. Y que antes del comienzo del Clausura 2010, no aparezcan de nuevo los pastorcitos de siempre alertando sobre los problemas que no solucionaron. Porque, vaya paradoja, los pastorcitos que dicen que así no se puede empezar son los mismos que guiaron hasta este caos.
