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Corre por los pasillos de la Bombonera como un chico por el patio de su casa, aunque su marcha suele cortarse constantemente para saludar a algún viejo conocido. "Cacho, ¿cómo andás?", le pregunta más de uno al pasar. Su sonrisa es lo único que nunca desaparece. Va y viene. Viene y va. Su rostro no refleja sus "hermosos 76 años", como él asegura. Su agilidad mucho menos. Oscar Laudonio, el "loco de la banderita" que anticipa la salida de Boca en cada partido de local, es una marca registrada del club desde principio de los ’90. Por eso, el hombre que vivió desde adentro los años más exitosos del club, no puede negar su emoción por el regreso de Carlos Bianchi, la persona que hizo posible que él viaje a Japón, en 2000.
"No hay palabras ni letras para definir a Bianchi. Como en el boxeo, al campeón se lo respeta y no se lo discute. Como profesional, alto nivel. Como persona, un fuera de serie. Es un señor padre. Siempre me dice que me cuide. Cuando supo la edad mía, me dijo: 'No puede ser'", asegura Laudonio, en diálogo con canchallena.com , cuando el olor a perfume francés del Virrey, que fue presentado ante una multitud, aún se percibe en la puerta del vestuario de Boca.
Su pasión por los xeneizes existe desde que nació, allá por 1936. Pero fue en los últimos 28 años que forjó un vínculo mucho más profundo, hasta convertirse en un personaje indiscutible de este Mundo Boca. "Por suerte, y Dios gracias, parece que fue ayer que entré al club. En 1985, ingresé a trabajar en control de entradas. Pero en 1990, el Tano Alegre (ex presidente de la institución) me hizo pasar a la utilería, donde empecé a crear algo apoteótico. Antes, el equipo salía a la cancha con una persona vestida de beige, pero yo pensaba que la salida de Boca tenía que ser más colorida, más alegre. Por eso, cuando él falleció, empecé yo a crear todo este concierto de alegría, de pasión de multitudes. Soy sólo un hincha más, somos todos iguales", recuerda.
El regreso del Virrey no es algo más para este ex boxeador amateur, hermano de Abel, púgil argentino que ganó la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos Roma 1960. Es que Bianchi hizo posible que Cacho pueda presenciar la histórica final ante Real Madrid, la de los goles de Martín Palermo, la del título mundial. "Cuando él se enteró que yo no viajaba a Japón, en 2000, me preguntó: '¿Cómo que usted no va?'. Y le contesté: 'No, don Carlos'. Me consultó si tenía pasaporte y me dijo: 'Tráigalo mañana'. Así fue que me puso en contacto con el que es hoy el gerente general del fútbol, el señor Jorge Clemente, que me dio el aval para que vaya. No sólo hice el carnaval carioca más extraordinario allá, sino que también organicé la fiesta de Boca en el avión", cuenta, con un dejo de emoción en su rostro.

Esa "fiesta de Boca en el avión" fue nada menos que un desfile de los jugadores "a lo Giordano". "Carlos y su compañera de toda la vida, Margarita, se mataban de risa", confiesa. El Pato Abbondanzieri, que desfiló como "la gran reina de los carnavales", se ganó un viaje a Disney por ser el que más se destacó. Un festejo épico.
Pero no todos sus años en el club transcurrieron entre vino y rosas. En el recordado partido ante Chivas, por la Copa Libertadores del 2005, el del escupitajo del Chino Benítez, Laudonio le pegó una patada al Bofo Bautista y lo pagó. Por una resolución judicial, Cacho no pudo ir a ninguna cancha de fútbol por tres meses.
Si bien se muestra feliz, Laudonio pide calma con la vuelta del entrenador más ganador de la historia del club. "Ojo, no nos ahoguemos en un vaso de agua. Podés tomar champagna y no pasa, pero podés tomar un vaso de agua y te vas de cabeza al piso. Esto es lo mismo. Lo importante es que vuelve el Virrey, que nos dio muchos títulos. Sin embargo, hay que jugar los partidos. Hay que tener en cuenta que todos los equipos le quieren ganar a Boca", analiza.

A los 76 años, Cacho reparte su tiempo entre Boca, las clases de boxeo (es profesor en la Federación Argentina y en el club Agronomía Central, de Villa Urquiza, donde tiene 35 discípulos) y su preparación física (hace 900 abdominales y corre 12 kilómetros por semana). No se cree Bianchi, pero asegura que marcó el celular de Dios. "No me imagino lejos de Boca. Yo ya hablé con el Barba y me dijo que me queda tiempo acá, porque si voy allá despierto a todos... Me dijo que me deja hasta los 100 años, ni uno más", sostiene. Un personaje.



