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Con muchísimas cosas en común, a Carlos Bianchi y Ramón Angel Díaz los separa una década (63 años el Virrey, 53 años el Pelado), los diferencia la personalidad (introvertido uno, extrovertido el otro) y los enfrentan los colores que representan como nadie, al punto de ser los entrenadores más exitosos de la historia de Boca y de River, respectivamente.
Ahora están allí, pero antes, hace muchos años, fueron los dos hinchas de River y sólo un poco más acá fueron los dos N°9, goleadores, cada uno en su club de origen. El pelado de calvicie, en Vélez. El Pelado de apodo, en River.
Cada uno a su tiempo, emigró. Bianchi fue Monsieur en Francia y Díaz fue un Signore en Italia. Pero cuando decidieron cerrar sus carreras de jugadores y volverse entrenadores, los dos tuvieron que luchar contra un prejuicio. "No tiene ni idea", susurró, temerario, un jugador de Vélez de aquella primera época del Virrey en Liniers. "Le dirige el equipo Francescoli", se instaló y así quedó, como mito, la sentencia sobre los primeros pasos del Pelado en Núñez. Finalmente, fueron difíciles de sostener esos juicios con el paso de los años y los campeonatos.
Bianchi tuvo dos ciclos en Boca: desde el Apertura 98 al Clausura 2001 y del Clausura 2003 al Clausura 2004. Díaz tuvo dos ciclos en River: desde el Apertura 95 al Apertura 99 y del Apertura 2001 al Clausura 2002. Tiempo suficiente para convertirse, cada uno y en su lugar, inigualables.

El Virrey, en Boca, ganó 9 títulos: 4 locales (Apertura 98; Clausura 99, con 40 partidos invicto; Apertura 2000 y Apertura 2003) y 5 internacionales (Copa Libertadores 2000, 2001 y 2003; Copas Internacontinentales 2000, contra Real Madrid, y 2003, contra Milan).
El Pelado, en River, ganó 7 títulos. 5 locales (Apertura 96, Clausura97, Apertura 97, Apertura 99 y Clausura 2002) y 2 internacionales (Copa Libertadores 96 y Supercopa 97).

Bianchi (6 con Vélez y 9 con Boca) y Díaz (siempre con River) se enfrentaron 15 veces (6 AFA, 2 Libertadores y 7 en el Verano), con 3 victorias de Ramón, 7 del Virrey y 5 empates:
- 6 veces por torneos de AFA, 1 victoria de Ramón, 2 de Bianchi y 3 empates.

Un destino exótico y lejano, Japón, los vio triunfar en circunstancias diferentes.
Al Pelado, de pantalones cortos, como futbolista del Yokohama Marinos, inaugurando con un gol (cómo no), la Japan Profesional League, allá por 1992.
Al Virrey, de sobretodo, como DT de Boca y de Vélez, acostumbrado a dar vueltas olímpicas por allí como quien camina por su barrio.

Además de ser campeón con Boca, Bianchi fue campeón con Vélez. Pero fracasó rotundamente en Roma, primero, y en Atlético de Madrid, después.
Además de ser campeón con River, Díaz fue campeón con San Lorenzo. Pero tuvo traspiés en el mismo San Lorenzo, en Independiente y también en el exterior, en América de México.
Sus experiencias como mánagers fueron frustrantes o efímeras: en Boca uno, en el Oxford inglés el otro.
Sus regresos a los clubes con los que más se identifican se hicieron esperar más por cuestiones personales que por razones profesionales.
El vínculo del Virrey con Mauricio Macri (y, transitivamente, con Angelici) nunca fue el mejor y el del Pelado con Daniel Passarella (devenido presidente) pasó de la amistad más profunda a los celos más grandes.
Las urgencias y la conveniencia los volvió a sentar a todos ellos en la misma mesa. Y allí van a jugar el juego que mejor juegan y que más les gusta.
Seguramente, querrán detectar nuevos talentos. En sus tiempos, el Virrey se animó a mandar a patear penales definitorios a dos chicos, como Ledesma y Alvarez, en un Monumental que era un hervidero, sólo con hinchas locales. Y el Pelado se arriesgó a hacer debutar a un chiquito de sólo 17 años, allá en Jujuy, ante la sorpresa y el estupor de muchos. Ahora es fácil decirlo, porque todos saben hasta donde llegó un tal Javier Saviola.
Seguramente, querrán recuperar jugadores que en su momento le rindieron, como el mismo Ledesma, que para Carlos fue un puntal y hoy está relegado, o como Acevedo, que a Ramón le respondió en San Lorenzo.
Y tal vez, por qué no, provoquen el regreso a sus clubes, en la función que sea, de ídolos que hoy están exiliados, como Juan Román Riquelme o Ariel Arnaldo Ortega, protegidos los dos de cada uno de ellos.
Al fin y al cabo, por personalidad y por circunstancia –aunque sean diferentes- los dos vuelven con más poder que el que tenían cuando se fueron. Los llamaron, los necesitan. Son la bala de plata, los salvadores. De los dos se esperará que lleven a sus equipos a una nueva vuelta olímpica. Bianchi, en Boca, Ramón Díaz en River. Si volvieron, fue para quedarse. Para siempre.



