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Cuando parecía que las aguas se habían aquietado por Nuñez, otra vez Ortega y sus recaídas. Otra vez y van dieciocho. Hasta el viernes a la noche parecía que todos había aprendido la lección. Ortega, sus compañeros, el cuerpo técnico, dirigentes, todos, menos "los amigos del campeón".
Astrada, tras la derrota con Banfield, en el arranque de este Clausura, recibió del Kaiser un mensaje alentador para su trabajo: "si tenés que tomar decisiones importantes, tomalas. Tenés toda nuestra banca". Clarito, se acababan los "apellidos pesados", las justificaciones y todo aquello que atentara contra las reglas de convivencia del grupo. Adentro o afuera de la cancha. Durante los partidos o en las prácticas. Vestidos de River o de civil. De día o de noche.
A partir del sábado a la mañana comenzó a escucharse, nuevamente, como en casos anteriores: "Lo que importa es la persona, del jugador ya habrá tiempo de encargarse". Muchos pensamos que era una declaración de rutina, más que en un mensaje contundente hacia el futbolista. Nos equivocamos. Ocurre que la decisión está tomada. En estas condiciones, Ariel Ortega no vuelve a ponerse la camiseta de River. El tan manoseado tratamiento, o se hace como se debe o no se hace y en este caso, el club queda al margen de las consecuencias. Traduciendo, cuando a través de especialistas de la salud tengan los dirigentes y el cuerpo técnico, la confirmación de una recuperación comprobada, recién ahí tendrá la oportunidad de reaparecer en una planilla, si es que Ariel acepta ese nuevo desafío.
Passarella, estando en su hora más difícil, operó sin anestesia, cuando respaldó al técnico al desafectar al Burrito de los concentrados para el encuentro frente a Central. Saben que en la medida que "los amigos del campeón", aquellos que a todo lo que haga Ortega, apelan al "Sí, Ariel. Sí, Ariel. Sí, Ariel", no desaparezcan de su lado, esta batalla estará perdida.
Hoy la institución no goza de buena salud, trata de reponerse de la gestión Aguilar, como lo graficó Passarella a la hora de asumir: "River está en coma 4". No se puede dar el lujo que lo extrafutbolístico lo saque del objetivo buscado: reacomodar al club desde lo económico y desde lo futbolístico. Ortega es un hijo dilecto del club y se lo quiere como tal. River le dice no, a lo que "los amigos del campeón" siempre le dicen sí, aunque esto provoque el enojo del jujeño y sienta que con él, se está cometiendo una injusticia.
El presidente quiere que la recuperación del club y la de Ariel vayan de la mano. Busca lo mejor para ambos, pagando el precio que sea. Por más que algún día los medios recuerden a Passarella, como "el responsable" de haber retirado del fútbol al último ídolo del club.
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