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Meses antes del Mundial, los ojos de admiración se posaban sobre España, la coral España de Luis De la Fuente, una suerte de Coco Basile en el arte de la audacia con licencias defensivas, maestro en el arte de administrar los egos. La España de Lamine Yamal: según la visión de los más atrevidos, el próximo Lionel Messi. Una Roja ganadora, altanera desde lo futbolero, con un apetito de gloria voraz.
Durante la cita (una maravilla de partidos, candidatos y figuras), España se convirtió en un equipo austero: cualquier tipo de adjetivo pasado parecía un exceso de mal gusto. Pasó la primera etapa (lo que no es poco, si se revisa su expediente) y recién en los 16avos de final mostró algunas de las brutales certezas del pasado. Toque, circulación, tres goles (debieron ser cinco, seis), 23 remates y 10 al arco. ¿Ahora sí? Al menos, eso parece: España se clasificó a los octavos de final de la Copa del Mundo, al superar esta tarde a Austria por 3 a 0, en un partido jugado en Los Ángeles. Y algo más: no le convirtieron goles.
El próximo rival será el ganador de la llave entre Portugal y Croacia.
Jugó para un 8, 9, en todas las líneas. Los laterales fueron el 4, el 3 e, inmediatamente, punteros. Porro y Cucurella trabajan y se divierten. Rodri fue el faro de toda la vida, Pedri asoma la cabeza. Baena es un crack silencioso y Oyarzabal, la revelación del Mundial. ¿Y Lamine? Ese es el punto central: el día que la rompa Yamal (por ahora, ráfagas demoledoras), España juega en otra liga.
Nunca está de más espiar en el espejo retrovisor. España quedó eliminada en los octavos de final (los primeros cruces directos) en dos de los últimos tres grandes torneos. En Rusia 2018 quedó fuera ante el anfitrión (1-1 y 4-3 en los penales), en el de Qatar 2022 frente a Marruecos (0-0 y 3-0 en los penales), ambas definiciones con cierto dramatismo. En Brasil 2014, la eliminación fue en la fase de grupos. Como vigente campeona, quedó fuera tras perder ante Países Bajos (1-5) y Chile (0-2), y solo logró una victoria intrascendente frente a Australia (3-0). Esa travesía marcó el final de su época dorada.
Pero la selección actual tiene motivos de sobra para sentirse optimista en este certamen. De La Fuente llevó a España a títulos de la Liga de Naciones en 2023 y la Eurocopa 2024. Sólo perdió dos de 46 partidos.
“A medida que pasan los días, confío más ciegamente en este equipo. Para mí son los mejores del mundo. Hay mucha igualdad en este campeonato. No está habiendo tantas sorpresas, aunque para otros sí... Sigo siendo realista, exigente, pero también más optimista", se presenta De la Fuente, el docente de 65 años a cargo de la Roja.
La situación más clara durante el primer tramo fue un zurdazo a la red de Cucurella, no cobrado por una infracción de Cubarsí sobre el arquero austríaco Alexander Schlager. Hubo otras, como un intento de Yamal (que además, tiró dos caños) y un zurdazo cruzado de Mikel Oyarzabal. En uno y otro caso, el gigante rubio volvió a ser decisivo.
Hasta que abrió el marcador con un zurdazo de primera el falso nueve de Real Sociedad, que suma 12 gritos en 10 partidos en España. Soportó críticas, creció en la adversidad y se convirtió en una inesperada referencia de área.
El gol fue una obra de la mejor España de los últimos años: pase de crack de Pedri hacia Cucurella sobre la izquierda. Y el viejo, inoxidable centro atrás. Y los primeros 45 acabaron con un tiro libre de salón de Alex Baena, crack con estirpe sudamericana de Atlético de Madrid. Era para 3-0, apenas convirtió uno...
“Es un Mundial histórico y atípico por muchas cuestiones. También por el descanso y la recuperación. Hay una cosa que a nosotros nos hace muy fuertes, y es que no ponemos excusas. Ni los jugadores ni el equipo técnico. El Mundial es así y somos afortunados de disfrutar de estos viajes. Poner excusas no vale”, sostiene el conductor, más allá del calor y las exageradas distancias.
El suspenso por el resultado acabó a 25 minutos del cierre, con un cabezazo de Pedro Porro, luego de un pase de Baena, hábil hasta con la precisión de un asistidor al centro del área. Yamal quería su gol: en la línea se lo quitó David Alaba, uno de los pocos con ganas de ganar en una Austria conformista.
Insiste el Míster: “Fue un grandísimo partido, casi la perfeccion. Pero hay que seguir mejorando, se puede mejorar claro, ser un poco más en cada sitio. Nuestra mentalidad siempre es mejorar, este equipo lo demanda, es la grandeza de estos jugadores, que siempre quieren más y más. ¿Oyarzabal? Demuestra el potencial que tiene, el reconocimiento que debería tener pero que hay que dárselo día a día, y el resto de sus compañeros igual, todos han hecho un gran partido".
Al final, Oyarzabal hizo otro, al capitalizar la mejor conexión roja de todo el Mundial, bajo el efecto Cucurella. Los centros del flamante número 3 de Real Madrid son dagas. España lastima por la banda izquierda y tira magia por todo el campo de juego. Bienvenida al Mundial: la estaban esperando con los brazos abiertos.




