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Los festejos por el Centenario de Independiente, que cumplió el 1° de enero último, siguen a lo largo del año; el 26 de marzo fue una multitudinaria caravana que recorrió Buenos Aires y que tuvo como parada final la sede de los Rojos, en Avellaneda. Y anoche, 35.000 personas participaron de una jornada inolvidable, a la que asistieron las viejas glorias del club, se recordaron los campeonatos obtenidos, se bautizó con el nombre de Libertadores de América al estadio y hubo, naturalmente, un partido con River como corolario.
Desde temprano las angostas calles del barrio de Avellaneda vestían diferentes. Era un lunes feriado, pero tuvo vida propia; se pareció a un domingo futbolero, con almuerzo familiar y todo. Y fue así. Aunque en esta oportunidad no existía un rival determinado sino que sólo se trató de un festejo único, multitudinario; el recuerdo de un siglo de vida, todos juntos, reunidos en el estadio, ese que hasta ayer se llamó la Doble Visera y que a partir de hoy será denominado como Libertadores de América.
El nuevo nombre de la cancha de Alsina y Cordero se decidió tras una votación, en la que participaron 13.956 hinchas. La otra alternativa era Ricardo Enrique Bochini, que perdió la pulseada por apenas 23 votos.
Pero si del Bocha se trata, él tuvo su homenaje aparte. Allí, en el túnel por donde los jugadores salen al campo de juego, apareció impecable el número diez de los Rojos. Con la camiseta oficial, short azul y botines, Bochini salió a la cancha, listo para jugar como si el tiempo hubiera retrocedido y estuviera en los años ochenta.
"Estoy feliz, muy contento. La gente se merece algo así. Independiente ganó todo lo que jugó a nivel internacional, por eso semejante convocatoria", dijo anoche el Bocha, emocionado ante una ruidosa ovación. Después, opinó acerca del nombre del estadio: "No se hizo una votación como se tenía que hacer, pero a mí me basta con el reconocimiento de la gente".
Unos minutos antes, se había inaugurado el monumento Ricardo Enrique Bochini, una estatua dorada que estaba como testigo a la vera del campo, bien cerca del alambrado.
Alrededor de las 19.30 el estadio quedó a oscuras. Sólo se escuchaban los cánticos de los hinchas, que insistían en cargar a su eterno rival, Racing, pero que también se acordaban de los ídolos. Por eso los aplausos no sólo fueron para Bochini y Sergio Agüero. También fueron para Rodolfo Micheli, Carlos Cecconato, Miguel Santoro, Lucas Pusineri, Gabriel Milito, entre otros.
Las luces de todos colores encandilaban hasta que comenzó el show: una murga con un diablo gigante imponía el ritmo mientras que en una pantalla gigante se recordaban todos los títulos logrados por Independiente y se observaban goles históricos, entre ellos el de Bochini a Juventus, de Italia, en la final de la Copa Intercontinental de 1973, y algunos otros como los de Gustavo López o Sebastián Rambert. Luego se asomaron las diablitas, pero esta vez vestidas de negro. Incomprensible, aunque de todas maneras las chicas se llevaron tantos elogios como las gambetas de Agüero.
Se aprovechó el momento para mostrar algunas escenas del documental del Centenario, que hizo el reconocido director de cine Adrían Caetano.
Faltaba poco para que comenzara el partido con River, la excusa ideal para un festejo con todas las luces. A un costado, con una alegría indisimulable, esperaba el presidente Julio Comparada. Bien cerca estaba el entrenador del equipo, Julio César Falcioni, que miraba asombrado al público.
Con camisetas doradas y rojas salió Independiente a la cancha. En las espaldas figuraban las fechas de cada uno de los títulos logrados. Salvo la de Agüero, que lucía un 100 reluciente. Así pasaron los festejos por cien años de vida futbolera, que trascendieron fronteras.



