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Pareciera que la Suruga Bank se hubiese jugado hace mucho tiempo y solo pasó un mes de la derrota de Independiente frente al Jubilo Iwata, en Japón. A partir de ese traspié comenzó a gestarse el plan G, por si los días de Antonio Mohamed en Avellaneda comenzaban a acortarse. Américo Rubén Gallego era el indicado para una hipotética sucesión. Así como se dice que no hay peor sordo que aquel que no quiere oír, en el Rojo no hay peor desmemoriado que aquel que no quiere recordar.
El 27 de setiembre del año pasado, cuando Daniel Garnero y Antonio Mohamed dejaban de ser técnicos de Independiente y Colón, respectivamente, en esta misma columna se publicó: "Cuando la olla a presión que era el club explotó, dejando en el camino a Daniel Garnero y al mismísimo César Luis Menotti, una nueva historia de venganza se comenzó a pergeñar en la cabeza de Américo Rubén Gallego". Todos sabían que Julio Comparada lo iba a buscar apenas el Dany se despidiese del plantel ante el periodismo. El encargado de comunicarle al Tolo que las puertas del club se abrían nuevamente para él fue Cristian Matera, secretario general. Habló con Claudio Curti, representante de Gallego, quien apenas terminada la reunión dijo que al otro día se volverían a juntar y que lo económico no era una traba para el regreso. El simpatizante recuperaba algo de la alegría perdida. El Tolo y su entorno ya tenían la respuesta y saboreaban el placer de la revancha. Ya la
familia le había dicho que recordara como en mayo lo habían sacado por la puerta de atrás. Ese mismo día podría haber cerrado con Colón de Santa Fe. Las condiciones eran más ventajosas de las que ofrecía Independiente, fundamentalmente en lo monetario. Les dijo no, al Sabalero y los Rojos. A uno le agradeció, los otros les pasó factura". Todos, incluído el presidente, confiaban que el Tolo ahora les diría que si, pero sabiendo que podrían encontrarse con una nueva negativa mandaron un emisario para que tantee al representante del técnico. La respuesta de Curti fue tan clara como contundente: "Que me llame Comparada". Nunca se dió ese llamado, porque no hubo señales de un posible interés por parte de el Tolo. Mucho menos una reunión.
En un año politizado por las elecciones, las derrotas en frente al Jubilo y al Inter, trajeron más problemas que alegrías. Ocurre que todos sumaban estas "dos potenciales victorias" para volver a ser el rey de copas, en esta lucha con Boca Juniors, por ser quien más títulos internacional tiene. Terminaron siendo puntos negativos para la carpeta de antecedentes de cara a los sufragios, sumado a la salida del Turco Mohamed envuelto en un escándalo con la barra brava del club. Las acusaciones de parte del entrenador saliente respecto a la relación de los dirigentes con la barra, aportaron más confusión al momento. Los directivos ya sabían, a esa altura de los acontecimientos, que Gallego era imposible que llegara para apagar los incendios, entre otras cosas.
Así como Ramón Díaz en River, Carlos Bianchi en Boca, Marcelo Bielsa en Newell' s, son entrenadores que no necesitan de encuestas entre los simpatizantes para dirigir en esos clubes, Gallego lo es en Independiente. Su enfrentamiento con JC no sabe de perdones. Aquella salida, impulsada por su referente César Luis Menotti y avalada por el presidente, dejó una herida que aún hoy no ha cicatrizado. Por eso cuando hace unos días atrás Comparada dijo, "no hay que tachar de la lista al Tolo", pocos le creyeron. Rápidamente el Secretario de la institución, Cristian Mattera, salió por los medios a decir: "Gallego no quiere dirigir en lo inmediato". Todos lo presumían.
Podrá seguir Cristian Díaz o llegar Ramón Díaz, Diego Cagna o Gerardo Martino. Nada de esto cambiará el sentimiento del Tolo hacia el simpatizante rojo, el del eterno cariño. Nada de esto cambiará el sentimiento del Tolo hacia Comparada, el del placer de la revancha.

