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Por Javier Saúl y Pablo Hacker
De la redacción de canchallena.com
Claudio Husaín se sienta en el medio de la mesa, como si aún se situara en la cancha como volante central. A sus costados, dos laterales lo apoyan y se unen en el mismo sueño. Por la izquierda, se proyecta Diego Placente, como lo hace en San Lorenzo; por la derecha, está Ariel Garcé, pese a que en Colón viene jugando como marcador central. No están en un campo de juego y sí hay luces bajas, música chill out y una pizza humeante delante de sus narices. Los tres se sienten como en casa: es que este grupo de amigos disfruta del restaurante Blonda, el emprendimiento propio ubicado en el corazón de las Cañitas, y que abrieron a fines de abril como un entretenimiento paralelo al fútbol y quizá en el futuro un nuevo medio de vida. "Sirve como descarga, te liberás de la tensión del deporte", coinciden, en una charla con canchallena.com.
En Blonda, las reglas son claras y el deporte de la pelota se convierte en un tema secundario. "Sebastián Lobo y Gonzalo Riveira, los otros socios, no tienen idea de fútbol. Una vez, Seba me pasó a buscar por la cancha, cuando jugaba en River, y me preguntó por qué había tanta gente. Había terminado el superclásico", cuenta el Chino . Husaín, de 35 años, que recientemente se retiró de la actividad, luego de vivir una breve experiencia en Audax Italiano, de Chile, de donde se fue después del terremoto ocurrido en Santiago en febrero último, Garcé (31) y Placente (33) son amigos desde hace diez años, cuando se conocieron en River. Apenas compartieron seis meses juntos en el plantel de los millonarios por entonces dirigido por Américo Gallego. Sin embargo, los lazos siguen frescos y, más desde abril, cuando estos tres hombres, que tuvieron el privilegio de haber disputado un Mundial, inauguraron el restaurante propio, que ahora los une en las cenas de domingo.
Lobo era dueño del viejo Blonda, situado en Ortega y Gasset y Arce, y que ya cerró, luego de 16 años. Los tres futbolistas cuentan que su amistad la forjaron en ese bar. Cuando Placente llegó a River, a fines de la década del ´90, conoció Blonda y a su dueño Sebastián Lobo. Al poco tiempo, fue Garcé quien se hizo asiduo de este local y, luego, Husaín. Cuando el Chino se marchó al fútbol mexicano, en 2003, tanto él como Placente se sumaron al bar como accionistas.
"Siempre me lo pedían y yo les decía que se dedicaran al fútbol, que más adelante podía ser. Cuando me entero que Garcé se iba al exterior (a México, en 2003), acepté para que siguiéramos ligados, se había formado un lindo vínculo", dice Lobo, quien cuenta que el viejo Blonda cerró a mediados del año pasado y, entonces, en un nuevo local, él, junto a los tres futbolistas y otro socio, se embarcaron en la aventura del restaurante. "Al enterarse, hubo ex compañeros que quisieron sumarse, pero el círculo se cierra acá", lanza una carcajada Husaín.
A los tres se los nota entusiasmados. "Siempre nos juntamos acá. Cuando estábamos afuera, extrañábamos esto. El proyecto en común es lo mejor para juntarse con amigos", señala Placente. "El plan en su momento fue de amistad. En el otro Blonda parábamos, nos conocimos, era como un psicólogo, especialmente cuando perdíamos. Aunque al margen de ser amigos, nos convenía cerrar el otro y decidimos abrir con una estructura más grande", dice Garcé. "Nos conocimos todos en River y el viejo Blonda nos fue nutriendo de todo esto. Para mí, que ya dejé el fútbol, fue un paso lindo, me mantiene ocupado y es muy satisfactorio, casi un sentimiento", explica Husaín, el más locuaz de los tres.
Cada uno tiene su lugar en la carta. "La pizza Mía es por mi hija. Es light: tiene muzzarella y rúcula", cuenta Placente. "El trago Turco es el famoso Bellini", acota Husaín, mientras interviene Garcé, con una queja: "No estoy de acuerdo con mi trago (llamado Cuento Chino), yo quería que pusieran mi nombre en la entrada o algo así", señala entre risas.
Mientras transcurre la nota, llega un amigo de la casa, Marcos Milinkovic, hombre del voleibol, que saluda a los tres y toma asiento. "Hay muchos deportistas, que venían al viejo boliche y ahora nos visitan acá", cuentan. Husaín, Garcé y Placente se mueven como si fuera su casa, una casa de dos pisos, con una barra completa y la cocina, desde donde se sienten los aromas de pastas, pizzas, ensaladas y carnes, supervisadas por Sebastián Tricarico, chef de Happening. El Turco habla por celular como una suerte de relaciones públicas. "Es el que más está metido en el día a día", coinciden todos. Garcé se acerca a la heladera para amenizar la espera de la inminente cena, mientras Placente charla con su mujer.
"Me gustaría que abriéramos otro restaurante en la playa para poder irme los meses de verano", proyecta Husaín. Por lo pronto, Sebastián Lobo pide calma: "Se están acomodando al oficio, es algo nuevo para ellos y todavía se dedican a otras cosas. Deben ir de a poco". Sin embargo, Placente también piensa a futuro: "Claro que lo veo como una salida laboral interesante para cuando me retire. Ojalá que esto prospere con los restaurantes que puedan venir". Los mosqueteros de la pizza, entre el pasado de amistad en River, el presente gastronómico y los negocios que puedan llegar.
El restaurante. Blonda está situado en Arguibel 2824, en el barrio de las Cañitas, a media cuadra de la calle Báez. La especialidad es la pizza a la parrilla y también se ofrecen pastas y carnes, entre otros platos, además de una completa barra. El precio promedio por persona es de 70 pesos.
Husaín y su adiós al fútbol. "El Turco", de 35 años, se retiró recientemente de la actividad, luego de vivir una breve experiencia en Audax Italiano, de Chile, de donde se fue después del terremoto ocurrido en Santiago, en febrero último. "Para mi fue horrible esa sensación. Me hizo ver que hay otras cosas", comenta. Claudio Husaín debutó en Vélez en 1992 y pasó por River, Napoli, Tigres de México, San Lorenzo y Newell’s. En 2002 fue parte de la selección argentina que participó del Mundial de Corea y Japón, donde compartió plantel con Diego Placente. "Para mí, que ya dejé el fútbol, Blonda me mantiene ocupado y es un paso lindo después del retiro", dice.



