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NARAHA-HIRONO (De nuestros enviados especiales).– Suele suceder. Lo que no consigue nadie –ni empresario, ni periodista, ni allegado– lo logró un hincha: Marquitos, uno de los líderes de La Pandilla, un grupo reconocible cada domingo en el centro de la tribuna popular de Vélez Sarsfield, llegó a pisar las baldosas lustrosas del lobby de entrada al J-Village. Cómo logró pasar por encima de los celosos custodios vestidos de verde pálido, que siempre tienen prestos sus antebrazos para cruzarlos en cruz delante de su cara, en señal de “no”, de “prohibido”, es un misterio todavía. Pero sucedió.
El cuerpo técnico no llegó ni a enterarse, lo cual les evitó un disgusto a Marcelo Bielsa y su gente, que no admiten el mínimo resquicio para que se filtren personajes de esta categoría. Alguien lo vio. Y, una vez alertados, los policías lo obligaron a salir, con la cortante amabilidad con que lo hacen con todos, con cualquiera. Aun cuando del pecho de este hombre colgara una supuesta credencial.
El jefe de la seguridad del seleccionado, José Pantano, negó que cualquier personaje de éstos se hubiera acercado al plantel. Y es probable, sí, que él no haya llegado a ver a Marquitos en su excursión por el campamento del seleccionado. Lo que es seguro es que aquí no hay, como sí sucedía en el campamento de L’Etrat, en Francia 98, carpas con barrabravas argentinos cerca de la concentración nacional. La existencia de hinchas peligrosos en Japón preocupa a las autoridades, a pesar de que hasta ahora solamente uno de estos personajes fue claramente identificado. La presencia de la bandera que identifica a la barra brava de Vélez (“La pandilla de Liniers”) y un muñeco del Hombre Araña con la camiseta de Chacarita, habitualmente manejado por caracterizados hinchas funebreros, encendieron el alerta. José María Aguilar, presidente de River y actualmente en la concentración del J-Village, habló del tema: “Yo no tengo constancia de que haya en Japón algún barrabrava argentino. Se me ocurre que sería muy difícil que alguno pudiese venir hasta acá, por la situación de nuestro país”.
Los antecedentes más cercanos indican que un Argentina-Inglaterra es un riesgo para la seguridad. Dentro o fuera del estadio. De allí que el operativo antiviolencia para el choque de mañana sea un tema tabú. Y de allí, también, que el rastreo de personajes peligrosos se haya vuelto un ítem central. También hay versiones que indican que al menos dos hinchas pesados de Boca estuvieron en las tribunas del estadio de Kashima, en Ibaraki, durante el partido debut ante Nigeria.
Invitados especialmente por la policía japonesa, para que colaboren con ellos, hace tres semanas que llegaron aquí 12 enviados de la Policía Federal argentina, encabezados por el comisario Alejandro Cano, justamente para identificarlos y bloquearlos. Algunos de estos agentes ya están ubicados en Sapporo, donde se jugará el clásico con Inglaterra. Y, según sus informes, oficialmente no han detectado a ningún barrabrava. Antes, habían estado en Ibaraki, para la cobertura del partido de la selección ante Nigeria: fueron felicitados por la policía local, por sus tareas de prevención, ya que no se registró incidente alguno en el partido debut. Pero lo que viene, como se sabe, es diferente: un Argentina v. Inglaterra es otra cosa. Y, evidentemente, la presencia de barrabravas argentinos en Japón, dispuestos a participar en este encuentro, preocupa y mucho.
