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La tensión que se instaló a la distancia no se alivió cuando Israel e Irlanda quedaron cara a cara en el campo de juego del Nagyerdei Stadion de Debrecen, Hungría, donde la selección hebrea hace de local por disposición de la UEFA, a causa del conflicto armado que mantiene con Gaza y el pueblo palestino. Durante la semana previa, el director técnico del conjunto británico, el islandés Heimir Hallgrimsson, se había referido en duros términos al rival de este domingo por la tercera categoría de la Nations League. “Estamos jugando contra el genocidio [de Israel]”, expresó el entrenador, que hizo de portavoz de la postura de la delegación sobre la represión que desató el gobierno de Benjamín Netanyahu tras el ataque sufrido por la organización terrorista de Hamas.
La respuesta de la Federación Israelí de Fútbol no se hizo esperar. En su cuenta en X, acusó a Hallgrimsson de “estúpido, ignorante e hipócrita”. Las consecuencias continuaron en los días previos al encuentro, con una votación en el plantel de Irlanda a los pedidos de boicot de diferentes sectores sociales de su país. Los jugadores decidieron afrontar el compromiso, ya que no presentarse les acarrearía la pérdida de los puntos, una posible expulsión de la competencia y afectaría la condición de Irlanda de coorganizador con Gran Bretaña de la Eurocopa 2028.
De todas maneras, entre los futbolistas hubo un caso extremo. El arquero suplente Gavin Bazunu (Bolton Wanderers) abandonó la concentración y dio una explicación en las redes sociales: “Representar a mi país significa todo para mí. Tengo el máximo respeto por cada uno de mis compañeros, el entrenador, su cuerpo técnico y el pueblo irlandés. Sin embargo, he tomado una decisión que no es a la ligera. Soy un hombre de profunda fe y me esfuerzo al máximo por ser una persona de carácter y principios; por lo tanto, siento que sería incorrecto participar en los próximos partidos contra Israel. Mi decisión se basa puramente en mi convicción personal de que matar a personas inocentes está mal. Es importante señalar que mi postura no es de oposición al pueblo israelí ni a la comunidad judía, sino en contra de las atrocidades en la región. Hay pocas ocasiones en la vida en las que se tiene la oportunidad de defender algo más grande, y creo firmemente que esta es una de ellas”.

Como la UEFA obliga a incluir tres arqueros en la planilla oficial del partido, el defensor Jimmy Dunne fue designado como guardavalla. Como otra medida de protesta, la Federación de Irlanda resolvió no vender entradas a sus hinchas; en el estadio húngaro no hubo más de 500 espectadores, todos de Israel. “Ha sido una de las semanas más difíciles para mí como entrenador y supongo que lo mismo ocurrió con la mayoría de los jugadores”, expresó Hallgrimsson minutos antes del cotejo.
La grieta se mantuvo desde el ingreso de las selecciones a la cancha. Durante la ceremonia de los himnos, los jugadores de Irlanda, tanto los titulares como los que estaban en el banco, bajaron las cabezas cuando por los altavoces se escuchó el tema patrio de Israel. Tras los himnos, no hubo el saludo de cortesía entre los dos equipos. Tampoco se estrecharon las manos ni se cruzaron miradas los capitanes Dara O’Shea y Manor Solomon.
Los jugadores de Irlanda salieron con un brazalete negro, en señal de luto por las víctimas palestinas. Jack Moylan, tras marcar el tercer gol, se señaló la cinta negra y besó el escudo de la Federación Irlandesa.

Este ambiente de rechazo y confrontación no se trasladó al partido en incidentes o acciones violentas. Irlanda resolvió rápido la victoria con tres goles en los primeros 25 minutos. Las debilidades defensivas de Israel fueron aprovechadas por los británicos.
Si bien se contabilizaron 28 foules (16 de Israel y 12 de Irlanda), no hubo juego brusco o desleal. El único roce involucró al irlandés Adam Idah y a Raz Shlomo, quienes forcejearon luego de una falta del israelí, que lo tomó desde atrás. Tras la infracción, se desafiaron con empujones y el árbitro amonestó a los dos. La restante tarjeta amarilla fue a un minuto del final, para el británico Coventry.
En el segundo tiempo, Irlanda administró la amplia ventaja, atacó menos, mientras que los intentos israelíes no tuvieron profundidad, salvo con un remate de media distancia. Tras el pitazo final, tampoco hubo saludos entre los dos equipos. Primero se retiró Irlanda al vestuario y unos minutos después lo hizo su rival. A la grieta le queda un segundo capítulo, el próximo domingo, cuando Irlanda reciba a Israel en Serbia, a puertas cerradas.


