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Si bien el mundo futbolero marcó como principal virtud el potencial ofensivo del seleccionado y, como defecto a corregir, la faceta defensiva, Alejandro Sabella siempre pensó en el juego como un todo. El recorte final de la lista tuvo que ver, en parte, con eso del análisis globalizado. Y en la búsqueda del equilibrio, el DT planifica pensando en que la Argentina sea un equipo con transiciones rápidas para atacar, pero también para defender. Lo que se sabe es que el seleccionado, a puro vértigo y desde los desequilibrios que pueden sumar entre Messi, Di María, Agüero e Higuaín, puede generar una situación de gol en pocos segundos y en tres o cuatro toques. Así, necesita futbolistas con características explosivas para respaldar los avances a la velocidad de los puntas, pero también para volver a la misma intensidad cuando la situación lo requiera. Por eso seguramente tomaron tanta importancia en Ezeiza Augusto Fernández y Enzo Pérez, en sus funciones de interiores, como alternativas. Por eso quizás haya quedado afuera Éver Banega, con características más de posesión, tenencia y elaboración pensada. Fernando Gago tiene marca y no es un jugador rápido desde la movilidad para sorprender en ataque, pero sí para dar ese primer pase de salida limpia para Messi o Di María. Gago no es veloz en ese sentido, pero sí desde sus decisiones y ejecuciones.
"En muchas ocasiones, la parte ofensiva tiene que ver con la defensiva y viceversa. Por ejemplo, le hicimos un gol a Suiza, otro a Brasil y dos a Chile quitando en campo contrario", explicó Sabella por agosto de 2012. Más acá en el tiempo, con el equipo ya clasificado para Brasil 2014 y en la previa del partido con Uruguay, en Montevideo, reconoció el trabajo "fantasma" de los atacantes, con una presión alta (ante la pérdida) y de retroceso (cuando es necesario) para que la Argentina marque en superioridad numérica a la altura del círculo central. Así venía Lavezzi de marcarle un gol a Perú, en el Monumental. Quizás ellos no son quienes recuperan en forma directa, pero van, presionan, ensucian los avances rivales. Deben aportar lo suyo.
Por eso habló mucho con los delanteros para que, más allá de lo que puedan inventar en el arco contrario, ellos respeten determinadas consignas vinculadas con el esfuerzo en recuperar la pelota ante la pérdida y al retroceso cuando esa primera instancia sea superada. Por eso no debería sorprender en el Mundial si Rodrigo Palacio (muy valorado en el cuerpo técnico por su sacrificio táctico y su versatilidad para desempeñar varios puestos) tenga una importancia superior a la que se proyecta en principio. "Cuando jugué en Inglaterra, tenía un técnico que repetía siempre los conceptos de actitud, determinación y concentración. Lo decía en todas las charlas y yo era irreverente. ¿Y al fútbol cuándo vamos a jugar?", pensaba. Y cuando llegué a Estudiantes lo entendí", sostuvo en la revista Animals, en 2013. Hoy lo plasma con sus dirigidos.
Todo esto en el contexto de que la Argentina comenzará jugando con el sistema 4-3-3, pero que puede ser variable –según la evolución del equipo– al 4-4-2 o el 5-3-2, otros dos esquemas valorados por el técnico.
El entrenador es quien resolverá en qué partidos puede emplear el recurso de la presión alta a partir de sus delanteros, pero lo tiene en su cabeza para generar transiciones rápidas en ambos sentidos. Augusto, Enzo Pérez, Maxi Rodríguez (desde su inteligencia táctica), Ricky Alvarez y Gago (desde el pase) para involucrarse y respaldar el ataque; y el mencionado Palacio, Di María, Agüero y hasta Lavezzi como eventuales mediocampistas por los costados (en caso que la situación así lo requiera) para defender. De esta forma el equipo respondería al análisis globalizado pretendido por Sabella.
